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Sombras en el cielo
Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes
El viernes pasado, la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA) emitió un NOTAM (Aviso) dirigido a operadores civiles de ese país, para advertir sobre riesgos potenciales asociados a “actividad militar en curso y eventos de interferencia GNSS” en amplias porciones del espacio aéreo del norte del continente americano y el Pacífico oriental.
La advertencia cubre las regiones de México (MMFR), Centroamérica (MHTG), Panamá (MPZL), Bogotá (SKED), Guayaquil (SEFG), la región oceánica de Mazatlán (MMFO) y un área no asignada del Pacífico oriental. Esta advertencia, se dice, tendrá vigencia de 60 días.
Desde una perspectiva de seguridad operacional, el fondo del aviso es técnicamente relevante. La FAA reconoce interferencias intermitentes del GNSS —jamming y spoofing, es decir, posibles interferencias maliciosas— capaces de degradar la navegación basada en performance (RNP), generar alertas y afectar sistemas dependientes y enlaces de datos. La propia autoridad admite que “los efectos pueden persistir más allá del área de interferencia, lo que podría comprometer fases críticas del vuelo, no sólo en crucero”.
En un entorno donde la eficiencia y la separación reducida descansan crecientemente en navegación satelital, estas degradaciones elevan la carga de trabajo de tripulaciones y controladores, y obligan a recurrir a procedimientos alternos.
El contexto regional refuerza la cautela. Tanto la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA) como la Federación Internacional de Asociaciones de Pilotos de Línea Aérea (IFALPA) alertaron a sus agremiados sobre la irrupción de estos eventos en las zonas que fueron señaladas, y recomendaron reportes inmediatos a tránsito aéreo y reportes a las áreas de seguridad de sus empresas.
Hay que decir que, en México, aun tenemos mucha infraestructura alterna que puede ayudar a disminuir el riesgo, pero las directrices para los pilotos son claras: comunicarse con los servicios de tránsito aéreo y reportar cualquier incidencia. Esto permitirá determinar qué tan grave o no es la interferencia.
Sin embargo, lo más importante aquí es que estamos en un entorno cada día más complicado a nivel internacional. Estas maniobras militares de las que da cuenta el NOTAM son sombras en el cielo frente a un mundo donde las polarizaciones han incrementado la incertidumbre y la tensión.
Por ello, es importante que los gobiernos tomen ciertas iniciativas. En el caso que nos ocupa, el NOTAM de la FAA debió darse coordinada y simultáneamente con un NOTAM emitido por la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC). Sin embargo, la respuesta de México llegó tiempo después, lo que al menos muestra una asimetría informativa.
En seguridad aérea, la percepción también cuenta: tripulaciones y despachos requieren mensajes consistentes y sincronizados para tomar decisiones homogéneas.
En este clima, el arribo de un C-130J Super Hercules de la Fuerza Aérea de EU al Aeropuerto Internacional de Toluca -explicado oficialmente pero con retraso también, como vuelo autorizado con fines de capacitación o logística- adquirió una carga simbólica adicional.
Aunque no existe evidencia de irregularidad ni vínculo directo con los NOTAM, el episodio evidencia la alta sensibilidad política y operacional del momento: cualquier movimiento militar visible amplifica la narrativa de riesgo si no se acompaña de transparencia y coordinación.
En regiones compartidas, los avisos de seguridad deberían emitirse de forma coordinada y simultánea entre autoridades, con protocolos comunes de reporte, mitigación y comunicación a operadores y controladores.