URQUILLOS, Perú. A 2,930 metros sobre el nivel del mar, está Explora, un hotel que funciona como campo base para internarse en el Valle Sagrado y donde un grupo de viajeros corporativos también hace base para incentivar su desempeño laboral.

Aquellos viajeros cambian su traje y corbata por zapatos y ropa de trekking. Dejan también su portafolio y laptop para sustituirlos por bastones y mochila para excursionistas. Ahora sí, están listos para ir a conquistar estas tierras inhóspitas y sagradas.

Con un mate de hoja de coca, Luciano, el coordinador de exploraciones de este exclusivo alojamiento, les da la bienvenida. Ahora, se dispone a explicarles cómo funcionará su viaje de incentivos.

Hasta ese momento, sólo saben que el Valle Sagrado fue habitado por los incas y que los vestigios de aquella civilización aún se mantienen en pie, pero desconocen que está zona también se caracteriza por sus imponentes paisajes, sus pueblos pintorescos y ciudades coloniales.

“Antes de empezar a explorar este valle, que se extiende por más de 80 kilómetros, es importante aclimatarse, pues hay lugares que la altura rebasa los 4,000 metros sobre el nivel del mar”, explica Luciano.

Por ello, les recomienda iniciar con una caminata corta a máximo 3,700 metros de altura. La opción es explorar los campos de cultivo de la comunidad de Racchi. 

El primer encuentro con la cordillera

Tras una hora de camino, llegan a la comunidad de Huatata a 3,600 metros sobre el nivel del mar. A partir de ese momento, realizarán una caminata de 6 kilómetros y atravesarán los campos de cultivo de Racchi, un pintoresco poblado andino.

Sólo han dado un par de pasos, cuando se asoman las primeras casonas de adobe. Después, aparecen algunos habitantes que van arreando su ganado. A veces son ovejas y vacas, otras toros y puercos.

El entusiasmo de aquellos viajeros que dejaron sus oficinas de concreto y las cambiaran por el Valle Sagrado es notorio.

Los paisajes les arrancan suspiros. En el campo, ya se ve el maíz crecido. De hecho, dicen que en esa zona se da el maíz más grande del mundo, el mejor, dicen ellos.

A lo lejos ven a una familia sembrando. El guía les explica que aquí se siembran diferentes tipos de papa, quinua y otros granos.

Cuando menos lo esperan, la cordillera de los Andes surge ante sus ojos. Esos picos nevados parecen estar al alcance de sus manos.

Los paisajes verdosos, ocres y grises los motivan a continuar la caminata. A lo lejos, ven una mesa que los espera. Un mate de coca les anuncia que la exploración ha concluido y que ya han alcanzado los 3,700 metros sobre el nivel del mar. 

El laboratorio agrícola

La mañana siguiente, los pone a prueba nuevamente. La exploración inicia en el poblado de Misminay a 3,700 metros de altura.

La caminata inicia por un estrecho sendero en medio del poblado. En varias ocasiones deben detenerse para permitir que pasen las personas con su ganado.

La gente, que sólo habla quechua, sonríe al verlos. Algunos levantan la mano para saludar a esos viajeros intrépidos.

Minutos después han dejado atrás Misminay, para adentrarse en un campo abierto con increíbles vistas de los cultivos y al fondo la zona arqueológica de Moray.

El guía les explica que era un centro de investigación agrícola de los incas y que está conformado por cuatro grupos de terrazas o muyus, como le llamaban los incas.

“Los incas cultivaban distintas plantas de forma experimental”. Ante el asombro de aquellos ejecutivos, continúa explicándoles que cada terraza ofrecía hasta 20 ambientes climáticos diferentes permitiendo la diversificación de cultivos.

Desde aquel mirador, sólo utilizado por los excursionistas, se ve su magnificencia, pero al descender el lugar vuelve a sorprenderlos, pues se tiene una perspectiva completamente distinta, pero también monumental.

Es momento de continuar, dice el guía. Una corta caminata los lleva a la comunidad de Perales, ya a 3,400 metros sobre el nivel del mar. Ahí, nuevamente, se sorprenden, pero esta vez con un exclusivo picnic en un huerto en la comunidad de Perales.

Después de cargar energía y tomar fuerzas, están listos para continuar. Así que emprenden el camino hacia el poblado de Maras. 

Un pueblo colonial

Las casas de adobe y sus magníficas portadas de piedra labrada los motiva a continuar caminando por sus calles empedradas. 

Se dirigen a la plaza principal y hacen una pequeña pausa para entender la historia de este pueblo que fue fundado a mediados del siglo XV, cuando los españoles expulsaron a los nobles incas de la ciudad de Cusco.

Maras se convirtió rápidamente en un importante centro de abastecimiento de sal de la zona meridional de la sierra de Perú.

Después de atravesar prácticamente la montaña, 4 kilómetros adelante, se encuentran las salineras de Maras, uno de los depósitos más antiguos de sal. Se enteran de que en sus más de 5,000 pozas se extrae la sal, a través de la técnica de condensación, como lo hacían hace más de 600 años los incas.

Después de caminar en la cima de la salinera y atravesar el pueblo de Pichingoto, llegan hasta la camioneta para dirigirse nuevamente a Explora, su campo base.

Pisaq, un santuario inca asombroso

Una nueva aventura los espera. Ahora irán a descubrir la zona arqueológica de Pisaq, uno de los vestigios incas más imponentes del Valle Sagrado.

La caminata inicia en el poblado de Viacha a 3,950 metros de altura. Tras una caminata de 20 minutos, hacen la primera parada en un mirador natural que les muestra el resplandor de aquel sitio.

Continúan cuesta abajo por un camino inca que les va develando los secretos de aquella civilización. Al llegar a la zona arqueológica visitan plazas, templos, piletas y admiran unas monumentales terrazas agrícolas.

Además, desde la zona arqueológica ven, de un lado unas tumbas incas en la montaña y del otro una postal del pueblo de Pisaq.

La exploración continúa por otro angosto camino inca, con un poco de vértigo descubren la cordillera de los Andes y otro grupo de terrazas agrícolas.

Después de 30 minutos, arriban al pueblo de Pisaq. Recorren sus estrechas calles empedradas y visitan el mercado de artesanías.

Con cajas de mate de hoja de coca, tejidos de alpaca y un par de artesanías más se suben otra vez a la camioneta. Tras varios suspiros, todos miran a través de las ventanillas, pues saben que es su última exploración.

Así, entre poblaciones remotas, vestigios arqueológicos y paisajes memorables se descubre el valle Sagrado, una región donde la cultura incaica parece aún florecer.

Aquello viajeros de negocios dejan sus zapatos y ropa de trekking para nuevamente enfundarse en sus trajes y corbatas.

¿Cómo llegar?

Latam Airlines opera siete vuelos semanales desde la Ciudad de México a Lima. Desde la capital peruana, se debe tomar un vuelo, de una hora, a Cusco, operado por la aerolínea sudamericana. 

Además, la compañía aérea cuenta con 21 vuelos semanales desde Cancún a Lima. Latam Airlines fue galardonada como la aerolínea de Sudamérica con la Mejor Experiencia Global de Pasajeros por los Premios 2018 APEX Passenger Choice.