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Opinión

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Cuando vender también significa cuidar el planeta

Alfredo Duplan | Más allá del éxito

Durante muchos años, hablar de sostenibilidad en el retail sonaba a tema secundario, casi de relaciones públicas. Era ese apartado del reporte anual que se veía bien, pero que pocas veces tocaba el corazón del negocio. Hoy eso cambió. La sostenibilidad ya no es un lujo reputacional ni una idea romántica para marcas aspiracionales. Es una necesidad operativa, comercial y social. Y el retail, por su escala, su alcance y su impacto en el consumo diario, está en el centro de esa conversación.

A finales del siglo pasado, muchas empresas comenzaron a aceptar una realidad incómoda: crecer sin límites, producir más, vender más y mover más mercancía también significaba extraer más recursos, consumir más energía y generar más residuos. El retail, por definición, mueve millones de clientes y productos; por consecuencia, millones de desechos. Por eso fue una de las industrias que más rápido tuvo que entender que no podía seguir operando igual y esperar un resultado diferente. No era solo un tema de imagen. Era un tema de responsabilidad con las comunidades en donde operan.

Uno de los grandes referentes de esta transformación fue Patagonia. La compañía, vinculada desde su origen al montañismo, al senderismo y a los deportes en contacto directo con la naturaleza, entendió antes que muchos que existía una contradicción muy fuerte en su modelo. Su fundador, Yvon Chouinard, reconoció que incluso haciendo productos extraordinarios, durables y técnicamente superiores, su empresa seguía dañando al medio ambiente. Ahí surgió una idea poderosa: buscar la mejor calidad no siempre significa estar haciendo lo mejor para el planeta.

Durante décadas, la industria premió desempeño, costo, velocidad y estética. El impacto ambiental rara vez entraba con el mismo peso a la mesa de decisión. Chouinard comprendió que el reto real no era escoger entre negocio o naturaleza, sino construir una cultura que empujara a buscar lo mejor para ambas partes. También entendió algo que estas transformaciones no ocurren de un día para otro. Requieren metas ambiciosas, disciplina, paciencia y una enorme disposición a cambiar procesos completos.

Uno de los cambios más emblemáticos fue el impulso al algodón orgánico. Más allá del material en sí, lo importante fue el mensaje a toda la industria: sí se puede empujar una categoría completa hacia un nuevo estándar, aunque al principio parezca más costoso, más complejo o poco escalable. Patagonia mostró que una empresa podía atreverse a cambiar el rumbo si estaba dispuesta a sacrificar comodidad de corto plazo para construir consistencia de largo plazo.

Pero Patagonia también entendió otra verdad del retail moderno: ninguna empresa, por inspiradora que sea, puede cambiar sola un sistema tan grande. Ahí entra uno de los momentos más relevantes de esta historia. Yvon Chouinard impulsó conversaciones con líderes de negocios mucho más grandes que él, entre ellos Rob Walton (hijo del fundador de Walmart), para plantear que la sostenibilidad no debía verse únicamente como activismo o cultura corporativa, sino también como una manera de operar mejor. La lógica era poderosa: si el retailer más grande del mundo movía sus criterios de compra, podía provocar una ola de cambio gigantesca en proveedores, procesos y categorías completas.

Y ahí está una de las grandes lecciones del retail: el tamaño importa, y mucho. Cuando un gigante cambia, arrastra al ecosistema. Cuando un retailer exige reducción de empaques, mejores prácticas forestales, menos químicos agresivos o mayor eficiencia energética, no está moviendo una campaña; está moviendo cadenas de suministro enteras. Walmart entendió que la sostenibilidad también podía convertirse en una vía para mejorar la eficiencia del negocio. La presión hacia los proveedores empezó a traducirse en cambios concretos en varias categorías. 

Muchos de estos proveedores y retailers se subieron a estas iniciativas. Y pronto descubrieron que cuidar el medio ambiente no solo era correcto, también era buen negocio. Reducir empaque baja costos logísticos. Ahorrar energía mejora márgenes. Optimizar rutas reduce combustible.  La sostenibilidad dejó de verse solo como gasto y empezó a verse como productividad, resiliencia y ventaja competitiva.

Hoy, el debate ya no debería ser si una empresa puede darse el lujo de invertir en sostenibilidad. La verdadera pregunta es si puede darse el lujo de no hacerlo. El retail tiene una huella importante en el daño que se hace al medio ambiente, sí, pero también tiene una capacidad única para cambiar hábitos de consumo, redefinir estándares de producción e influir en millones de decisiones de compra cada semana. 

El cliente también está cambiando. Cada vez más personas observan qué compra una cadena, cómo empaca, qué promete, qué recicla, qué energía usa y qué causas respalda. No todos los consumidores actúan igual, pero la dirección es clara: la sostenibilidad pesa más que antes en la reputación y en la preferencia. 

Hasta dónde lo podremos llevar dependerá de qué tan en serio lo tome el retail. Si lo trata como moda, avanzará poco. Si lo convierte en estrategia, puede cambiar industrias completas. Y esa, justamente, es la oportunidad.

Esto es Más Allá del Éxito. ¡Nos leemos pronto!

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