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Opinión

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Los imponderables de la salida del TLCAN

Han sacado la calculadora para demostrar que, efectivamente, el daño a las exportaciones existe pero es marginal.

Hasta ahora en esta ola que se ha desatado de funcionarios, empresarios y analistas que han iniciado el control de daños por la eventual salida de México de la mesa de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) han recargado sus argumentos en los números del comercio exterior.

El cálculo corre entre los niveles arancelarios que permite la Organización Mundial de Comercio, contra los montos que se negocian en el marco del acuerdo norteamericano. Han sacado la calculadora para demostrar que, efectivamente, el daño a las exportaciones existe pero es marginal.

Algunos insisten en la vieja y desgastada idea de abrir otros mercados para colocar las exportaciones mexicanas. Los más aventados quieren que pongamos la mirada en China.

Ya escuchamos las advertencias desde el gobierno federal que si Estados Unidos decide salirse del TLCAN, que ni piensen en la colaboración bilateral en materias como la seguridad o la migración. Desde el momento en que el gobierno de Donald Trump forzó una renegociación del TLCAN, México advirtió a ese país que un acuerdo incluía a todos.

Es verdad que si viene la ruptura el impacto financiero será mayúsculo, con todo y devaluación del peso. Pero también es cierto que una vez que el mercado asimile la realidad del rompimiento y pondere los efectos reales en materia comercial y financiera vendrá una relativa estabilidad. Ayudará a las cuentas comerciales esa misma devaluación.

Es también un hecho que no es México el que busca la separación, estamos ante la actitud arrogante e irreductible de los que repiten el mensaje de Trump de sacar una ventaja alevosa de sus socios. Y eso no va a pasar.

Ahora, en el balance de riesgos, en el análisis del costo de oportunidad de que sea México quien abandone las pláticas esta misma semana hay que sumar algunos factores que no se miden en tasas arancelarias o en dólares de la balanza comercial.

Un rompimiento con Estados Unidos dejaría sin fondo la marca NAFTA, por más que México y Canadá continuaran con algún acuerdo de libre comercio. El valor de la marca es indispensable para la colocación de productos en otros países, sobre todo en el propio territorio estadounidense.

Es un aval ser socios de la economía más importante del mundo, eso es innegable.

Otro daño incuantificable es mantener cierta enemistad con Estados Unidos por suspender la cooperación en otras materias como la seguridad, la migración, el narcotráfico y demás. Donald Trump es perfectamente capaz de desplegar a su ejército en la frontera común argumentando amenazas a la seguridad nacional y no habría acuerdo bilateral que lo impidiera.

El daño a la imagen y a la estabilidad propia del país sería muy alto y el flujo comercial que otorga la vecindad y las reglas comerciales mundiales se podrían ver interrumpidas por medidas arbitrarias so pretexto de la homeland securty.

Si la apuesta es a mantener la puerta abierta al restablecimiento de una buena relación hasta que se vayan los radicales de la Casa Blanca, el peligro es que una acción de ese tamaño realmente acabe por abrir de par en par las puertas de los más radicales y rupturistas de nuestra propia casa.

Aquellos que con el discurso del odio que conocemos se cuelen al poder y materialicen una auténtica debacle económica regional.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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