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Los desafíos de un país a la deriva
Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
El camino al paraíso comienza en el infierno. Dante Alighieri
Subimos demasiadas cuestas en el increíble desgaste de las ideas, esos conceptos poco claros, que no especifican ni traen instrucciones, sobre todo incrementados después de una pandemia que al parecer dejó pocas lecciones a pesar de los millones de muertes en el mundo, por la ignorancia o la falta de los conocimientos básicos para esa reacción, a un alto en el camino que aún no dimensionamos.
Somos materia que consume inteligencia, y lejos de la quietud de una lectura cómoda, de creernos que todo lo que escuchamos es verdad, o en ese simplismo puritano de alzar la mano para asentir la estocada casi inmediata del poderoso, legisladores locales y federales en el país deambulan en ese espacio reducido a sus “dietas” y la comodidad de tres años que pasan muchas veces de madrugada, sin darse cuenta.
Quienes asumimos riesgos de pensar diferente, de criticar con argumentos y datos ciertos, en ese enjambre de fatalidades que nos deslizan hacia barrancos, en una ladera poco visible, donde la comunicación se cuestiona entre interrogantes y respuestas en la incertidumbre, nuestro país es sin duda alguna un paraíso de oportunidades.
Nos desarrollamos y crecemos de acuerdo a las potenciales herramientas de la educación básica, que se acompaña en el hogar, en las familias que interactúan a la hora de la comida o en las noches, cuando el día de las tareas ha concluido, o el trabajo diario lo hemos finiquitado de manera favorable, que nos brinda espacios de paz la vida rutinaria.
Complejo el día de ayer en la reflexión, después de una gran charla, en el intercambio de experiencias, donde no nos guardamos nada, afirmamos que la educación particular o privada no puede dejarse en solitario entre quien estudia y quien enseña, con ese rigor que debe darse en el seguimiento de los profesionales que se forman.
No deben ser los alumnos un número o una matrícula, estamos a tiempo de tomar riesgos y decisiones, porque efectivamente hay que seguir el hilo conductor de una juventud que no es la que se conformó en las décadas pasadas, teníamos otras alternativas y eran rigurosos los horarios para todo y el respeto a tus superiores, siendo familia o no.
Efectivamente somos un país rico en materia prima, millones de niños en edad de aprender y emprender sus gustos, con sus fortalezas, que deben ir descubriendo en el saber del conocimiento en las aulas, por ello la formación debe venir acompañada de valores, y hoy mismo tenemos al enemigo frente a nosotros, un país poderoso como los Estados Unidos, que utiliza la mano de obra y el talento de quienes expulsamos sin razón de este México que no debe confrontarse hacia el interior.
La obligación es compartida a lo largo de la historia, cuestionados hacia el exterior por las manifestaciones de quienes deben ser ejemplo, pero las inconformidades se dejaron de atender, como se han dejado en la orfandad a miles de estudiantes que lejos de ser rescatados por la sabiduría del convencimiento, de mirar sus futuros a la corta edad alcanzada, estamos en ese desgaste de ir contra corriente.
Seamos parte de otros momentos, donde la quietud y la calma nos atrape confesados, con la realidad que se retrata en ese espejo diario, de un provenir que los adultos mayores deben tener claro, con la firmeza de los compromisos asumidos y la bondad de las segundas oportunidades asumidas de ida y vuelta.
Porque la educación es formación, es la base o estructura del ser humano, es la certeza de un mañana sin falsos triunfalismos, con bases sólidas de ejemplos, lecturas de todo en ese abanico de gustos entre la geografía y la astronomía, la filosofía o la sociología, con el poder de las definiciones individuales de hacia dónde ir siempre.
Siempre hay otros
Nosotros no jugamos futbol hoy, somos simples espectadores de un espectáculo que les reditúa enormes ganancias a quienes forman parte de la organización del mundial, cuestionado el actual por las pausas comerciales, que no de hidratación, ese fue el pretexto casi perfecto. México puede perder o ganar, quedarse antes del sexto partido, porque no está diseñada la táctica para ser campeones, solo competidores. Abusados.