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¿Por qué están ‘baratos’ los hoteles en pleno Mundial?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Dicen algunos amigos que está muy caro hospedarse en la Ciudad de México durante los días del Mundial. Yo solo veo precios habituales… en pesos.
Una noche de hotel fechada para el 10 de junio cuesta 1,400 pesos, de acuerdo con una rápida búsqueda en internet. Hay algo raro, pues luce como una tarifa ordinaria y la habitación se ubica a unas cuadras del Ángel de la Independencia, en donde la gente celebrará eventualmente una victoria de la Selección Mexicana de futbol esa tarde.
Es el día de la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA en la ciudad sede, y yo podría dormir en el Camino Real del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por 2,600 pesos, unos 150 dólares.
Una cosa es que digamos que no hay “fiebre mundialista”; otra es que lo demuestren los precios. ¿Se puso caro el futbol o es que la gente no quiere venir a México? ¿Por qué no están llenos los hoteles?
El exclusivo Intercontinental, en San Pedro, Nuevo León, me ofrece habitaciones por debajo de los 7 mil pesos por noche en ese municipio conurbado de Monterrey. Para el tipo de inmueble, luce como una tarifa habitual. En otro extremo, en el Barrio Antiguo de esa ciudad quedan habitaciones por debajo de los mil pesos para la noche del 14 de junio, cuando celebrarán en esa capital norteña un encuentro mundialista.
Esas tarifas explican una razón: no ha llegado una demanda fuera de lo común.
Conozco a varios personajes dedicados a promover hoteles en Cancún y en el resto de la península de Yucatán, y me dicen que el asunto se repite en sus ciudades caribeñas.
No importa lo que nosotros queramos que ellos vean: los locales advierten que los turistas internacionales leen muchas noticias que les quitan la idea de viajar a destinos mexicanos.
En el caótico Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México hay una luz de esperanza.
Las cifras de visitantes suben ligeramente este año, aunque ese comportamiento es distinto a lo que muestra el resto del país.
Los aeropuertos bajo el control de OMA, que incluyen el de Monterrey, muestran datos con caídas en el número de personas que reciben. Lo mismo ocurre con los que están administrados por Asur, principalmente en el sureste nacional.
Los hoteles, en general, reciben menos gente. Las cifras de la Secretaría de Turismo exhiben bajas ligeras tanto en ciudades como en destinos de playa. De 1.3 y 1.15 por ciento son las caídas para cada caso.
Los hoteles, restaurantes y otros negocios relacionados con el turismo no ofrecen los mejores salarios en el país, pero su relevancia económica está clara. Aportan casi el 10 por ciento de la actividad económica nacional y un número similar de empleos. Eso es más que lo que podría decirse de Pemex.
¿Por qué no viene más gente? No encuentro estudios profundos útiles para dar una respuesta. Permitan mis deducciones. El “superpeso” puede explicar una parte del rechazo a viajar al país.
En euros, cada peso está 20 por ciento más caro que en el Mundial pasado, en Catar. En dólares, el valor de la moneda nacional subió aún más respecto a 2022.
La economía en las regiones de origen de esas monedas no ha detonado de una manera que permita a sus habitantes ignorar los impactos de un ascenso así en el tipo de cambio.
Luego están asuntos como las noticias relacionadas con el crimen organizado y el arribo del sargazo al Caribe, que llegan a muchas pantallas vía redes sociales. México es una potencia turística. Asumir que no hay riesgos que cambien esa circunstancia sería un error grave de cálculo.
Si el Mundial de la FIFA no deriva en cifras que se aproximen a las expectativas de los hoteleros, habrá que admitir que el sector enfrenta problemas graves y urge una estrategia fuerte en consecuencia. Ojalá que esta no sea indispensable.