Buscar
Arte e Ideas

Lectura 8:00 min

Hernán Casciari, alérgico a la nostalgia

El escritor Hernán Casciari, habla de una nueva era para la cultura y del fin de la revista que retó al aparato editorial de habla hispana.

Un escenario con cortinas rojas en el venerable auditorio de un venerable museo. Las cortinas, no necesito tocarlas para saberlo, están pesadas del polvo del pasado, de historia, de ceremonia.

En el Auditorio Torres Bodet del Museo de Antropología e Historia, un che argentino viene y sacude todo eso. Les prometo que no me tardó más de 20 minutos , nos dice Hernán Casciari (Argentina, 1971), porque ayer me di cuenta de que es imposible oír a un señor leer durante una hora sin morir de aburrimiento .

Es la segunda jornada del III Simposio Internacional del Libro Electrónico que organiza el Conaculta en un intento de ponerse al día, de alcanzar al lector joven que pronto ya sólo leerá en pantallas. El promedio de edad de los asistentes debe rondar los 45 años.

¿Dónde están esos nativos digitales, los editores de hoy? No aquí, al parecer.

Con una excepción: el argentino que ahora toma la palabra. Casciari, cuarentón y todo, tiene casi el mismo entendimiento con la vida digital que tiene alguien de la mitad de su edad. En el 2010 hizo una pequeña revuelta cuando abandonó su muy leída columna en el diario español El País y en el argentino La Nación para mudarse de manera definitiva a la red, donde las reglas del juego las ponen él y sus lectores.

Orsai (que es la forma fonética del offside del futbol), su blog desde el 2003, se convirtió en el corazón de una comunidad de lectores de todo el mundo. Una comunidad que luego pasó a ser bar, pizzería, taller literario, editorial y revista. Una revista sin anunciantes en la que se publicaba lo imposible: en un mismo número cabían una crónica de Villoro, un cuento de Nick Hornby y un reportaje de algún periodista joven que escribe como Dios manda. En el número más reciente, la pieza de portada es una entrevista con Stephen Hawking.

La revista Orsai, la revista de habla hispana más interesante del momento, termina su increíble carrera de tres años en diciembre del 2013. No hay vuelta atrás: Casciari ya lo dejó claro en el blog con un post que denota aburrimiento y problemas de sustentabilidad.

Pero ya hablaremos de eso. Por el momento, Casciari habla en el simposio: No me importa el futuro del libro. Lo que me importa, lo digo de corazón, es la falta de concentración .

Hace la crónica del comportamiento del público durante la conferencia de ayer, en la que el orador leyó durante una hora: a los 10 minutos, la gente comienza a carraspear; a los 15, se remueve en el asiento; a los 20, sacan el celular para fingir que tuitean algo bien interesante que acaba de decir el señor . Después de 20 minutos, el público se va. Sigue en su lugar, pero se va: a sus mails, a sus videos, a Twitter, Facebook o Instagram.

CIEN AÑOS SIN WI-FI

Es cierto. El cambio en nuestra atención ha sido tan gradual que apenas nos damos cuenta. Creemos todavía que los niños deben entender las historias como las entendimos nosotros y generaciones enteras. La brecha entre nosotros, los que todavía nacimos en el siglo XX, y los hijos del siglo XXI es más grande que la que tuvimos nosotros con nuestros padres.

Le leía a mi hija hace unos días un cuento, ‘Hansel y Gretel’ , nos dice Casciari. El bosque, camino de migas de pan, el pájaro que se las come no impresionan a Nina, la hija de nueve años del escritor: ¡Pues que lo llamen por celular al papá! .

Esa respuesta tan espontánea le sirvió a Casciari para explicarnos algo que ya sabemos, pero que tanta gente no quiere aceptar: la era digital, este estar conectados todo el tiempo, esta nueva idea de comunidad cambió para siempre el modo de contar historias.

Hoy, el coronel sí tiene quien le escriba , dice Casciari, y los cien años de soledad se convierten en cien años sin Wi-Fi .

En este mundo nuestro, Romeo y Julieta se mandan Whatsapps para ponerse de acuerdo y a Geppetto le avisan vía mail que Pinocho no llegó a la escuela .

