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Pobre México, con bajo crecimiento y un sistema educativo sin calidad
Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico
El más reciente reporte de Bank of America sobre la economía mexicana, dentro de su serie Emerging Insight, titulado “Mexico’s growth problem – and the path forward” (El problema del crecimiento de México y el camino a seguir, en español), expone de manera diáfana el problema del crecimiento de la economía mexicana, sobre todo cuando se compara la evolución que ha tenido el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de diversas naciones, en los últimos 20 años.
Para empezar, conforme a los datos que presentan los analistas del banco estadounidense en el reporte señalado, hay que decir que entre 2004 y 2024, el PIB per cápita de México creció en forma acumulada solo 9.5 por ciento. Mientras tanto, en el mismo lapso, el PIB per cápita de China creció 319.5 por ciento; el de Vietnam, 165.9 por ciento; el de Polonia, 116.5 por ciento; el de Costa Rica, 76 por ciento; el de Corea del Sur, 74.4 por ciento; el de Chile, 51.2 por ciento; el de Brasil, 31.8 por ciento; y el de EUA, 29.9 por ciento.
Aquí ya lo hemos mencionado en otras ocasiones, pero también lo han advertido diversos analistas, de la misma forma que lo hacen los economistas de Bank of America, que apuntan a que el problema del bajo crecimiento de la economía mexicana se explica en buena medida por la baja productividad de los factores.
Por ejemplo, muestran que mientras que la productividad en México cayó en 22 por ciento entre 1990 y 2024, en el mismo período, la de Polonia se incrementó en 41 por ciento y la de Corea del Sur en 37 por ciento. De hecho, entre 2018 y 2024, la productividad en México cayó 6 por ciento, pero la observada en EUA se incrementó en 4 por ciento, es decir, se generó una brecha adicional de 10 puntos porcentuales entre la productividad resultante en nuestro país frente a la de nuestro vecino del norte.
Para darle la vuelta a este problema sistemático de baja productividad, el reporte de Bank of America menciona que se requiere una agenda integral de largo plazo que se enfoque en mejores habilidades, empresas más dinámicas, mejor infraestructura, mayor velocidad en la adopción de tecnología e instituciones más fuertes. Menudo desafío, sobre todo con todo lo que ha desmantelado la 4T.
Hacerle frente al problema de la baja productividad requiere que el país invierta en capital humano, lo que se logra con un mejor sistema educativo que brinde a los estudiantes mejores herramientas para ser capaces de continuar de manera permanente la adquisición de conocimientos, así como para tener una mejor capacidad analítica. Para ello, se requiere un sistema educativo de calidad, que privilegie también la capacitación continua de los docentes.
Lamentablemente, la reversión de la Reforma Educativa de 2013 que llevó a cabo el expresidente López Obrador, para regresar al escenario en el que se privilegia el clientelismo político de los maestros, a través del SNTE y la CNTE, puso una pesada losa sobre cualquier plan que quiera llevar a cabo el gobierno de México, cualquiera que sea su ideología, para incrementar de manera significativa la dotación de capital humano en nuestro país.
Mientras no se resuelva con determinación el desafío educativo de México, no habrá Plan México que funcione y que haga que la economía mexicana escale posiciones y se ubique como la décima más grande en 2030, como es el objetivo de la presidenta Sheinbaum. Ni que decir de las aspiraciones para reducir aún más la pobreza en nuestro país. Por eso estamos condenados a crecer poco y ver cómo otros países que antes estaban más rezagados que México, no solo ya nos rebasaron, sino que siguen creciendo a un mayor ritmo que el nuestro. Hay que ver con detenimiento el caso de Polonia, porque ellos han tenido muy buenos resultados, no solo en crecimiento del PIB per cápita, también en el del salario promedio de la economía y la distribución de la riqueza, donde si bien es desigual, lo es menos que en el caso de México.
El problema de México exige compromiso de todos, pero sobre todo que el gobierno deje de mirar con nostalgia al pasado echeverrista y lopezportillista.
*El autor es economista.