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Órganos reguladores, corruptos y débiles
A 10 años de la creación de los órganos reguladores es inaceptable que cuenten con grandes carencias, barreras de entrada y excesiva concentración de las dependencias federales, lo que lleva a México a rezagarse en competitividad.
Los órganos reguladores en México, entre ellos la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), la Comisión Federal de Competencia (CFC), la Comisión Reguladora de energía (CRE) y la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer), están reprobados en su desempeño al carecer de un mandato que haga funcionar a los sectores económicos, ya que son deficientes, corruptos, débiles y capturados por intereses privados, afirmó Alejandro Faya Rodríguez, especialista en la materia.
El autor del libro Fortalecer a los reguladores. Cambiando las reglas del juego, que hoy se presentará al público, calificó a la Cofetel como el órgano más burdo , porque fue diseñado para no funcionar. Es ridículo que no pueda otorgar permisos ni otorgar licitaciones o concesiones para las telecomunicaciones y tenga que pedir permiso a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, peor aún... no puedes sancionar , lamentó.
A 10 años de la creación de los órganos reguladores es inaceptable que cuenten con grandes carencias, barreras de entrada y excesiva concentración de las dependencias federales, lo que lleva a México a rezagarse en competitividad.
Es un hecho que las fallas de mercado se tienen que corregir, si no se corrigen se concentran los mercados, pocas empresas agarran cotos importantes, suben precios, bajan la calidad, se violan los derechos de los consumidores, se establecen barreras a la entrada, todo esto te hace menos competitivo , explicó el exfuncionario de la Secretaría de Economía.
Agregó que el problema en México es la ineficiencia de los mercados, que están asfixiados, son como arterias con coágulos... y sucede en sectores como la televisión, telefonía, cemento, acero, como el pan y el huevo, entre otras .
Ante esa realidad, Alejandro Faya propone en su libro, editado por el Centro de Investigación para el Desarrollo AC (CIDAC), la necesidad de que en México se diseñe una nueva figura de la administración pública federal que reformule a los órganos reguladores en autónomos de decisión y presupuesto, pero que rindan cuentas y se transparente su actuación.
Desde su perspectiva y con base en las prácticas internacionales, el también consultor de la Conferencia Nacional de las Naciones Unidas refirió a El Economista que un buen regulador se define por cuatro factores: mandato y atribuciones, autonomía, recursos y rendición de cuentas.
La autonomía debe estar basada en regular eficazmente para evitar capturas por parte de las empresas y la interferencia por parte del gobierno, y al mismo tiempo se puedan implementar políticas públicas del interés común de largo plazo no cortoplacista del gobierno en turno.
lgonzalez@eleconomista.com.mx