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¿Qué hacemos con los pobres?
El principal problema del país sigue siendo la falta de oportunidades y la pobreza que enfrenta el 50% de la población. Si bien la pobreza ha sido una preocupación permanente del Estado mexicano, las estrategias para reducirla no han dado resultados.
Un año después de mi incorporación en 1975 al sector público, tuve la oportunidad de desarrollar el programa “Conasupo-Coplamar” para garantizar a las comunidades más marginadas los productos básicos a precios justos y para lograrlo instalamos tiendas en más de 14,000 localidades marginadas. Saco esto a colación, porque en ese tiempo la política para reducir la pobreza se centraba principalmente en abrir oportunidades a la población marginada más que en programas sociales para subsidiarla.
Todavía en el gobierno de Salinas la prioridad para combatir la pobreza era promover el desarrollo de infraestructura en las comunidades a través del programa de Solidaridad y no fue hasta el sexenio de Zedillo en que se dio un vuelco a la estrategia y se establecieron apoyos sociales directos a las familias para subsidiar a los pobres.
Los apoyos sociales directos son necesarios para subsidiar a las familias que viven en pobreza, pero no logran sacar a la gente de la pobreza porque los ingresos de las familias no lo permiten y porque no tienen acceso a educación, salud, vivienda, transporte y servicios públicos de calidad.
En nuestro país, el problema de la pobreza no es la falta de empleo como en otros países, sino los salarios insuficientes que pagan las empresas y el gobierno. Somos uno de los países en donde la parte que corresponde al Trabajo del Ingreso Nacional es de los más bajos del mundo, 40%, mientras en EU y Europa es del 65%, por contra, el Capital recibe en nuestro país el 60% del Ingreso Nacional, mientras en los países desarrollados es del 35 por ciento. Las empresas en México reciben rendimientos muy por encima del resto del mundo a costa de los ingresos de los trabajadores.
A partir del gobierno de Miguel de la Madrid se decidió sacrificar el salario para atraer inversión privada nacional y extranjera y no fue hasta este sexenio que se estableció una política de recuperación del salario mínimo. Esta política ha dado resultado en el sector formal, pero ha promovido la informalidad de las empresas y el empleo, el salario mínimo sin embargo, sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades básicas de una familia.
La prioridad del próximo gobierno, gane quien gane, debe ser eliminar la desigualdad de oportunidades y sacar a la gente de la pobreza. La localización estratégica de nuestro país en la economía y el mercado mundial permite llevar cabo una política de recuperación del salario mínimo y de formalizar la economía sin perder competitividad.
Para garantizar un piso parejo y eliminar la pobreza, tenemos que:
- Continuar aumentando el salario mínimo en forma acelerada para que en seis años sea suficiente para sacar a la gente de la pobreza.
- Integrar la economía y el empleo informal a la formalidad a través de incentivos y apoyos a las Pymes para que sus trabajadores reciban el salario mínimo y tengan acceso a la seguridad social.
- Aumentar, a través de una reforma fiscal, los ingresos públicos 1% del PIB anualmente para que el gobierno cuente con los recursos necesarios para garantizar a toda la población igualdad de oportunidades en educación, salud, vivienda digna, transporte, servicios públicos y medio ambiente.