México es uno de los países latinoamericanos que más invierte en tecnología, pero lo hace de forma incorrecta. En lugar de apostar por el desarrollo de software y la adopción de servicios de TI, el país sigue destinando muchos recursos a la instalación de hardware, según Luiz Ferezin, director general de Accenture México.

En México, según el ejecutivo, los sectores público y privado destinan entre 60 y 65% de su presupuesto para el desarrollo de infraestructura en hardware, mientras que países como Holanda, Reino Unido, Sudáfrica y España, han redireccionado buena parte de sus inversiones a los servicios de TI.

México invierte apenas 0.5% de su PIB en labores de investigación y desarrollo (I+D). Si bien esta cifra ha crecido de forma constante, lo ha hecho a una velocidad muy limitada, la aumentar apenas 25 centésimas desde 1996. El 64% de dicha inversión es efectuada por parte del gobierno y las universidades, mientras que 30% lo aportan los negocios, según la Unesco.

Lo mismo ocurre con el valor agregado de sectores como el de las tecnologías de la información y los servicios profesionales científicos y tecnológicos que, según datos de la OCDE, aportan entre 2 y 7% a la productividad nacional, mientras que el sector manufacturero o energético registran valores de entre 17 y 25 por ciento.         

Para Ferezin, esta es una de las razones por las que México no ha podido incrementar su Producto Interno Bruto per cápita de la misma forma en la que China, Portugal o Corea del Sur lo están haciendo y es lo que le ha impedido al país cruzar lo que denomina “el muro digital”.

La relación entre el índice de preparación en red (NRI, por su sigla en inglés) de  139 países y el PIB per cápita de los mismos ofrece una lectura sobre la disparidad económica que hay entre naciones desarrolladas, como Suiza, Holanda, Estados Unidos y Singapur, y aquellas que se mantienen en el subdesarrollo: Sudáfrica, México, Colombia. La disparidad asemeja un muro, una diferencia económica conducida por la capacidad de cada país para explotar las nuevas tecnologías.        

Esta lectura fue la que realizó Ferezin en su libro El muro digital. Acciones disruptivas para impulsar a México, publicado por Grijalbo y Accenture, en el que hace un listado de aquellas tendencias tecnológicas que, según su experiencia, México debe implementar para saltar ese muro socioeconómico.  

Ferezin ha sido director general en México de  la consultoría especializada en tecnología Accenture desde 2006 y por eso se mantiene al tanto de la forma en la que las innovaciones modifican las actividades diarias de las personas y la forma en la que realizan su trabajo.       

El autor propone cuatro segmentos de inversiones en tecnología divididas de acuerdo con el mecanismo que utilizan y la prioridad en la que deben darse. Las primeras son las inversiones obligatorias, como el traslado a los servicios de nube y la seguridad de la información, las cuales, según Ferezin, tienen que ver con la infraestructura básica, “son como los cimientos de una casa”, escribe. 

Las segundas son aquellas que aprovechan el diferencial en costos. Automatización de procesos y digitalización de servicios son algunas de las modalidades que adquiere este tipo de inversión, a la cual debe prestar especial atención el sector gubernamental, ya que esto le servirá para mejorar su gobernanza y darle mayores satisfacciones a sus ciudadanos, de acuerdo con Ferezin.

Les siguen las inversiones que aprovechan el diferencial en la relación con los clientes. Este tipo de inversión tiene que ver con cómo las empresas pueden mejorar la relación con sus clientes y usuarios a través de la tecnología, lo que hará crecer a las marcas y distribuir sus productos de forma más eficiente.

Por último, se encuentran las apuestas selectivas, aquellas que según Ferezin, se refieren a “las inversiones inteligentes y las ideas creativas que pueden ayudar a generar diferenciación”.

“De cada uno de los cuatro grupos se puede revisar qué impacto generan en los clientes contra la inversión que requieren para verificar la relación costo-beneficio. Cada inversión implica un riesgo y es por eso que la mejor manera de elegir es de forma selectiva”, dijo.     

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx