México tiene un camino difícil de transitar para llegar a la Cuarta Revolución Industrial. Este concepto, acuñado por el fundador y presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, hace referencia a una cuarta etapa del desarrollo industrial en el que un conjunto de tecnologías, que van desde la inteligencia artificial y el internet de las cosas hasta la robótica y la biotecnología, convertirá a los sistemas industriales en máquinas inteligentes basadas en la automatización y el análisis de datos.

Si la máquina de vapor fue la base tecnológica de la primera Revolución Industrial; la energía eléctrica de la segunda, y los circuitos electrónicos de la tercera, el Internet de las Cosas (IoT), el análisis de grandes datos, la robótica, la inteligencia artificial y la biotecnología son las tecnologías en las que se basa la operación de la llamada Cuarta Revolución Industrial, cuya implementación da pie a la Industria 4.0.

Pero México no está preparado para que la mayoría de las industrias implemente estas tecnologías y transite hacia esta Industria 4.0. De acuerdo con José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), la razón es que durante 25 años el país renunció a contar con una política industrial y, con ello, al desarrollo de una industria nacional fuerte, que tuviera la innovación tecnológica como mecanismo de crecimiento.

Presente incierto

No se divisa un buen fin de año para la actividad industrial de México. El indicador del Inegi que mide la productividad de la industria, el IMAI, ha registrado 10 meses de caídas consecutivas, ocasionadas sobre todo por la minería y la construcción y un poco menos por la industria de generación eléctrica y transporte de gas y por las manufacturas.

Algo que para De la Cruz es un indicador de que lo que se vive al interior de la industria “es una recesión”.

Según el director del IDIC, si bien el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene la visión de que se necesita desarrollar la industria, este esfuerzo no alcanza a compararse con lo que han aplicado los países de mayor éxito en el desarrollo industrial, como China, Corea del Sur, Taiwán y, en su momento, Alemania. Lo más relevante es que este esfuerzo no empata con las necesidades de la industria 4.0, que constan de un sistema educativo atento a los requerimientos de la industria, la inversión en infraestructura y la reducción de la dependencia tecnológica del país. “Sólo una política de Estado integral, en colaboración con el sector privado y con el sistema educativo, será capaz de permitir que México entre a la Cuarta Revolución Industrial”, dijo De la Cruz.

Potencial

La inercia de la falta de una política industrial ocasionó que las únicas industrias que lograron implementar con éxito su transición a la Cuarta Revolución Industrial, como la automotriz, la aeronáutica o la tecnológica, pertenezcan a empresas extranjeras, cuyos productos en muchos casos no tienen un alto componente nacional. Éstas son las compañías que, por ejemplo, han adquirido buena parte de los 5,500 robots industriales que llegaron a México durante el 2018.

Ricardo Zermeño, director general de Select, consultoría especializada en Tecnologías de la Información y Comunicaciones, dijo que es necesario continuar con el crecimiento de los sectores de manufactura avanzada como la automotriz, la aeronáutica, la electrónica y la de equipo médico, pues son sectores cuya inversión está en buena medida orientada a la exportación. Entre las oportunidades que el analista identifica están los sectores más rezagados, como las pequeñas y medianas empresas de comercio de consumo.

“La cadena de comercio de consumo es la de mayor valor agregado del país, incluso tres veces más valor agregado que el automotriz. En ellas participan tiendas, misceláneas y fabricantes de productos alimenticios que no están actualizados”, dijo Zermeño. 

Sólo 23% de las empresas mexicanas ha sido capaz de transformarse digitalmente, de transitar hacia la Cuarta Revolución Industrial, según Select. Para esta consultora, la resistencia al cambio tanto de las empresas privadas como del gobierno es el principal motivo de que no se dé el paso hacia la Industria 4.0. 

Alternativas

NoMada es una compañía mexicana fundada en el 2008. Hace un año presentó su más reciente producto, el NoTe, un sistema de telemetría que permite a las empresas monitorear en tiempo real sus máquinas y procesos. Esta tecnología se circunscribe al internet de las 

cosas, uno de los pilares de la Cuarta Revolución Industrial. 

NoMada presentó este producto en la feria industrial Hannover Messe en Alemania, y a principios del 2019, estuvo en el pabellón mexicano de la feria de innovación CES de Las Vegas. Fue a partir de estas ferias que comenzaron a llegar a la empresa los contratos de empresas trasnacionales como Volvo, Bombardier y Nissan. Esto, pese a que el objetivo de la compañía, según Ricardo Saucedo, su director, es permitir que industrias de todos los tamaños y que estén rezagadas puedan sumarse a la industria 4.0.

“En el último año se ha registrado un crecimiento de 1,000 a 2,000% de nuestras ventas vinculadas con la industria 4.0”, dijo Saucedo. Para este emprendedor, los sectores más adelantados son el automotriz y el aeronáutico; la industria minera, dijo, es una de las más rezagadas. 

Para José Luis de la Cruz, de IDIC, en estos momentos no están dadas las condiciones para pensar que una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas, como NoMada, puedan ser proveedoras de grandes compañías, sobre todo por la falta de financiamiento y de un marco fiscal adecuado. Es necesario, dijo, un plan sistémico para brindar apoyos a este tipo de compañías, con los que además de dar promoción en otros países se puedan detectar áreas de oportunidad competitiva. “Con este plan sistémico podría reducirse este rezago tecnológico”.