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Opinión

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El empleo formal como política social urgente

Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero

La pobreza en México no es un fenómeno aislado ni coyuntural, es el resultado de una estructura laboral que condena a millones de trabajadores a la informalidad. Según el CONEVAL, en 2024 36.3% de la población vivía en pobreza y 7.1% en pobreza extrema, lo que equivale a más de 46 millones de personas. Estas cifras son un recordatorio brutal de que México está fallando en el objetivo de reducir la pobreza y la generación de empleo formal.

El discurso oficial suele celebrar incrementos marginales en el número de afiliados al IMSS, pero la realidad es que el país necesita entre 1 y 1.1 millones de empleos formales cada año para absorber el crecimiento de la Población Económicamente Activa. En lo que va de 2026 apenas se han creado 201,605 empleos netos, y en mayo se perdieron casi 30 mil plazas formales, atribuidas a la estacionalidad agropecuaria y a la cancelación de un registro patronal fraudulento.

Aunque el IMSS insiste en que, sin este efecto extraordinario, la trayectoria sería positiva, lo cierto es que el ritmo de generación de empleo es insuficiente y la brecha estructural se amplía. La encuesta mensual de Banxico, entre economistas del sector privado, estima que este año se crearán solo 305,000 nuevos empleos formales, cifra inferior a la proyección previa de 332,000. El ajuste responde a un pronóstico de crecimiento económico de apenas 1.1% del PIB, reflejo de un entorno marcado por inseguridad, baja inversión y menor dinamismo en sectores clave.

El contraste entre formalidad e informalidad es devastador. El empleo formal ofrece salarios más altos (datos del IMSS indican que el salario base de cotización alcanzó 671.3 pesos diarios en mayo, el mayor en la historia) y acceso a salud, vivienda y pensiones. En cambio, la informalidad, que afecta a 54.8% de los trabajadores, condena a millones a la precariedad y limita el consumo interno. La informalidad no es un colchón social, como algunos funcionarios sugieren; es una trampa que perpetúa la desigualdad y debilita la productividad nacional.

Los sectores que más empleo generan son los servicios (44.7% del total de ocupados), el comercio (19.4%) y la manufactura (16.3%). La construcción y el transporte también han mostrado incrementos recientes. Sin embargo, gran parte de estos empleos son indirectos o informales, lo que significa que millones de trabajadores carecen de prestaciones y estabilidad. La paradoja de estas cifras es que los sectores que sostienen la economía mexicana son los mismos que concentran la mayor precariedad laboral.

La política pública ha sido insuficiente y en muchos casos contradictoria. Los incentivos fiscales para PYMES son limitados, los programas de capacitación como Jóvenes Construyendo el Futuro no logran absorber a los jóvenes en empleos formales y la fiscalización apenas comienza a combatir prácticas fraudulentas como el outsourcing simulado. Mientras tanto, la inseguridad y la baja inversión privada frenan la creación de empleo. El gobierno parece más preocupado por maquillar cifras que por enfrentar el problema de fondo.

México no puede seguir celebrando cifras marginales de empleo formal cuando la pobreza afecta a más de un tercio de su población. La informalidad no es un fenómeno cultural ni una elección voluntaria de los trabajadores; es el resultado de un Estado que no ha logrado construir un marco institucional que premie la formalidad y castigue la evasión. La falta de empleos formales es, en realidad, una política pública fallida.

¿Qué hacer en este contexto de bajo crecimiento? La respuesta pasa por un pacto nacional por el empleo formal. Se requiere inversión pública en infraestructura que detone empleos directos y dinamice sectores relacionados. Es urgente apoyar a las PYMES con financiamiento real y simplificación administrativa, pues son ellas las que concentran la mayor capacidad de contratación.

La diversificación económica hacia sectores de alto valor agregado como energías limpias, manufactura avanzada y servicios digitales es indispensable para crear empleos de calidad. Y la fiscalización debe ser implacable contra empresas fachada que simulan nóminas para evadir cuotas.

La colaboración internacional también es clave. Organismos como la OIT y el Banco Mundial han insistido en que la formalización laboral es la vía más efectiva para reducir la desigualdad. México debe escuchar estas recomendaciones y asumir que la generación de empleo formal es la política social más poderosa contra la pobreza, más efectiva que cualquier programa asistencial.

Considero que México necesita un pacto nacional por el empleo formal. Sin él, la pobreza seguirá siendo el rostro cotidiano de millones de familias. Con él, el país puede transformar su riqueza potencial en prosperidad real, elevando la calidad de vida de cada trabajador y asegurando un futuro más justo y equitativo. El reto es enorme, convertir el empleo formal en la verdadera llave contra la pobreza.

Economista y analista de economía y finanzas. Consultor de personas físicas y morales. Docente nivel superior, conferencista. Miembro del Consejo Asesor de UVM-Coyoacán. Editor de Vínculo Económico, canal digital. Comentarista en radio y televisión y colaborador en revistas especializadas del sector financiero.

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