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Las mujeres rurales, evaluación e instrumentos de atención (I)
En México, según datos del Inegi, hay 49.7 millones de personas ocupadas en el país en el 2014; de ellas, 21% proviene del medio rural mexicano (localidades con menos de 2,500 habitantes) y de las cuales 67% realiza actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas, de caza y pesca.
No obstante, las zonas rurales concentran la quinta parte de la población trabajadora, este sector contribuye únicamente con 3% al Producto Interno Bruto, lo que denota una situación de baja productividad en las actividades llevadas a cabo por los hombres y mujeres de ese medio.
Sin embargo, la participación de hombres y mujeres en la vida económica y social de sus localidades se da en condiciones distintas. El papel de las mujeres en la vida productiva del medio rural es el motivo del presente escrito, que adicionalmente retoma algunas recomendaciones de política pública y evaluación emitidas por organismos internacionales con el objetivo de potenciar la inclusión de este género en la economía, lo que se traduce en desarrollo nacional y mejoramiento en el nivel de vida.
Por información del Inegi se sabe que hay 13.1 millones de mujeres en las localidades rurales, cifra que representa 11.6% de la población nacional; de éstas, 8.5 millones están en situación de pobreza y 3 millones en pobreza extrema. De las mujeres rurales de 15 y más años de edad, 15% no cuenta con instrucción educativa y los niveles de primaria y secundaria concentran 69% de ellas. Con respecto a su participación laboral, se tiene que de 18.6 millones de mujeres ocupadas en la nación, más de 3 millones se ubican en el medio rural y una cuarta parte de éstas llevan a cabo actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas, de caza y pesca (Inegi, 2014).
Como se puede observar, la participación de las mujeres en las actividades primarias es baja al igual que su nivel educativo y de vida, lo cual tiene diversas razones, entre las que se encuentra la diversidad de actividades que atienden, ya que la división del trabajo actual les asigna además de las actividades económicas que se traducen en ingresos familiares, la producción de alimentos; las tareas domésticas; el cuidado de la familia; el trabajo comunitario, entro otros (comúnmente no remunerados).
Similar rol juegan las condiciones laborales prevalecientes, pues son poco favorables para el crecimiento personal dada la informalidad de empleo, el tamaño corto de las jornadas laborales, carencia de prestaciones e incluso de ingreso. Sobre el último aspecto, el Inegi ha identificado que en la actualidad 17.8% de las mujeres trabajadores del medio rural no recibe ingresos y únicamente 2% recibe más de cinco salarios mínimos mensuales.
La situación descrita genera la necesidad de políticas públicas que se materialicen en más y mejores instrumentos de incentivo para este grupo poblacional y les brinden mayor acceso a bienes productivos, servicios de asistencia y capacitación, financiamiento, entre otros que brinden soporte a las iniciativas de desarrollo de las mujeres, tema que será tratado en la edición siguiente.
Xóchitl Gil Camacho es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.