La situación política y económica, el desarrollo de habilidades y la infraestructura de Tecnologías de la Información son los rubros en los que México sale mejor parado para enfrentar la adopción del Internet de las Cosas (IoT), un mercado que a nivel nacional alcanzó en 2016 un valor de 3,300 millones de dólares y cuyas principales barreras en México son la adopción de tecnología por parte de las empresas y la adecuación de su marco regulatorio.

A nivel global, se espera que para el 2020 existan 26,000 millones de dispositivos conectados a Internet, que es la definición más básica del IoT, es decir que los vehículos, las máquinas de la industria y otros elementos electrónicos están conectados entre sí a través de una misma red o de varias distintas por la cual intercambian información. El principal atractivo de esta tecnología es que permite la optimización de los recursos físicos y financieros de cualquier sistema.      

México adolece en prácticamente todos los factores que facilitan el desarrollo del IoT. El país se encuentra a medio camino en todos los indicadores analizados para realizar el índice de desarrollo de soluciones IoT en los países latinoamericanos, elaborado por la consultoría Deloitte por encargo del Centro de Estudios de Telecomunicaciones de América Latina (Cet.la). 

Con una puntuación de 3.65, el país ocupa la cuarta posición en América Latina dentro del índice, detrás de Chile (4.43), Costa Rica (3.90) y Brasil (3.78) y apenas rebasa la media de la región (3.60) cerca de Argentina (3.59) y Colombia (3.55).

México se aleja aún más de sus colegas de la OCDE, como Estados Unidos, España, Estonio y República Checa, que en su mayoría obtuvieron calificaciones superiores a los 4.5 puntos.  

Según cifras de IDC publicadas por 5G Américas, en 2016, el mercado de IoT en México alcanzó un valor de alrededor de 3,300 millones de dólares, esto dio al país 0.41% de participación en el mercado mundial, que registró un valor de 812,000 millones de dólares en aquel año, con Estados Unidos y China como los gigantes de esta tecnología. 

De acuerdo con el estudio de Cet.la, “México se presenta como ejemplo de país en la región” debido sobre todo a que el Instituto Federal de Telecomunicaciones incluyó en su Programa Anual de Trabajo 2017 acciones como la realización de una consulta pública sobre la atribución de las frecuencias que se ubican en el rango de los 24.25 y los 86 GHz, llamadas también bandas altas o milimétricas, las cuales favorecen el acceso de aplicaciones de Internet de las Cosas y la introducción de la red 5G.

El instituto también programó la creación de un catálogo de dispositivos IoT y la realización de dos estudios: uno sobre la estrategia regulatoria para fomentar el desarrollo de IoT en México, el cual serviría para el diseño de un mapa de las directrices regulatorias que puede seguir el regulador para fomentar el desarrollo del IoT en el mediano y el largo plazo, y otro que debe incluir el impacto de servicios  IoT  en  las  redes  de  los  proveedores  de  servicios  de  Internet. Ninguno de estos documentos ha sido difundido por el instituto.

“México debe realizar un esfuerzo extra para desarrollar una regulación  más  actual,  que  sirva  como  base  para  la  innovación  y  la  digitalización  de  las empresas”, refiere el reporte.

Si bien en aspectos como el despliegue de infraestructura (4.05), capacidad de innovar (4.10), situación política y económica (4.44) y habilidades (4.16), el país supera la media de los países de América Latina, la adecuación de un marco regulatorio adecuado para el desarrollo del IoT (2.40) y la adopción de estas tecnologías por parte de la industria (2.87) son lastres que han impedido que el país se coloque al frente de la región.

En este sentido, el reporte indica que la principal fortaleza del país se observa en el uso que hace la población de las tecnologías, frente a la barrera regulatoria la cual se ve reflejada en el tiempo que toman los procesos burocráticos y la adopción de normas nacionales oficiales en la materia y a la falta de adopción de tecnologías como la nube por parte de las empresas, una tendencia que se observa en todo el continente latinoamericano. 

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx