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La luz de un oscuro Nigromante
El 23 de junio de 1818 nació en San Miguel el Grande, (hoy San Miguel de Allende, Guanajuato) Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, mejor conocido como Ignacio Ramírez. Notable escritor, conocido en su época como "El Nigromante" llegó al mundo cuando nuestra nación atravesaba por una de las etapas más sangrientas de represión contra los insurgentes.
En menos de diez años, la familia de Ignacio Ramírez había visto la inauguración del Congreso Constituyente, la firma del Plan de Iguala, el triunfo del Ejército Trigarante, a Iturbide proclamándose emperador y abdicando después. Su padre, don Lino Ramírez, de origen tarasco, con el tiempo llegaría a ser vicegobernador del estado de Querétaro y miembro importante del Partido Liberal Federalista. Su madre, doña Sinforosa Calzada, sería señalada por permitir que en su casa se fabricaran perdigones y pólvora y por esconder en su salón de costura armas, dinero y a notables perseguidos.
Ramírez, lector querido, describió su infancia así: “La pasé con sarampión, viruela, sustos, regaños, misas, escuela. Yo era un niño que se divertía, jugaba con todas las muchachas a las escondidillas; y en vez de escuchar explicaciones sobre cosas que nunca he entendido, me escapaba de la escuela para vagar por el campo a la orilla de ese arroyo que los queretanos llaman río”.
En 1934 su padre enfrentó al poder clerical y a las sublevaciones del Partido Centralista en San Juan del Río y se vio obligado a renunciar. Tras una violenta persecución, toda la familia se trasladó a la Ciudad de México. Fue allí donde el joven Ignacio se puso a estudiar seriamente y entró al prestigioso Colegio de San Gregorio. Primero, siguió el curso de artes, después se matriculó en el Colegio de Abogados de la Universidad Pontificia. Allí se reveló como alumno perseverante pero también como feroz autodidacta. Cuentan que era un obsesivo visitante de bibliotecas y resultaba muy común encontrarlo, por ejemplo, en la del Convento de San Francisco, donde solía solicitar volúmenes para estudiar toda materia, desde las ciencias naturales hasta las bellas letras. Su sorprendente caudal de conocimientos acabó granjeándole el mote de “Voltaire mexicano”, cuando apenas tenía 16 años. Ignacio Manuel Altamirano, muy cercano a él, describe aquellas visitas “a veces como un vía crucis”, otras, como una gloriosa travesía y comentó las peripecias de su amigo así: “después de haber entrado a esas bibliotecas guido y esbelto, salía de ellas ligeramente encorvado y enfermo, pero erudito y sabio, eminentemente sabio”.
Ramírez, formaría parte del grupo de los integrantes de la Academia de San Juan de Letrán y como muchos de ellos, iniciaría su vida literaria realizando una constante labor periodística. Primero, como escritor y después como inventor y creador de varias publicaciones. Tal vez la más notable el periódico Don Simplicio, editado por Vicente García Torres, y donde colaborarían figuras como Guillermo Prieto y Manuel Payno. Con adecuada jiribilla declaró que tal publicación pretendía ser “la mirada de los simples”, pertenecer “a la proscrita clase de los trabajadores” y proponía “ser mexicano ante todo””. Fue en aquel diario donde se presentó al público con el pseudónimo que lo haría famoso, al escribir lo siguiente:
"Y un oscuro Nigromante / que hará por artes del diablo/que coman en un establo/ Sancho, Rucio y Rocinante con el Caballero andante".
Escribe Ignacio Manuel Altamirano que cuando Ignacio Ramírez entró a la Academia de San Juan de Letrán tuvo que dar su discurso de ingreso ante notables académicos, y que, al finalizar, “aquellas cabezas cubiertas de canas y de lauros se levantaron con asombro, fijándose todas las miradas con avidez en el joven orador,” que acababa de lanzar en aquel santuario de la sabiduría, un pensamiento aterrador que sacudía el imaginario de las buenas creencias y la religión católica. Y es que la tesis de El Nigromante versaba sobre este principio: “No hay Dios; los seres de la Naturaleza se sostienen por sí mismos”
Después de aquello le llamaron de todo, se santiguaron en su presencia y muchos se apartaron de su compañía. Sin embargo, su espíritu liberal, el haber sido voraz lector y autor de una enorme cantidad de textos, provocó que se dijera usaba la sabiduría como el fuego de una antorcha y que sus palabras eran como un hechizo que mágicamente aclaraba todo y lo ensuciaba después. Con la magia negra de sus palabras.
Por supuesto, Don Simplicio fue clausurado, pero Rampirez perseveró en su lucha contra los conservadores y se convirtió en uno de los artífices más importantes del Estado laico mexicano.
Años más tarde, en una carta dirigida a Ignacio Manuel Altamirano, el Nigromante volvería sobre el tema y escribiría:
"Yo quise ¡Oh Dios!, contemplarte/ Y en mi corazón te vi;/ Si tu imagen no está aquí / No existe en ninguna parte. / Cuán mutilado en el arte/ de los teólogos te veo/ Solo llena mi deseo/ la sabia naturaleza/ reflejo de tu grandeza: porque te siento te creo".
Feroz opositor de la invasión estadounidense, detractor de la dictadura de Santa Anna y maestro de maestros entró y salió de prisión muchas veces. Murió de un infarto en 1879. Sin embargo, todos los que sucumbieron a los hechizos de su pluma, atesoran sus libros. Leyéndolos, mágicamente comprenden nuestro pasado y presente.