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Max Ernst llega al MUNAL
"Une semaine de bonté" de Max Ernst es una de las muestras más importantes que han llegado al MUNAL En ella se encontrará collages hechos a partir de láminas, grabados en madera o xilografías, procedentes de viejas novelas ilustradas que buscaban ser imágenes realistas.
La primera imagen puede ser muy desconcertante. En medio de la titánica belleza del Museo Nacional de Arte, y con la disposición de ver una de las muestras más importantes que han llegado al recinto, la de los collages originales de "Une semaine de bonté" (Una semana de bondad) que Max Ernst, se encontrará usted con, literalmente, unos cuadritos .
Claro que si usted alguna vez ha visto un cuadrito como La persistencia de la memoria de Salvador Dalí (mejor conocido como los relojes blandos ), sabe que para que el arte surrealista nos sorprenda y maraville el tamaño es lo de menos.
Y basta asomarse al primero de ellos para iniciar un recorrido de asombro en asombro.
De asombro en asombro, de símbolo en símbolo
Max Ernst realizó las obras de Une semaine de bonté en el verano de 1933, fueron expuestos en Madrid en 1936, con la Guerra Civil Española casi encima y luego permanecieron ocultos hasta que hace dos años se exhibieron en el museo Albertina de Viena.
Las obras son collages hechos a partir de láminas, grabados en madera o xilografías, procedentes de viejas novelas ilustradas (del siglo XIX, sobre todo), que buscaban ser imágenes realistas.
Ernst, combinando las imágenes (procedentes de unos cuantos títulos), consiguió armar en cada una de las 184 láminas un discurso surrealista, y darle a un carácter simbólico, comprensible pero ilógico, a esas imágenes.
La muestra, que fue publicada como libros en 1934 se divide en siete días, cada uno con un elemento esencial y ejemplo. Además del color en que estaba encuadernado cada libro (los últimos tres se publicaron en un solo cuaderno, amarillo, porque las ventas no iban muy bien).
Así, el primer cuaderno es Púrpura, Domingo, el Elemento es el Barro y el ejemplo El León de Belfort.
En este cuaderno, la imagen del majestuoso felino es tomada como un símbolo de poder, y como tal mangoneada, ridiculizada y satirizada en una enorme variedad de posibilidades.
Al verlas, no es necesario situarse 70 años atrás en el Madrid bajo la sombra de la guerra, y donde algunas de las piezas fueron censuradas (es decir, no fueron expuestas) por su contenido anti eclesiástico, para darse cuenta de que no se trata, como dijera un crítico de la época, de simple ingenio pour épater (para impresionar) , sino que estamos ante un rebelde de enorme inteligencia y un crítico de ferviente pasión, ante cuya obra, simbólica y surreal, no queda más que citar a San Juan de la Cruz:
grandes cosas entendí ; / no diré lo que sentí, /que me quedé no sabiendo, / toda ciencia trascendiendo.
mlino@eleconomista.com.mx