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Opinión

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El robot que puede quitarnos el ‘nearshoring’

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

¿Es posible que estemos celebrando de más? Cantamos como éxito las crecientes exportaciones. Tal vez demasiado.

Hay una conclusión cómoda: somos potencia manufacturera, somos destino del nearshoring, somos la puerta natural de Estados Unidos. Cierto, pero incompleto.

Porque México exporta mucho. El problema es cuánto valor se queda aquí y qué tipo de empleo genera ese valor.

Esa pregunta apareció esta semana en París, durante una gira de Coparmex con organismos empresariales, tecnológicos y multilaterales de Europa.

Hubo reuniones con MEDEF International, BusinessEurope, especialistas de inteligencia artificial de la OCDE y autoridades vinculadas a la formación dual.

La gira promete inversión, comercio, IA, talento y MiPyMEs. Suena correcto, pero detrás de esas palabras aparece una advertencia más dura: la manufactura mexicana entra a una etapa riesgosa, y no por falta de tratados, tampoco por ubicación ni por falta de fábricas. Por falta de talento sofisticado.

México se acostumbró a presentarse como país manufacturero. Y lo es.

Millones de personas trabajan en ensamble, empaque, soldadura, pintura, inspección, carga, descarga y armado. Son empleos necesarios, pero muchos son repetitivos, manuales y de bajo valor agregado.

Justo ahí entran los robots. Aunque la historia no es tan simple como decir que una máquina llega y un trabajador sale.

Un experto como Rogelio Soto lo ve desde dentro de las plantas. Su lectura es que el crecimiento de las exportaciones manufactureras sin un aumento equivalente del empleo refleja, antes que nada, mayor productividad industrial.

El director general de PRODENSA, empresa especializada en recursos humanos, manufactura y energía, dice que la automatización, la digitalización, la manufactura avanzada y una mayor participación de productos de alto valor agregado permiten producir y exportar más con plantillas relativamente estables o menores.

No es sólo sustitución masiva de trabajadores por robots. Es una transformación del tipo de talento que demanda la industria. Ese matiz importa.

Hoy México ya exporta servidores utilizados para data centers globales con valores de entre 200 mil y hasta 900 mil dólares por pieza, y eso cambia la medición tradicional.

Les he hablado aquí de una parte de la manufactura de chips que Amazon prueba en Guadalajara.

Una planta puede exportar mucho más en dólares sin contratar proporcionalmente más gente, porque cada unidad vale mucho más que una pieza convencional.

Ahí está el nuevo tablero: no sólo importan las toneladas, los contenedores o los camiones que cruzan la frontera. Importa el valor por trabajador.

Algunas fuentes me hablan de importaciones mexicanas crecientes de robots industriales que suman ya unos 200 millones de dólares anuales.

Los principales proveedores fueron Japón, China, Estados Unidos, Corea del Sur y Alemania. Nuevo León, Chihuahua, Querétaro, San Luis Potosí y Jalisco concentraron las mayores compras. Es decir, los robots no llegan a un laboratorio futurista, sino al corazón industrial del país.

La señal es clara: la manufactura mexicana se mueve, pero no necesariamente hacia más empleo tradicional. La amenaza no es que México deje de manufacturar, sino que manufacturar barato deje de ser suficiente.

China instaló 295 mil robots industriales en 2024, más de la mitad de todos los robots instalados en fábricas del mundo ese año. China ya no sólo compite con mano de obra, escala y subsidios. Compite con automatización propia.

México, mientras tanto, todavía discute si la educación debe acercarse más a la empresa.

La delegación mexicana en Francia tocó el nervio correcto: formación dual, educación superior, inteligencia artificial y MiPyMEs. Líderes empresariales advierten que el Modelo Mexicano de Formación Dual ha beneficiado a más de 14 mil 500 jóvenes. Bien, pero frente al tamaño del reto, eso todavía parece una prueba piloto.

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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