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México ante sus residuos, el diagnóstico de un cambio impostergable
Opinión
El 19 de mayo de 2026 presentamos en la Semarnat el Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos 2026. Este documento, el cuarto en su tipo, refleja una realidad que debemos mirar con honestidad: el modelo lineal en el que aún vivimos ha llegado a su límite. El diagnóstico deja claro que la gestión de residuos no es un tema aislado, sino que se ha convertido en un indicador clave del desarrollo sustentable.
Las cifras que revela este estudio son contundentes. En materia de Residuos Sólidos Urbanos, generamos casi 140,000 toneladas diarias; más de 1 kilogramo en promedio por persona. Además, de todo lo que desechamos, sólo el 77% es recolectado, debido a que los sistemas municipales se encuentran, en su gran mayoría, rebasados. Este dato evidencia rezagos estructurales profundos, que se traducen en un problema de justicia social y de igualdad; los municipios con menos recursos son los más afectados en esta crisis.
El panorama es más complicado si analizamos los sitios en los que termina toda esa basura. De los 2,250 vertederos que se tienen registrados, sólo 52 clasifican como rellenos sanitarios, de acuerdo con la norma oficial mexicana; los demás, son tiraderos a cielo abierto, cuyo manejo resulta urgente atender. Estos espacios son susceptibles de incendiarse y de liberar contaminantes tóxicos al suelo y a los cuerpos de agua, un desafío serio para la salud y la naturaleza.
En cuanto a los Residuos de Manejo Especial, el panorama muestra un importante potencial en México. Se generan más de 340 millones de toneladas anuales de esta categoría, casi siete veces más que los anteriores. Estos son atribución de los gobiernos estatales, y, de acuerdo con el diagnóstico, representan un segmento estratégico por su volumen, diversidad y potencial de valoración.
Dentro de esta clasificación, los residuos del sector agropecuario, pesquero y forestal concentran prácticamente el 89% del total. No obstante, el resto proviene de otros sectores relevantes como la industria automotriz, el tratamiento de aguas residuales y los residuos de la construcción, los cuales pueden reintegrarse como insumos importantes en otras cadenas productivas.
Igual de relevante y urgente es la situación de los Residuos Peligrosos. En esta última categoría, cuya responsabilidad recae en la federación, persiste un subregistro y deficiencias que reflejan debilidades institucionales. En este sentido, no hay margen para el error: se trata de riesgos directos para la salud pública. Sin embargo, artículos y materiales como las baterías, los solventes o los aceites gastados, suelen mezclarse con los residuos urbanos y quedar a cargo de los sistemas de recolección.
En general y con este contexto, es indispensable subrayar la corresponsabilidad tanto del sector privado como de la sociedad en su conjunto. Cada nueva inversión, cada proyecto productivo, debe considerar seriamente el manejo de los residuos que genera. A la par, cada persona y cada hogar debemos construir una cultura de separación y consumo responsable. No podemos perder de vista que no puede haber prosperidad en un país ambientalmente degradado.
El mensaje es claro: ni los recursos son infinitos ni el territorio un vertedero inagotable. En este contexto, la propuesta de construir una “República Basura Cero” implica un cambio profundo e impostergable. En un contexto global cada vez más incierto, avanzar hacia modelos de economía circular es necesario para fortalecer nuestras cadenas productivas, generar empleos y mejorar la calidad de nuestro entorno natural.
México se encuentra hoy en un punto de inflexión. Podemos optar por seguir acumulando rezagos o, por el contrario, asumir la transformación de nuestras formas de producir y consumir. Todos tenemos una responsabilidad. No basta con saber cuánto generamos; debemos cuestionarnos cómo lo gestionamos. Al final, los residuos no desaparecen, sólo cambian de lugar. La forma en que decidamos aprovecharlos determinará, en buena medida, el futuro que queremos tener.
*La autora es secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales.