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Opinión

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Empresas a pedales

Es jueves y pasan las 6:30 de la tarde. Me encuentro en el cruce de la Avenida Reforma con la calle Florencia de la Ciudad de México, justo a los pies de las oficinas de una aseguradora. Espero a que el semáforo se ponga en verde y lo hago a bordo de mi Turbo Urban 1.1 negra, mi bicicleta. En lo que tarda el siga ando distraído contando a mis compañeros ciclistas. Cuento hasta 32 y ninguno de ellos es repartidor de alguna app, sólo uno de ellos es un bicimensajero.  / Fue un hecho que me sorprendió y que relaté a las amistades que vi después de aquel duro día de trabajo. ¿Ustedes han visto a tanto ciclista junto que no fuera en un paseo dominical? Yo juraría que no y por eso lo quiero retomar en esta colaboración para El Economista.

Que la movilidad en una ciudad como la CDMX es un problema, lo sabemos y lo sufrimos todos los chilangos. También lo saben y sufren los habitantes de las grandes urbes del resto del país y del planeta. Y por lo visto, en el 2050, dos tercios de los habitantes del planeta viviremos en ciudades y para entonces espero que hayamos podido resolver urgentemente este embrollo del tráfico por los problemas de salud que conlleva.

Ante esto, los commuters de muchas ciudades, con más o menos apoyo de los gobiernos locales, están tomando rumbos diferentes. Podríamos irnos a ver lo que sucede en ciudades de países considerados avanzados: Amsterdam, Copenhague, Friburgo o Portland. O a ciudades que nos quedan más a mano: Curitiba o Bogotá.

Si quieren no nos vayamos tan lejos, que vamos en bici. Veamos qué es lo que está pasando en nuestra ciudad. Recientemente el Inegi publicó su Encuesta Origen Destino, 10 años después de hacer la anterior. El análisis arroja que en la capital y su área conurbada los desplazamientos crecieron 36% en ese periodo. Los desplazamientos en coche sólo aumentaron 5% y por el contrario, la bicicleta lo hizo en 40 por ciento.

Otro dato relevante es que la bicicleta suma más viajes diarios que los hechos mediante vehículos solicitados por aplicación. Mientras que en bici se hacen más de 240,000 viajes diarios, en carros de Uber, Cabify o similares, se realizan apenas 110,000.

Yo vivo en esta ciudad desde hace más de cuatro años y a pesar de llevar desde los 15 usando habitualmente la bicicleta para transportarme, pensé inicialmente que aquí no era buena idea continuar como lo hacía en mi ciudad natal, Valencia, o en Oxford (a pesar de las continuas lluvias). Pronto esta idea cambió y me animé a probar con las bicicletas, no para desplazarme al trabajo, sólo en momentos de ocio, más placenteros a dos ruedas.

Finalmente, al año, me compré la bicicleta, y esta vez sí la empecé a usar para viajes de trabajo siempre que la pendiente y la distancia lo permiten. Desde entonces he comprobado en mis carnes las carencias de muchos corporativos para atender a sus visitantes que llegan en bici. Desde los que no tienen racks hasta los que disponen de varios, pasando por los que sólo permiten su uso a los que allí laboran o los que tienen unos fierros que apenas permiten amarrar la rueda.

La bicicleta no sólo aporta beneficios a nuestras ciudades, también a nuestros empleados. Por el ahorro económico y de tiempo de desplazamiento, por su salud física y también por la emocional (todo ello avalado por investigaciones de institutos). A un mes para que se celebre el Día sin Autos (sin apenas incidencia en este país), les pido que promuevan en sus empresas el uso de la bicicleta entre sus colaboradores, facilítenles las cosas, prémienlos por el bien que hacen a la sociedad y al medio ambiente. Si tú, lector, no tienes tanto poder de incidencia, muévete en bici si no lo haces aún. Tu salud, tu bolsillo y la humanidad de aquí al 2050 te lo agradecerán.

*Director general de Valor Compartido.

@JaviMestre

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