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¿Cómo compras tus seguros?
Estos productos son indispensables para proteger nuestro patrimonio y aquello que más nos importa en la vida.
Imagínate comprar un coche sin verlo, sin fotografía y sin ficha técnica: sólo con la descripción de un vendedor: “Es un carro fantástico, tiene todo lo que necesitas para ir a cualquier lugar, es rendidor, cabe toda la familia, puedes escuchar la música que quieras y mucha seguridad. Además es barato, sólo tienes que pagar 3,000 pesos al mes durante cinco años, sin ningún tipo de enganche. Tenemos color rojo, verde, azul o blanco”.
Cuando te lo dan resulta que todo esto era cierto (pero con alguna “verdad” a medias). Te dan un carro viejo, amplio, pesado. ¿Seguridad? Pues nada más las puertas y el cinturón de seguridad, pero no tiene ABS ni otros sistemas activos o pasivos importantes. ¿Escuchar tu música? No tiene ni radio, pero pues sí puedes escuchar lo que quieras desde la bocina del celular. ¿Rendidor? Depende de cuál sea tu definición.
Lamentablemente muchísimas personas compran así sus seguros: con la pura descripción de la persona que se los vende. La gente no sabe ni lo que le cubre, mucho menos cómo usarlos en caso de que alguna eventualidad se presente. Es muy triste y por eso hay siempre sorpresas desagradables que surgen cuando es demasiado tarde: cuando se ha presentado un siniestro y, por ende, una pérdida económica.
No todas las pólizas son iguales: existen coberturas distintas, algunas mucho más amplias. Hay compañías que tienen una mayor fortaleza financiera que otras. Hay aseguradoras con procedimientos mucho más ágiles en caso de siniestro, mientras que otras son sumamente burocráticas, con personal poco especializado (o con nulo criterio).
Por otro lado hay ciertas cláusulas que cuando uno lee a primera vista pueden parecer razonables, pero que, sin embargo, cuando se ponen en contexto con las demás, pueden restringir severamente la aplicación de la cobertura en ciertas situaciones. También hay pólizas que tienen distintas secciones con un alcance de cobertura distinto dependiendo del tipo de bien cubierto.
Por eso es tan importante saber qué es lo que uno está comprando y contar con una buena asesoría de un agente especializado (no de un vendedor de seguros, sino de un verdadero asesor, y ésos son muy difíciles de encontrar).
¿Te has puesto a pensar cómo compras tú el seguro de tu auto? Muchas personas, tristemente, se meten a un comparador de Internet y encuentran la póliza más barata, sin ponerse a pensar ni siquiera en qué tipo de compañía les respaldará ni cómo es su servicio. Otras contratan el que la agencia donde compraron el auto les ofreció, y en caso de distintas opciones, nuevamente eligen la del mejor precio. Algunas más adquirieron la póliza que les ofrecieron en el banco. También están las que, por otro lado, simplemente pagan la renovación que les manda cada año su agente de seguros, aunque quizá existan hoy mejores opciones en el mercado.
El precio de un seguro sin duda es una variable importante, pero no es la única. ¿Qué valor estamos recibiendo por el precio que pagamos? Cuando vamos a comprar un auto, no buscamos el más barato del mercado porque quizá no se adecue a nuestras necesidades o preferencias. Tendemos a buscar la mejor opción dentro de nuestro presupuesto. Lo mismo deberíamos hacer con nuestros seguros.
Recordemos que los seguros son un elemento indispensable para proteger nuestro patrimonio y aquello que más nos importa en la vida: nuestra casa, nuestros hijos, nuestra salud o el negocio que nos da de comer. Por eso debemos darles la atención debida. No se trata de comprarlos por comprar. No se trata tampoco de tener muchos seguros que uno no requiere (por ejemplo hay personas que pagan tres seguros muy limitados de accidentes personales, a través de tres tarjetas de crédito distintas). Se trata de tener la protección adecuada para nuestra situación particular, la más amplia posible, pero que a su vez podamos pagar sin problemas.
Nunca compres el seguro que te ofrezcan, ni siquiera el que te plantee el agente de seguros más profesional. El asesor sólo aconseja: quien toma la decisión siempre eres tú. El verdadero asesor es aquél que te ayuda a evaluar tus opciones, a ver los pros y los contras, para que puedas elegir la más adecuada para tu caso particular.
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