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La tribuna grita gol: Galeano y Panzeri, académicos de la cancha

Cuando Eduardo Galeano tocó la pelota lo hizo con el amor del esposo joven. Cuando Dante Panzeri hizo lo propio fue con la poesía y rigor elegante del académico.

OpiniónEl Economista

Se nos empieza a acabar el Mundial. Al momento de escribir esto, la ansiedad me tiene hecha un giñapo/guiñapa/guiñape. México se enfrenta a Inglaterra en el partido más importante de la historia del futbol mexicano. Si nos ganan, bueno, todo normal. Ganamos, perdimos, igual nos divertimos.

Pero si ganamos, ¡si ganamos!

Si ganamos, futbol mexicano abrirá una nueva página de su historia emocional. Quizá solo el primer párrafo pero nueva página sin duda. Será que damos el estirón.

Estaba acabando de leer a Eduardo Galeano en las horas previas al juego contra Ecuador. Galeano: un tanto cursi, pero cursi de un modo entrañable, un cándido militante. Dicen que si uno no es izquierdista de joven es que no tiene corazón y como yo soy un ser sin alma, nunca leí La venas abiertas de América Latina en mi adolescencia. No es que tenga una gran curiosidad pero después de leer El fútbol a sol y sombra (Siglo XXI) quizá debería leer más a Galeano. Podría abonar a un renacimiento ideológico…

Y es que me parece que a Galeano hay que leerlo aunque sea para refutarlo. El fútbol a sol y sombra hay más un contador de cuentos que de un teórico regañón y para nada tuve ganas de pelearme con ese abuelo simpático. De hecho, Galeano me hizo pensar en mi padre. Aunque mi papá es más joven que el uruguayo, muchos de los jugadores, goles y partidos que aparecen en A sol y sombra ya me los había contado él. En algunos casos mi papá es mejor narrador, pero lo interesante de Galeano es que recoge con la fe del obseso casi cada detalle del futbol que le tocó ver desde su infancia hasta sus últimos años (Galeano murió el 2015; la reedición corregida y extendida más reciente de su libro apareció en 2014. El autor alcanzó a incluir el Mundial de Sudáfrica 2010 en esta última versión). Un hambre de gol que sólo tiene el mejor 9 del equipo.

A sol y sombra está conformado por episodios cortitos, algunos apenas viñetas, sobre momentos de la gran historia del futbol que acaban conformando la pequeña historia de amor de un fan. Con ese amor de Galeano nos lleva del nacimiento del futbol a su internacionalización de la mano (de los pies) de los migrantes ingleses y su éxito especial en Sudamérica. Galeano recupera el recuerdo infantil de un periodista argentino: unos adolescentes rubios jugando a la pelota en un baldío de Buenos Aires. Cuando el niño le pregunta a su padre quiénes eran esos, la respuesta es: “Locos ingleses”. La locura se pega en algunos casos extremos.

Galeano da un repaso por cada mundial pero también por partidos poco conocidos en lo que al autor le parece que se ha fundado un hito. Esos momentos pequeños nos los regala como quien cuenta un chismito sabroso. ¿Le creemos? Qué importa, que nos cuente más.

Esos capítulos son los más divertidos, los que dan cuenta de esas leyendas casi incomprobables. Como la de esa maldición que un aficionado brasileño le lanzó al Vasco da Gama en 1937. Un fanático devenido en brujo enterró un sapo de mal agüero en los campos del Vasco invocando a poderes con los que no se debe jugar. Doce años de sequía quería imponer el maldiciente al Vasco en venganza de alguna humillación en la cancha. Once años después, al fin el equipo salió campeón. “Dios nos dio un descuento”, dice Galeano que dijo el presidente del club.

Otro ejemplo: el nacimiento de la chilena, que es histórico pero en la pluma de Galeano roza lo mitológico. Dice el autor que la chilena la inventó un jugador chileno, Ramón Unzaga, en el puerto chileno de Talcahuano. ¿Cómo sabe eso, cómo afirmar que esa cabriola tiene padre y lugar de nacimiento, incluso nacionalidad? Galeano se extiende en lo que sí es un dato histórico: un jugador del club chileno Colo-Colo se la recetó a un equipo español en una gira por Europa. Los comentaristas llamaron entonces “chilena” a esa acrobacia que cuando termina en gol hay que levantarse y salirse del estadio. No merece menor homenaje.

En los episodios que recogen cada uno de los mundiales da Galeano su versión del momento: quién nacía, qué guerra se encontraba en curso, qué estaban echando a perder los yanquis y por qué al comunismo (y luego a Fidel Castro) nomás no lo podían tumbar. En esas breves líneas Galeano hace lo que se puede considerar un manifiesto de intenciones, una lista de principios. El libro es sobre todo una fiesta pero también es un código político.

Hay héroes y villanos. Están los jugadores con piernas destrozadas cuyo único deseo era jugar y acabaron reventados por los excesos. Están también los empresarios, siempre desgraciados, que explotaron a esos pobres niños de potrero que supieron jugar pero no defenderse de la maldad del negrero. Para Galeano todo se jodió cuando entró el dinero. Y cuando los mundiales nacieron como celebración política, modo de lavar la cara a los regímenes, entonces sí se megajodió el juego. Tuvo razón Galeano en muchas cosas. La FIFA lo está demostrando torneo tras torneo.

Así como Eduardo Galeano da una clase de historia y (de cierta) moral en El fútbol a sol y sombra, el periodista argentino Dante Panzeri propone una revisión teórica del juego. Atenti, que el profesor Panzeri viene a dar lecciones de filosofía en la cancha de la Bombonera.

Fútbol, dinámica de lo impensado (de la editorial española Capitán Swing, dicho sea de paso, qué gran nombre para una editorial) fue publicado originalmente en 1967. Panzeri ya era leyenda por aquellos años. Hoy sus palabras son citadas por toda una generación de reporteros, analistas y relatores (que equivalen a nuestros narradores en México) americanos y europeos. No he terminado de leer Dinámica de lo impensado, es una lectura rica y compleja que hay que paladear. Cada página me parece preciosa. Hay un reconocimiento de la épica del juego pero también de la técnica serena y ordenada que hace al juego ser. Ya no se trata de salir como lobos a la caza del gol, también hay que pensar jugadas, de tejer un juego al mismo tiempo lindo y capaz.

Como Galeano, Panzeri celebra el vértigo del juego en los pies de los niños pobres del barrio. Así como el futbol llegó a Argentina gracias a jóvenes ingleses más o menos aristocráticos, el juego se hizo arte gracias a los cara sucia que convirtieron un mero toque con el pie en hechizo.

Panzeri se va como hilo explicando cada detalle del juego de un modo al mismo tiempo cerebral y asequible. No sé quién sería el equivalente mexicano a Panzeri. Un pensador tan incisivo sobre el arte de pasar un balón no hay en México, no pasamos de los libros anecdóticos muy divertidos y emotivos pero nada de teoría. Al menos no están esos libros en las mesas de las librerías mexicanas.

Estamos a horas de que se pite el juego. No sé si la selección mexicana avance más. Me muero de nervios, ¿podrán los muchachos de nuestra defensa todavía virgen detener a Harry Kane? ¿Saldrá inspirado nuestro ataque? ¿Jugarán a nuestro favor la Sargenta Altitud, el Capitán Tormenta y, sobre todo, el Generalísimo Azteca? Soy escéptica, pero mi incredulidad no juega hoy. Juegan ellos y yo me uno a su impulso. Venga, es momento de fe.

Que ganemos.

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