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Finanzas Personales

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Compras 24/7 y cero fricción: así la era digital cambió la forma en que tomamos decisiones de gasto

Los marketplaces y redes sociales han eliminado casi todas las barreras para comprar un producto o servicio, lo que puede derivar a un problema financiero si se hace sin reflexionar.

Una computadora, una tarjeta y podemos tomar decisiones de compra con solo un click.Pexels.

Gracias a la tecnología, hoy solo bastan unos pocos clics para comprar casi cualquier cosa desde la comodidad de la casa, solo utilizando el teléfono celular o una laptop, y a veces sin tener que sacar la tarjera de la cartera.

Sin embargo, esa facilidad tiene su lado oscuro: al ser tan sencillo, se puede comprar y comprar, sin tener consciencia de que se puede generar deudas o vaciar la cuenta de banco en productos no contemplados.

Especialistas en comportamiento coinciden en que la tecnología simplificó el consumo, pero también transformó la manera en que las personas toman decisiones sobre su dinero.  

De las tiendas a la pantalla: por qué comprar ya no tiene obstáculos 

Antes, para adquirir un producto, era necesario salir de casa, acudir a una tienda o centro comercial abierto, elegir, comparar, hacer fila y finalmente pagar. Pero hoy, con las compras digitales solo se necesita de conexión a internet, un dispositivo y un método de pago.

Zulema Andrade, economista conductual, explicó que con las compras en línea ocurre una “reducción de fricción”, es decir, se eliminan los obstáculos que pueden retrasar una transacción.

"La mayoría de las plataformas de comercio electrónico lo que hacen es reducir la fricción. Eso hace que la acción que vamos a realizar sea más fácil o frecuente de realizar", comentó la economista.

Los métodos de pago almacenados, las direcciones registradas y los envíos exprés derivan a procesos que apenas necesitan unos segundos para concretarse. Esta rapidez incide directamente en el tiempo que una persona dedica a reflexionar o pensar si comprar o no.

"Una de las cosas que nos quitaron las plataformas digitales al permitirnos hacer compras de manera tan sencilla es ese periodo de reflexión", agregó Andrade.

A diferencia de las tiendas físicas, que tienen un horario de servicio, las aplicaciones y tiendas digitales funcionan las 24 horas. Una persona puede entrar a una aplicación durante la madrugada y si tiene ganas de adquirir algo, puede hacerlo con pulsar en el botón “Agregar al carrito” y “Finalizar compra”.

Según Antonio Limón, psicoterapeuta transpersonal, todo está diseñado para facilitar la decisión y no se destina el tiempo para reconsiderarlo, y termina pagando por algo que quizá no necesitaba ni tenía planeado.

El problema ocurre cuando se vuelve un hábito. Aunque cada pedido sea de un monto bajo, sumados todos puede volverse una suma importante.

Según el Estudio de Venta Online 2026, realizado por la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), la principal razón de comprar en línea es por comodidad y facilidad, con 65%, seguido de variedad y disponibilidad (61%), conexión emocional (60%), beneficios adicionales y de pago (58%) y logísticos (37%).

Las redes sociales son las nuevas vitrinas 

Según los especialistas, las redes sociales fueron diseñadas para aprender de los intereses de cada usuario, mantener su atención y mostrar productos que les parezcan atractivos.

De tal manera que, durante una sesión, una persona encuentra publicaciones de amigos, recomendaciones de contenidos, reseñas de productos y una infinidad de anuncios personalizados, incluso con botones de compra sin tener que cambiar de aplicación.

Las redes sociales o plataformas no “crean necesidades” con los contenidos que muestran, sino que, con la información recopilada, construyen recomendaciones cada vez más precisas, constantemente presentes y facilita su conversión a una compra.

"Las plataformas muchas veces no generan deseos completamente nuevos, sino que identifican intereses que ya existen y reducen las barreras para actuar sobre ellos", explicó Zulema Andrade.

Según el estudio de AMVO, las redes sociales son la fuente de información más influyente entre mexicanos de 18 a 24 años, parte esencial de los dos segmentos etarios que más compran en línea: la Gen Z (entre 18-28 años), con 31%, y Millennials (29-44 años), con 34% de presencia.

Además, una encuesta realizada por Kueski, plataforma líder de compra ahora, paga después (BNPL) y crédito al consumidor en línea de América Latina, reveló que 65% de sus usuarios han comprado por recomendación de contenido de redes sociales.

Consumo en línea consciente vs problemático 

La facilidad para consumir de esta manera puede generar la sensación de que la compra fue completamente espontánea, cuando en realidad estuvo precedida de docenas de estímulos digitales. Para Antonio Limón, una de las principales diferencias entre el consumo consciente y el problemático está en la intención que existe detrás de cada una.

Cuando alguien compra algo porque lo necesita, lo va a utilizar y puede pagarlo sin afectar su presupuesto, la compra difícilmente representará un problema. La cosa cambia cuando se consume solo por aburrimiento o para aliviar otras emociones incómodas y si no se vaya a aprovechar el artículo.

"Una manera de ir contracultura es no comprar por sentir, sino hacer una compra consciente: lo requiero, lo necesito, puedo pagarlo y lo voy a utilizar", dijo el psicoterapeuta.

¿Cómo evitar que la tecnología decida por ti? 

En realidad, no toda la responsabilidad recae en las aplicaciones, marketplaces o redes sociales, la conducta tiene su gran contribución. Para utilizar estas herramientas con mayor consciencia, los especialistas recomiendan: 

  1. Esperar al menos un día antes de comprar algo que no estaba presupuestado
  2. Preguntarse qué función cumple esa compra: ¿lo necesito o solo es el impulso? 
  3. Revisar periódicamente cuánto se ha gastado en compras digitales. ¿Existe un patrón? 

La mejor herramienta para cuidar las finanzas personales quizá no sea eliminar una aplicación, sino recuperar el hábito de detenerse unos minutos antes de comprar

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y reportera de Finanzas Personales en El Economista. Escribe sobre ahorro, inversión, crédito, seguros y educación financiera para explicar cómo las decisiones sobre el dinero impactan en la vida cotidiana.

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