Lo que para algunos fue un sueño hecho realidad, para otros se convirtió en una pesadilla. Lo cierto es que Facebook dejó de existir por un día y no fue culpa de nadie más que de la misma empresa.

La mañana de este lunes 4 de octubre, millones de personas alrededor del mundo comenzaron a notar que sus redes sociales y servicios de mensajería más usados (Facebook, Instagram, Facebook Messenger y Whatsapp) dejaron de funcionar. 

Seguramente algunos le echaron la culpa a su proveedor de internet. Otros, a sus dispositivos viejos y obsoletos y algunos más, a sus interlocutores, que los habían dejado en visto. 

El caso es que las fotos de comida o los nuevos vestuarios no podían ser posteados y los mensajes de amor y las órdenes de los jefes a sus empleados no llegaban a donde debían llegar. 

Facebook había dejado de existir.

Quizá la frase suene exagerada, pero no es así. Eso fue lo que ocurrió. Una actualización que debía ser rutinaria y que, incluso, había sido programada con anterioridad, borró todos los servicios de la compañía fundada por Mark Zuckerberg del mapa de internet.

“Lo que ayer le ocurrió a Facebook  fue que a las 10:40 (hora de México) simple y sencillamente desapareció de internet, cual si hubieran bajado el interruptor principal del data center (centro de datos) o apagado los routers”, me dijo Vicent Molina, director general de la compañía tecnológica T7 International Group.

El bendito protocolo

Pero no fue que Facebook hubiera bajado el interruptor de sus centros de datos ni tampoco apagó sus routers, lo que ocurrió fue que, en términos técnicos, hubo un error humano en la configuración del protocolo BGP (Border Gateway Protocol). 

De acuerdo con Molina, BGP es el protocolo que permite encaminar el tráfico en lo que hoy conocemos como Internet. “Es el protocolo que da vida al Internet tal cual hoy lo conocemos”, dijo.

“Todo el tiempo existen cambios de rutas en internet, lo cual permite que este sea dinámico. Dichos procesos son críticos para los proveedores de contenido y servicios de internet (ISP). Este tipo de cambios en las configuraciones permite a Facebook ofrecer a sus usuarios finales acceso a nuevos servicios, aplicaciones y contenidos. Un error en dichas configuraciones desencadena un problema mayúsculo”, añadió.

Andrés Velázquez, director de la compañía de ciberseguridad MaTTica, lo explica de una forma más ilustrativa: el protocolo BGP es como el Waze o el Google Maps de internet, es decir es el protocolo que permite a los sistemas conectados a internet encontrar la ruta más rápida y eficiente para acceder a la información a la que quieren llegar.

“En este caso lo que sucedió es que Facebook desapareció del mapa y eso hizo que los usuarios no pudieran llegar a los sitios de Facebook”, dijo Velázquez. 

No todo es un ciberataque 

Pese a que para muchos amantes de las teorías de la conspiración, la interrupción de los servicios de Facebook se trató de un ciberataque que algunos han llegado a atribuir al famoso grupo de hacktivismo Anonymous, tanto para Molina como para Velázquez queda claro que no es el caso. 

“Definitivamente no fue un ciberataque, sino un error de la parte de ingeniería y operaciones de Facebook. Los ciberataques buscan las denegaciones de los servicios, así como el secuestro de la información. En este caso el problema fue la accesibilidad y la propagación de la información”, dijo Vicent Molina.

Tanto por los elementos que han sido observados por especialistas externos a Facebook como por la información que ha difundido la propia compañía, para Velázquez no queda duda de que se trató de un error humano en la configuración del protocolo BGP, algo que resulta aún más evidente en el hecho de que la interrupción de los servicios no fue gradual ni intermitente, sino que simplemente dejaron de funcionar.

Facebook desapareció para Facebook

Como suele ser su costumbre, Facebook no dio muchos detalles sobre lo que estaba ocurriendo con sus servicios ni sobre lo que había ocurrido cuando éstos fueron restablecidos, tras más de 6 horas de interrupción, poco después de las 5 de la tarde. 

Primero, la compañía se limitó a pedir paciencia a sus usuarios por las fallas en sus aplicaciones. Hasta el director de Comunicaciones de Facebook, Andy Stone, tuvo que recurrir a su cuenta de Twitter para pedir paciencia a las millones de personas que no podían acceder a Instagram, Facebook y Whatsapp.

De acuerdo con Andrés Velázquez, Facebook desapareció incluso para los propios empleados de Facebook, que no podían acceder a los correos electrónicos de la compañía y ni siquiera a los edificios donde debían arreglar el problema, porque todo está conectado a la misma infraestructura. 

“Tuvieron que ir físicamente al edificio para tratar de reiniciar y configurar nuevamente estos equipos, pero ni siquiera las tarjetas de acceso lo permitían”, dijo.

Para Vicent Molina, esto se debe a que la compañía ha ido integrando sus diferentes servicios y aplicaciones en un ecosistema unificado, por lo que una falla de implementación en el centro (core) de este ecosistema impacta a todos sus servicios, tanto en su interior como hacia el exterior.  

“Si bien esta unificación representa una optimización en la consolidación de los sistemas, es también un grave escenario respecto a la continuidad de negocio, tal como quedó de manifiesto ante esta falla”, dijo.

¿Cuál es la solución?

Para resolver este monumental error humano (estoy seguro de que a nadie le gustaría ser la persona que lo cometió), Vicent Molina dijo que es preciso reconfigurar las rutas del protocolo BGP, lo que permite que los usuarios finales tengan acceso a los servicios solicitados. 

Para evitar que esto vuelva a ocurrir, el especialista recomienda que Facebook implemente mecanismos de gestión alterna para corregir errores en tiempos adecuados, a lo que llama gestión fuera de banda, además de la descentralización de la gestión y operación de las plataformas y la inversión en herramientas y plataformas avanzadas enfocadas en prevenir y solventar de forma autónoma en los incidentes como el ocurrido

De acuerdo con Velázquez, seguramente Facebook ni siquiera tenía contemplado en sus planes de respuesta a incidentes el hecho de que algo así pudiera ocurrir, lo que se convierte en una lección de aprendizaje tanto para Facebook como para otras organizaciones que, seguramente, comenzaron a preguntarse: ¿Qué habría ocurrido si algo así me hubiera pasado a mí? 

Quizá Facebook perdió más de 47,000 millones de dólares en su valor de mercado. Tal vez muchas personas se vieron afectadas porque los servicios de Facebook sirven para autentificar su identidad en otras aplicaciones o porque las aplicaciones de la compañía les sirven para coordinar sus empleos y las operaciones de sus empresas. Puede ser que quienes padecen nomofobia (el miedo irracional a no estar cerca de su teléfono móvil y con ello, de Whatsapp) sufrieran crisis existenciales insoportables. Pero la realidad es que el mundo no se acabó, ni comenzó el Apocalipsis, ni se desató el caos social el día en que Facebook dejó de existir, al menos por unas horas.    

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx

kg