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Opinión

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La diversificación es un concepto fundamental en inversiones

Muchísima gente tiene grandes dudas a la hora de invertir su dinero, pero en realidad hacerlo de manera correcta no es tan difícil. Sin embargo, como todo en la vida, requiere que entendamos algunos conceptos muy básicos e intuitivos. Uno que es clave es la diversificación.

La diversificación, como concepto, es muy simple. Se suele explicar diciendo: “No pongas todos los huevos en una sola canasta”. La razón es porque si se cae, se romperán todos. Se nos dice: “Mejor distribúyelos en distintas”.

En inversiones, esto implica poner nuestro dinero en diferentes tipos de instrumentos, de naturaleza distinta, que no se comportan igual en los diferentes ciclos de mercado. Hay veces en los que el oro resulta tener mejor desempeño que las acciones, porque la gente percibe niveles de riesgo elevados y buscan respaldar su dinero en activos considerados sólidos. En otros casos, las tasas de interés bajan y eso hace que los instrumentos de deuda de largo plazo, que pagan tasas más altas, se aprecien. O bien, en periodos de gran expansión y crecimiento económico, las empresas más importantes suelen despuntar y alcanzar valuaciones elevadas.

Ahora bien, nadie nos explica cuántas canastas necesitamos o cuántos huevos poner en cada una de ellas, es decir, cómo distribuir nuestro dinero de manera eficiente. A esto se le llama diversificación inteligente. La idea se trata de lograr un portafolio de inversión que en primer lugar controle el riesgo (de acuerdo con nuestra tolerancia individual) y luego, dado ese nivel de riesgo, logre maximizar el rendimiento potencial en el horizonte (plazo) que hemos contemplado.

¿Qué tipos de activos hay?

Siempre digo que hay dos maneras principales de invertir nuestro dinero: prestarlo y recibir una tasa de interés a cambio (instrumentos de deuda), o ponerlo a trabajar en un negocio (instrumentos de capitales). Pero en esto hay muchas subclases, por ejemplo, instrumentos tanto locales (nacionales) como de mercados desarrollados o emergentes, denominados en dólares, euros o en moneda local. En el caso de deuda, además tenemos instrumentos de corto, mediano y muy largo plazo.

Pero, además, hay otras clases de activos, como por ejemplo los fideicomisos en bienes raíces (fibras) o bien, los metales preciosos (ambos pueden verse como de renta variable, aunque tienen una naturaleza y un comportamiento un tanto distinto a las acciones de empresas).

Todas estas clases de activos tienen un rendimiento esperado (como no sabemos qué nos deparará el futuro, lo único que tenemos es la historia, que nos dice qué podemos esperar). También tienen una volatilidad y una correlación entre ellos.

La idea es entonces combinarlos y lo primero para ello es tomar en cuenta nuestro horizonte de inversión. Mucha gente comete el error de invertir el dinero para su retiro que no tocará en 30 años, en Cetes o pagarés a 28 días, es decir, instrumentos de muy corto plazo y que en el mejor de los casos nos pagarán la inflación, pero no lograrán un crecimiento real de nuestros recursos. También hay personas que para un horizonte de corto plazo (menos de tres años) meten un porcentaje importante a Bolsa, lo cual tampoco es adecuado.

En general, uno tiene que invertir de manera consistente con su horizonte de inversión. No se vale ser demasiado conservador, pero tampoco jugársela porque no estamos apostando. Estamos invirtiendo para alcanzar objetivos de vida.

Por ello, para el retiro, deberíamos considerar instrumentos de renta variable e instrumentos de deuda de largo plazo, principalmente. Obviamente podemos considerar otro tipo de activos en menor proporción como el oro u otros metales preciosos, fideicomisos en bienes raíces e incluso criptomonedas. También convendrá mantener una pequeña parte en instrumentos líquidos, que eventualmente nos permitan aprovechar alguna oportunidad.

¿En qué proporción? Ahí es donde entra la otra variable: nuestra tolerancia al riesgo. La intención es que siempre sepamos qué esperar y cuánta minusvalía estaríamos dispuestos a tolerar, en épocas de vacas flacas, sin que eso nos ponga nerviosos.

En cambio, para una inversión a corto plazo, o para un fondo para emergencias, nuestro portafolio deberá estar integrado en mayor medida por instrumentos de deuda, de ese mismo horizonte. Sí podemos, dependiendo de nuestra tolerancia al riesgo, incluir instrumentos de más plazo, pero siempre en una proporción menor. La idea aquí es la estabilidad, protegernos contra la inflación, pero en un horizonte tan corto no se puede lograr un crecimiento importante de nuestro dinero. No vale la pena arriesgar nuestro objetivo, por una idea de rendimiento.

Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas

jlanzagorta@eleconomista.com.mx

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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