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Opinión

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La banca de desarrollo y el financiamiento al campo

Desde que se fundó hace 85 años el Banco Nacional de Crédito Agrícola, primero especializado en financiamiento a productores del campo en México, se han creado, fusionado o liquidado diversas instituciones públicas para este fin: en 1935 el Banco Nacional de Crédito Ejidal; en 1965 el Banco Nacional de Crédito Agropecuario; en 1975 el Banco Nacional de Crédito Rural (Banrural), y en el 2003 Financiera Rural. Además, desde 1954 opera FIRA en el Banco de México, enfocado al segundo piso.

La historia del Banrural es un auténtico manual de lo que hay que evitar en el diseño de una institución de crédito, sea o no de desarrollo. Si bien Banrural elevó el financiamiento al campo, el costo de su rescate y liquidación, aunado al subsidio para su operación, fue de más de 150,000 millones de pesos.

A ello hay que sumar 50,000 millones que costó la liquidación de ANAGSA, institución que garantizaba los créditos de Banrural. Su altísimo gasto operativo rayaba en lo grotesco, como el contar con más de 20,000 empleados en los 80 y tener la mayor flota aérea pública después de las Fuerzas Armadas.

Banrural se fondeaba a través de créditos gubernamentales prácticamente ilimitados, prestando a tasas por debajo del mercado y con índices de cartera vencida de alrededor de 50% en algunos años. Al estar garantizada la cartera por otra entidad gubernamental había poco incentivo para recuperar los créditos o incluso analizar la viabilidad económica de los proyectos, facilitando la discrecionalidad y la corrupción.

Esto contribuyó a crear una cultura rentista y de no pago en el campo y como resultado algunos grupos o asociaciones de productores se enfocaron a la búsqueda de rentas más que a elevar la productividad y se inhibió el desarrollo de un sistema financiero rural.

El diseño de Financiera Rural buscó evitar estos problemas. Por mandato y para asegurar que las generaciones futuras tengan acceso a financiamiento, se apega a la normatividad de la CNBV con criterios que aseguren su sustentabilidad. En contraste con Banrural, muestra resultados positivos y una cartera vencida reducida sin recibir subsidios para su operación.

Mientras que Banrural requería invertir 4 pesos para generar 1 peso de utilidad, Financiera Rural logra el mismo resultado con 30 centavos.

Finrural presta con recursos de su patrimonio que han crecido de 15,000 a más de 25,000 millones de pesos desde el 2003.

Ha colocado más de 130,000 millones en todo el país, proporcionando además capacitación y asistencia técnica a productores en localidades de hasta 50,000 habitantes.

Otorga créditos directos, pero también de segundo piso y apoya la creación y profesionalización de intermediarios para ampliar el acceso al crédito a más mexicanos.

Además del sector agropecuario, financia servicios, comercios, industria y sectores de alto impacto social, ambiental y económico en el medio rural, como es el turismo o el forestal.

Las alianzas que tiene con diversas dependencias federales potencian el impacto de los subsidios que éstas otorgan y permiten mejorar las condiciones de crédito. Apoya también oportunamente a los productores afectados por desastres naturales, como ocurrió con las recientes heladas en Sinaloa y Sonora.

La banca de desarrollo es y debe ser un instrumento del Estado para enfrentar los retos de la actividad económica rural, manteniendo criterios de sustentabilidad financiera sin dañar las finanzas públicas. Hay muchos retos aún, pero no se necesita, como han propuesto algunos, que Finrural se convierta nuevamente en un gran banco ni que preste por debajo del mercado.

Lo que se requiere es fortalecer y consolidar a esta joven institución, asegurando que llegue cada vez más lejos en beneficio del campo mexicano.

*Director de Financiera Rural.

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