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Costumbres europea ?e indígena convergen en entierro en Morelos

En las recientes excavaciones arqueológicas realizadas en el Convento de Santiago Apóstol, en el municipio de Ocuituco, Morelos, destacan los restos óseos de un infante, en cuyo entierro convergen las tradiciones funerarias virreinal y previa a la invasión española.

En las recientes excavaciones arqueológicas realizadas en el Convento de Santiago Apóstol, en el municipio de Ocuituco, Morelos, que arrojaron el hallazgo de 14 osamentas, que datan entre los siglos XVI y XVIII, destacan los restos óseos de un infante, en cuyo entierro convergen las tradiciones funerarias virreinal y previa a la invasión española.

El arqueólogo Raúl Francisco González Quezada, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Morelos, informó lo anterior al referir que los restos del menor aparecieron en una caja de madera cuyas partes están casi perdidas, donde también había clavos y fragmentos de palma o tule de lo que muy probablemente fue un artefacto que acompañó al infante en su inhumación, quizá un petate o una cruz de ese material.

Asimismo, como parte del ajuar funerario se localizaron dos figurillas de cerámica, quizá se trate de silbatos zoomorfos, uno parece tener la forma de un venado y el otro de un león. En el cuello del infante se encontró un rosario de metal y también aparecieron múltiples botones de concha que forman parte de los restos de la indumentaria del infante. Los trabajos de excavación fueron realizados por el pasante de arqueología Jorge Linares, también del Centro INAH-Morelos.

González Quezada indicó que esto revela una convergencia de cosmovisiones, previa a la invasión española, lo cual se refleja en el petate con el que se envolvió el cuerpo y la caja en la que se introdujo, que es una tradición europea .

El especialista refirió que las osamentas se hallaron durante los trabajos de recimentación de dos contrafuertes del muro norte del inmueble, considerado el primer convento agustino en la Nueva España, que se comenzó a construir en 1534.

En el proceso de exploración encontramos lo que seguramente es parte de un panteón, pues sabemos que los atrios, o gran parte de ellos, se usaron como cementerios, de tal manera que seguramente hay más osamentas .

González Quezada dijo que las 14 osamentas están en un estado aceptable de conservación y aunque no se sabe todavía si corresponden a hombres o mujeres, se puede advertir que se trata de una muestra de sujetos que va desde infantes hasta adultos de entre 50 y 60 años al momento de morir.

Todos tienen un tratamiento mortuorio según el canon católico: se encontraron acostados boca arriba con los brazos cruzados en el pecho o en el abdomen y con la cabeza hacia el poniente -que respondía a la creencia de que así serían testigos del advenimiento de la Nueva Jerusalén-, lo que significa que todas las osamentas son de la época virreinal. Además, en algunas se hallaron restos de crucifijos de metal o de madera .

Este rescate -precisó el investigador- nos permitirá atisbar en el mundo cotidiano de los antiguos pobladores de Ocuituco, con las investigaciones de antropología física podremos saber su edad, sexo, patologías, cuáles eran sus actividades predominantes, cómo se alimentaban, si eran nativos o no y eventualmente, su jerarquía .

Añadió que en tres o cuatro meses se tendrán limpios los restos óseos que permitan obtener esta información y contrastarla con los documentos históricos del archivo parroquial de Ocuituco, donde se registra cuáles fueron las causas de muerte de los habitantes y de dónde proceden.

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