Lectura 4:00 min
Mexicanos, pónganse a jalar
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Quien haya vivido en el norte de México entenderá rápido la connotación de la frase: “ponte a jalar, güey”.
En Monterrey y las ciudades cercanas, jalar significa laborar, hacer; y sí, en la Ciudad de México escucharán alguna vez una convocatoria similar: “a trabajar”, que por la infrecuencia e impersonalidad del verbo, la verdad, más bien da hueva.
Allá es de todos los días y suele surgir en buena lid.
Ayer escribí sobre oportunidades de inversión que saltan a la vista en México ante tanto ajuste global y recibí comentarios al respecto cuyas bases me parecen insostenibles. Aprovechar las oportunidades no es exclusivo de los poderosos.
Vamos al punto: me entristece, como a muchos más, el impacto que la guerra tiene en la vida de las personas. De verdad es lamentable que la gente, de todos los bandos, continúe aplicando la violencia como solución.
Pero, mientras no encabecen ustedes una verdadera lucha pacífica y de impacto social que aluda a la que practicó Mahatma Gandhi, están más bien escupiendo desde su smartphone, haciendo clic en botones, esperando ilusoriamente que con eso llegue una mejora.
Por eso me molesta la actitud de muchos paisanos que, ante las oportunidades reales que hoy abre el mercado, me dicen: “eso debe verlo el gobierno”, “eso deben verlo los empresarios”.
Pues sí, chiquito, deberían verlo y actuar. Pero unos, en muchos casos, son incompetentes desde hace años, y los otros, en diversas ocasiones, son multimillonarios cuidando sus concesiones. Así que pueden esperar sentados.
Aunque no nos guste a los chilangos, reconozcamos que Monterrey prosperó con base en el trabajo. Digo prosperó, en pasado, porque los de hoy siguen viviendo de la gloria de sus padres y abuelos, fundadores de grandes empresas como Vitro, Cemex o Femsa.
La nueva generación parece estar ocupada en el “insta”, a juzgar por la falta de nuevas corporaciones. Es a ellos y a ustedes a quienes les digo: pónganse a jalar.
Ayer expuse aquí mismo las oportunidades existentes hoy en el negocio de la refinación. Pero no en la que defendió el presidente Andrés Manuel López Obrador.
La necesaria es más sofisticada: petroquímica y refinación de minerales y tierras raras.
Hoy las grandes potencias luchan por el control y la extracción de los recursos, pero hay un cuello de botella entre el pozo o las minas y los consumidores de plásticos y electrónicos como ustedes o como yo. Eso es la refinación: sofisticada y urgida de inversiones.
Es solo una vía de oportunidades entre otras que percibo en un mundo revuelto.
Me contestan que sí, pero no. Que solo los ricos pueden entrar en esos negocios.
Es entonces cuando me acuerdo de Iván Sandrea y de Miguel Galuccio. Uno, venezolano; el otro, argentino. Ambos vinieron sin dinero, pero conscientes de las enormes oportunidades que se abrieron. Armaron el proyecto, recogieron un montón de capital en México y bye.
Aportaron un montón de trabajo. El dinero fue el fruto que cosecharon.
Iván Sandrea estructuró Sierra Oil & Gas en el momento en que surgieron las polémicas rondas de licitación derivadas de la reforma energética de 2013.
Reunió a la gente, hizo el papeleo, atrajo el capital de BlackRock y ganó el primer concurso para producir crudo en México, que luego capitalizó con la venta del proyecto.
Un acuerdo con la alemana DEA Deutsche Erdoel brindó unos 500 millones de dólares a cambio de la compañía. Sandrea cerró así un negocio financiero.
Miguel Galuccio es un argentino que dirigió YPF y, cuando dejó el cargo, vino a México en 2017 a levantar capital en la Bolsa Mexicana de Valores mediante el primero de los únicos dos SPAC registrados en el país. Levantó unos 650 millones de dólares que, a la postre, utilizó para activar el yacimiento de gas natural en Vaca Muerta, en su país, en beneficio propio y de los accionistas que aportaron el dinero.
Vaya. Suele ocurrir que se requiere cierto talento para estos asuntos. Informarse es clave, entrenarse es necesario, pero trabajar hasta la noche resulta indispensable.
¿Quién dice que un ejecutivo mexicano no puede levantar capital para una refinería de tierras raras en Sonora? Pónganse a jalar.