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Las limitaciones de los estímulos fiscales
La semana pasada el presidente Barack Obama anunció una ronda de estímulos fiscales adicionales que incluyen un programa de 50,000 millones de dólares para inversión en infraestructura (carreteras, puentes, túneles, aeropuertos, ferrocarriles, etcétera). El plan de Obama también incluye una serie de incentivos fiscales temporales para la inversión, el gasto en investigación y desarrollo, y subsidios fiscales para la clase media. La propuesta permitirá a las empresas acreditar hasta 100% de sus inversiones en nuevas plantas y equipos contra el pago de impuestos, lo cual estima equivale a un estímulo de 200,000 millones de dólares.
El objetivo de dichos estímulos es dar un aliento adicional a la recuperación económica que comenzó a finales del 2009 y que viene en franca desaceleración. El discurso de Obama se enfocó en las fuentes de empleo que se podrán crear a través de este programa y de la necesidad de renovar la infraestructura de comunicaciones y transportes de EU como pilar del crecimiento futuro. No es casualidad que el anuncio de esta iniciativa de Obama se da dos meses antes de las elecciones del 2 de noviembre en las que se renovará toda la Cámara de Representantes y casi la tercera parte del Senado de ese país. Adicionalmente, del potencial impacto mediático y electoral del anuncio, lo más probable es que el impacto real sobre la actividad del empleo y la actividad económica en el corto plazo sea muy limitado. Por un lado, el programa de inversión en infraestructura es a cinco años y el número de empleos que se pretende crear es relativamente pequeño en el contexto del mercado laboral. Por otro lado, la falta de inversión en planta nueva y equipo por parte del mundo empresarial no parece ser un problema de recursos, ya que la mayoría de las empresas cuenta con finanzas muy sanas y niveles de liquidez altos. La decisión de invertir o no invertir en planta, equipo y empleos nuevos por parte de las empresas tiene que ver más con la incertidumbre y falta de crecimiento en la demanda de sus productos y servicios que en la existencia o no de estímulos fiscales para la inversión.
Mohamed Al Arian, de Pimco, argumenta que es fundamental entender el contexto actual y la ruta que nos trajo a la presente situación para ver por qué los estímulos fiscales adicionales tendrán un impacto limitado. No podemos olvidar que la situación económica actual es parte de un proceso de ajuste multianual causado por una realineación nacional y global. Es un fenómeno secular que tiene que ser entendido y navegado de una mejor forma, reconociendo sus dimensiones estructurales y ampliando el marco de pensamiento político que se ha vuelto demasiado cíclico . Venimos de una época de excesos en el endeudamiento y en la toma de riesgos sin precedentes. Una situación como la Gran Depresión se logró evitar mediante la implementación de medidas de estímulo fiscal y monetario sin precedente, pero los estímulos tienen sus límites y la economía de EU tardará varios años en sanar plenamente.
Lo preocupante es que mientras este proceso de saneamiento se da, EU corre el riesgo de entrar en una situación similar a la de México, donde las agendas políticas se polarizan por el ciclo electoral y dónde la ausencia de un centro político hace que se dificulte el proceso de toma de decisiones. Lo delicado para México es que mientras en EU todo el mundo habla de la desaceleración, aquí parece haber una falta de conciencia sobre lo que se tiene que hacer para enfrentar esta situación. La semana pasada el gobierno anunció que había revisado su estimación oficial de crecimiento para el 2010, lo cual es totalmente irrelevante, ya que la gran mayoría de los especialistas lo habían hecho ya con anterioridad. Sin embargo, son pocas. No he escuchado a una sola autoridad ni líder partidista hablar de medidas de fondo para enfrentar una desaceleración económica de nuestro principal socio comercial. La discusión sigue centrada en temas electorales, como las alianzas, y electoreros, como bajar el IVA de 16 a 15 por ciento.