Pero no es romanticismo digital, no, lo que Casciari quiere transmitirnos. Es otro el asunto: Quizá este estar conectados todo el tiempo, esta falta de soledad, nos está robando el vivir en el borde. Quizá nos está robando las historias novelescas .

Suena duro viniendo del mero protagonista de una de las historias más novelescas de la última década: el nacimiento y ahora muerte anunciada de la revista Orsai.

Pero no hay nostalgia para Casciari: Le tengo envidia a mi hija, que no tendrá nunca esta melancolía por el papel y la tinta como nosotros .

A los chicos hay escucharlos. Ellos son los que conocen este mundo mejor que nosotros. No tratemos de traerlos al mundo nuestro: vayamos al de ellos .

SE VA LA REVISTA, NO ORSAI

Hernán Casciari fuma cigarros liados por él mismo. Carga con su bote de tabaco y sus hojitas de papel y mientras tenemos la conversación se lía un par con maniobras finas, hábiles.

Le pregunto si el simposio ha estado aburrido y abre muchos los ojos para decirme que ha sido mortal. Así es el aparato cultural en México , le digo. Así es en todas partes. Vengo de Costa Rica y lo mismo. Necesitan sus atriles y sus auditorios y sus títulos .

Deberían entender que eso ?no funciona ya.

Bueno, les funciona a ellos.

A los que se ganan la vida en ese aparato, quizá.

Sí, exactamente, a ellos.

¿Por qué dejará de publicar Orsai al terminar este año (no pregunto, es un reclamo en realidad)?

Orsai está tan ligada a mí que no podría dejarla en manos de nadie más. Y el tema es que Chiri (Christian Basilis, el otro editor de la revista) y yo nos reunimos recién en Buenos Aires para platicar y poner las disyuntiva sobre la mesa: seguir con la revista o empezar otro proyecto que tenemos ahora y que nos emociona muchísimo.

Preferiste la emoción del noviazgo extremo que la rutina del matrimonio, como pusiste en el blog.

Y sí, sin duda. Orsai es una revista de autor y la creamos siempre pensando en que no sería perdurable. La planeamos para cuatro números (publicados en el 2011), luego el reto fue convertirla de trimestral a bimensual y lo logramos. Pero la emoción no era la misma del principio y, antes de llegar a ese momento en que la revista se volviera un trabajo, mejor a otra cosa. Y es una cosa que nos emociona un montón.

De este nuevo proyecto se niega a contar algo ( sin spoilers , dice con un sonrisita). Habrá que esperar a la segunda semana de octubre a que lo lance en el blog (editorialorsai.com/blog).

Sólo dime, ¿nos vamos a emocionar con este nuevo proyecto lo mismo que con la revista?

No lo sé. Es una cosa distinta. A mí me emociona, a Chiri igual. Pero es una cosa distinta, lleva menos drama que aquello de dejar periódicos y enfrentarse a las grandes casas editoriales.

El fin de Orsai tiene que ver con esta regla de los 20 minutos de la que hablaste en el simposio. Ustedes y nosotros, los lectores, nos aburrimos rápido.

Se acaba la revista, pero no Orsai. Orsai es muchas cosas: una editorial independiente que se promueve vía un blog y que, entre otras cosas, sacaba una revista. Se va la revista, pero Orsai se queda.

Del aburrimiento, algo tiene que ver. Lo cierto es que este año nos costó hacer sustentable la revista. El plan era vender 5,000 ejemplares por número y ahora andamos por los 4,000. Ha llegado el momento de dejar atrás la revista.

Seguirán produciendo libros, se entiende.

Sí, y seguiremos vendiendo los que ya hemos sacado. Orsai no se detiene para nada.

Parece que eres una persona vacunada contra nostalgia.

Es una regla interna que tengo, ir adelante. Mirá, es que pienso que no debo hacer nada que avergüence al niño de 12 años que fui.

Nada de usar la corbatita y tener comidas con gente con la que no quiero comer, con una sonrisa que no siento y una cortesía que no quiero tener. Veo a gente así desayunando en los hoteles y siento pena por ellos.

La charla de Casciari hace que esas cortinas rojas empolvadas, ese pesado aparato institucional que es la producción cultural en México, se vean más pesadas. También se siente como que podemos dejarlas atrás. Que se las quede Conaculta. Estar en offside también se puede en México.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas