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Y allí, en las alturas, vio algo terrible
Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Volver la memoria, como si viera su propia soledad; que giraba y giraba… Yasunari Kawabata
A veces, de vez en cuando y hasta en ciertos momentos, de esa exigencia a la existencia que se edifica día a día, van de la mano lo bello y lo triste, las razones de los pensamientos en la vagancia, que se estacionan en la primavera recién terminada, agotando los tiempos suspendidos en la memoria, en el insomne perpetuo.
Vamos con un par de juventudes admirando los inicios, mirar no es suficiente, algo más tendría que sonar, reflejarse en esos horizontes alternos de la quietud y las pausas que no llegan a ser treguas, es ahí donde siempre habita la esperanza, donde el perdón es una palabra en la vagancia.
Las banquetas como mudos testigos, un lugar al que no visitábamos desde hace muchos años, la pandemia nos quitó tantos sitios en el pasado, cambios y más cambios, la transformación que se convierte en realidad, y esa charla donde confluyen amigos entrañables en común.
Siempre la razón la tienen los que han vivido más, pero con los pies bien plantados en tierra firme, se observa mejor desde las alturas y la ciudad de México está más allá de los dos mil metros, y desde hace casi veinte años y contando, vamos pensando y realizando quizá lo impensado, en las experiencias de quienes confluyen, concurren y hasta de vez en cuando realizan una llamada, con aviso previo.
Lo que no podemos permitirnos es intentar adivinar, plantear escenarios por intuición, renuncias por oídas de pasillos en esa rutina que arruina los tiempos idos, volver la memoria a la llegada de un aterrizaje nada forzado, en los giros propios de las preguntas sin respuesta.
Hay puentes que dicen o aseguran los que saben un poco más, no deben cruzarse, historias que no pueden contarse, porque la familia implica respeto y no vanidad, ansiedades contenidas en las recientes dos semanas, disciplina como motor de la pasión de hacer mejor las cosas.
Se nos vienen como cascadas las ocurrencias que, si veremos, leeremos y además haremos con prontitud esa crítica necesaria, para ubicarnos en el ahora y no en junio del año próximo, cuando se consuman una vez más, los espacios donde se alza solo la mano y se vota a favor de lo predecible, sin modificaciones los puntos y las comas mal puestas.
Desde la Suprema Corte hasta la defendible transparencia de los datos que exigimos tener, de lo que hace y se deja de hacer, hasta la numeraría que llevamos a cuestas cada semana en materia de seguridad, ¿deberán acaso pasar por el filtro de las audiencias?
Hay seres humanos que nos marcan y otros que nos enmarcan, porque vaya que existe la fotografía fija de los momentos únicos en las oportunidades expuestas, ahí también hay áreas de ese simplismo que recorre las noches de insomnio.
El periodismo campechano por ejemplo debe reconocerse a sí mismo, en las faltas de respeto del actual gobierno de ese apellido que lastimó el pasado y hace lo propio hoy con innumerables yerros y funestas definiciones de fuereños pegados a la ubre presupuestal.
Se abren más rápido las grietas de las salvedades, escuchar a un exsecretario de gobierno serio y comprometido con el poder y sus haberes y deberes, pero también con un periodista de la vieja guardia, de esos que se arrumban hasta seis años, porque la oscuridad nubla a la pequeñez de los arribistas.
Será un invierno frio en Campeche y otros dieciséis estados, más otros quince donde los congresos locales y alcaldías estarán en disputa, caídos y eliminados de listas previas, será el manjar de algunos y las derrotas de otros tantos, que juegan a sobrevivir sin distinción de colores o fobias.
ENTRE LÍNEAS
Viene y va llegando la información de un examen presencial, porque quizá la imaginación no alcanza a divisar la modernidad y la confianza en transparentar las asignaciones directas en contratos y concurrencia de esa lastimosa corrupción que desafortunadamente continúa galopando en algunos sitios de respeto en antaño como la UNAM. ¿caerá el rector? Es pregunta seria.