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Sector Financiero

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Adopción de stablecoins consolida el uso cotidiano por encima del trading

La adopción no es generalizada en todo el ecosistema cripto, ya que el uso diario se concentra en activos de valor estable mientras la volatilidad frena a otras criptomonedas.

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La adopción de stablecoins se está consolidando como uno de los desplazamientos más claros dentro del ecosistema cripto hacia 2026. Lejos de la narrativa dominante durante años, centrada en la especulación y el trading, su uso empieza a explicarse por problemas operativos muy concretos del sistema financiero tradicional, especialmente en contextos de pagos y transferencias entre países. Así lo plantea Andrés Fernández, miembro de la comunidad de Monero, al describir cómo estas monedas pasaron de ser una herramienta especializada a una solución práctica para usuarios que buscan previsibilidad y menor fricción. 

“Hace unos años hablábamos mucho de adopción de cripto… y las stablecoins parecían al principio casi como un producto muy específico para gente que hacía o trading o arbitraje”, dijo en entrevista Andrés Fernández.

El punto de inflexión, explicó, es que la demanda que empuja esa adopción no proviene de la expectativa de rendimientos, sino de las limitaciones estructurales del sistema financiero convencional. Restricciones legales, barreras jurisdiccionales y comisiones elevadas se vuelven visibles cuando el objetivo es mover dinero de forma cotidiana, no invertir. En ese terreno, las stablecoins ofrecen una alternativa funcional al reducir la incertidumbre y los costos en transacciones transfronterizas.

“Ganaron terreno los últimos años… lo cual es evidencia que en realidad el problema no era la especulación, sino las limitaciones legales o jurisdiccionales y las comisiones al mandar plata de un país a otro”, dijo Andrés Fernández.

Una stablecoin es un criptoactivo diseñado para mantener un valor estable, normalmente vinculado a una moneda fiduciaria, mediante mecanismos como reservas y/o reglas de emisión y redención, con el objetivo de reducir la volatilidad y facilitar usos como pagos, transferencias y resguardo temporal de valor.

Más sistemas de pago

Ese desplazamiento también revela una frontera. No se está produciendo una adopción masiva de las criptomonedas en general como medio de pago. El uso cotidiano se concentra en activos cuyo valor no fluctúa, mientras que la volatilidad sigue siendo un freno cuando la prioridad es pagar, cobrar o transferir sin asumir riesgos adicionales. La masificación, en este caso, no se reparte de manera uniforme en todo el ecosistema.

“La sorpresa fue que se adoptaran tanto las stablecoins y no ver una super adopción masiva de las criptomonedas en general como medio de pago”, dijo.

El contexto tecnológico refuerza esa lectura. Durante los últimos años, los sistemas de pago tradicionales se volvieron más accesibles y eficientes para el usuario final, más métodos digitales, mayor uso de códigos QR, tecnologías contactless y esquemas de transferencia bancaria directa en algunos países. Ese avance eleva el umbral de exigencia para cualquier alternativa cripto que aspire a integrarse en la vida cotidiana.

En este escenario, la adopción masiva no se activa por mejoras marginales. Fernández advirtió que cuando una solución ya “funciona suficientemente bien” para la mayoría, el incentivo para cambiar es bajo. La nueva alternativa debe ofrecer un salto de valor significativo para justificar el costo de modificar hábitos financieros, aprender nuevos sistemas y asumir riesgos percibidos.

“Cuando las cosas funcionan suficientemente bien para la mayoría, necesitás que la nueva alternativa sea 100 veces más buena”, dijo.

El comportamiento del mercado refuerza esa segmentación. Fernández observa que el último ciclo alcista en el mercado de las criptomonedas no detonó una entrada masiva del público general, sino que se mantuvo entre usuarios ya familiarizados con el ecosistema. La ausencia de ese entusiasmo transversal sugiere que la adopción que avanza hoy es más silenciosa y funcional, vinculada a necesidades concretas más que a euforia colectiva.

Hacia 2026, el panorama que describe es el de un ecosistema menos uniforme y más especializado. Las stablecoins se consolidan en el uso cotidiano por su utilidad operativa, mientras otros activos siguen rutas distintas, ligadas a inversión, ciclos de mercado o funciones específicas. La adopción masiva, en este contexto, deja de ser un concepto abstracto y se ancla en casos de uso donde el valor práctico es inmediato y verificable.

Monerotopia

En paralelo a esta discusión, Monerotopia funciona como una especie de “prueba de estrés” del uso cotidiano de cripto en el mundo real, no desde el gráfico de precios, sino desde la experiencia de pagar, cambiar y gastar. Fernández describe que el corazón del evento es el mercado, “la estrellita” para quienes asisten, porque durante cuatro días opera como un mercado común de la ciudad, pero con una regla práctica, los puestos aceptan Monero y están “instruidos y ayudados” para cobrarlo, lo que habilita transacciones persona a persona y también intercambios entre asistentes y comerciantes para convertir entre Monero y pesos según necesidades del día.

Esa lógica, usar un activo en un contexto de pago y transferencia, es el tipo de fricción y aprendizaje que explica por qué ciertos instrumentos (como las stablecoins) están ganando adopción por utilidad. La edición 2026 de Monerotopia se realizará del 12 al 15 de febrero en Huerto Roma Verde, en la Ciudad de México.

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