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"El diálogo, primera complicidad con el lenguaje": Gerber Bicecci
Verónica Gerber Bicecci conversa sobre Mudanza (AUIEO / Taller Ditoria, 2010). El volumen reúne siete ensayos; cinco de ellos están dedicados a la vida y obra de artistas del siglo XX que transfiguraron la escritura.
Verónica Gerber Bicecci ensaya a partir de la mirada: en su trabajo visual se refiere constantemente a la literatura y sus textos constituyen indagaciones del arte y de la percepción del mundo. Se define como una artista visual que escribe .
Mudanza (AUIEO / Taller Ditoria, 2010), su primer libro, reúne siete ensayos cinco de ellos están dedicados a la vida y obra de artistas del siglo XX que transfiguraron la escritura. En ese espacio Gerber Bicecci (ciudad de México, 1981) examina los rastros de escritores que eligieron mudarse a otras formas del arte.
En el volumen, Vito Acconci, Ulises Carrión, Sophie Calle, Marcel Broodthaers y Öyvind Fahlström devienen espectros del lenguaje, variaciones de la expresión. Y Ambliopía , Papiroflexia , Telegrama , Equívoco , Capicúa , Onomatopey a y Ambigrama los títulos de los ensayos resultan las palabras que conforman una cartografía personal. En entrevista, la autora conversa sobre la manera en que relaciona a las artes visuales con la literatura.
Tu obra visual se caracteriza por la presencia de la palabra y los ensayos de Mudanza se perciben como piezas. ¿Cuál es el origen de esa correspondencia o intersección de espacios creativos en tu trabajo?
Hace unos días estuve en San Andrés Tuxtla, Veracruz, el lugar donde nació Ulises Carrión que es uno de los personajes de Mudanza , dando una charla sobre él. Conocí a gente que convivió con él en la infancia, a su primo, su barrio, y eso me hizo pensar en algo que no pensaba hace mucho tiempo, es decir, en cómo fue que yo entré en contacto con su trabajo. Recordé que fue hace unos diez años en una retrospectiva que se hizo de buena parte de su obra en el Carrillo Gil. No sé si eso califique de origen, pero estoy segura de que salí de esa exposición muy movida, me cambió profundamente. Sus libros eran algo que yo nunca había visto: las imágenes en ellos parecían palabras y las palabras imágenes. Obviamente me cautivó.
En Onomatopeya ensayo dedicado a Öyvind Fahlström planteas que el lenguaje es una complicidad que asumimos demasiado pronto. Sucede a través del diálogo. O, tal vez, el diálogo es nuestra primera complicidad con el lenguaje . Ese planteamiento se manifiesta a lo largo del libro. ¿Concebiste esa idea como el eje de Mudanza desde un inicio?
Para ser honesta, no. En realidad, Onomatopeya fue uno de los últimos ensayos que escribí, de hecho fue el penúltimo. El último que escribí es el que cierra el libro Ambigrama y es muy distinto, como el primero Ambliopía porque están escritos en primera persona. A ese artista lo conocí porque mi director de tesis de La Esmeralda me lo mostró, pero sobre todo porque un compañero de La Esmeralda es gran fan de él y me lo recordó, me recordó que trabajaba con onomatopeyas y fue ahí que decidí meter ese ensayo. Más tarde escribí otro ensayo, sobre cómo recuerdo mi relación con las niñas de mi primaria. Creo que Onomatopeya tiene mucho que ver con eso. Con la forma en que nos comunicamos desde que somos niños y, sobre todo, con cómo, desde muy pequeños, nos resulta difícil entender al otro, lo que nos quiere decir. Por eso pienso que lo asumimos muy pronto. Le damos poco chance para que sea diferente. Me refiero al lenguaje.
¿Por qué decidiste abordar a Sophie Calle en función de su vínculo con Paul Auster, una especie de diálogo interrumpido?
Creo que una buena parte de mi libro, como lo señalabas en la pregunta anterior, tiene que ver con el diálogo o, para ser más justa, con la imposibilidad del diálogo. El intercambio que sostienen Auster y Calle era perfecto para mostrar lo que comúnmente le pasa al diálogo entre dos personas. A mi parecer, sus vidas son paralelas en muchos sentidos, es decir, creo que había cierta dosis de destino en que se encontraran y realizaran ese proyecto, pero ahí es donde entra mi ficción: cuando por fin se encuentran, hay un malentendido que los separa para siempre.
Capicúa versa sobre Marcel Broodthaers un burócrata de la nada y la escritura en otros soportes . Para el artista belga cancelar su poesía fue una forma de desdibujarse . ¿Cómo incorporas esa idea a tu quehacer artístico?
Me imagino que tiene que ver con los malentendidos que te decía antes, con la desconfianza en las palabras. Entonces, supongo que en mi trabajo persiste esa misma idea de confrontar a la palabra, ya sea haciéndola invisible, tapándola, convirtiéndola en diagramas, desapareciéndola, buscando la ceguera, etc. Y, sin duda, todos los personajes de Mudanza son una especie de genealogía; en el trabajo de ellos puedes encontrar todas las coordenadas de mis intereses y obsesiones.
En tu más reciente proyecto Manual de fotografía anónima , una colección de ensayos a partir de imágenes encontradas en tianguis y mercados de pulgas hablas de la fotografía como la posibilidad de mantener vivo un presente. ¿De dónde surge la inquietud de conservación y eventualmente de transfiguración?
Una fotografía de aficionados, o anónima, es una especie de imagen huérfana. Huérfana de contexto. Siguiendo la línea de lo que hemos estado platicando, creo que mi interés por darles casa a estas imágenes con mis ensayos tiene que ver con que me parece que no pueden hablar solas, al menos no pueden decir todo lo que tienen que decir, de algún modo están enmudecidas. Y ese enmudecimiento, esa imposibilidad de hablar, me llama mucho la atención.
Has afirmado que el dibujo, la palabra y la imagen son solamente espacios posibles, redes y huecos . ¿Piensas que la memoria es la base de ese tejido heterogéneo?
Mi abuela está a punto de cumplir 89 años. Fui a visitarla hace unos meses. Ella es una especie de enciclopedia, ha procurado toda su vida su memoria y es impresionante la cantidad de cosas de las que se acuerda, pero también, tristemente, la cantidad de cosas que no ha podido olvidar. Creo que si de algo nos dimos cuenta mi hermano y yo en ese viaje fue que también hay que olvidar, es importante y mira que me cuesta trabajo decirlo, porque todavía no logro convencerme del todo. Así que, contestando a tu pregunta, la base de ese tejido podría ser la memoria, sí, pero también el olvido.
agarcia@eleconomista.com.mx