Suiza fue el país más rápido. En el 2008 inyectó capital en UBS en forma de bonos obligatoriamente convertibles, pero un año después ya estaba fuera. Visto y no visto. El país helvético no tiene en propiedad ni una sola acción de ninguno de sus bancos como resultado de la crisis financiera. Letonia tampoco tiene un mal palmarés. Las autoridades rescataron Parex Banka al comienzo de la tormenta y dos años después ya se habían salido del banco bueno que crearon con él.

No puede decirse lo mismo de muchos otros países europeos. Alemania, por ejemplo, arrastra desde el 2008 una participación de 15% en el capital del segundo banco del país, Commerzbank, resultado de las ayudas que le dio para comprar Dresdner Bank; tiene otra de 20% en Deutsche Pfandbriefbank y una tercera de 89% en HSH Nordbank.

Reino Unido, Holanda o Islandia también son accionistas de bancos a los que ayudaron en el 2008 y en varios casos no cuentan con estrategias claras de salida. Y hay más. Sólo cinco de los 28 bancos europeos significativos que fueron intervenidos durante la crisis han vuelto a manos privadas, según el recuento de Standard & Poor’s en un listado que no incluye operaciones más pequeñas, como Catalunya Banc. “La salida del capital de los bancos rescatados por parte de muchos gobiernos europeos puede llevar muchos años”, señala la agencia de rating.

VENTA EN EL PRIMER TRIMESTRE

Bankia es uno de los nombres de la lista, al igual que BMN. Ahora las dos entidades son una sola, pero la diferencia es que España tiene que abandonar el capital de un banco más grande y no de dos más pequeños. “El gobierno venderá probablemente otro 15 o 20% en el primer trimestre del 2018”, afirma Standard & Poor’s, pero eso significa que quedará todavía un mínimo de 41% por vender.

Y no hay planes precisos para ello, hasta el punto de que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), el dueño de la participación estatal en Bankia, no descarta ampliar el plazo para salir del capital más allá del 2019, la fecha comprometida con Bruselas en el rescate financiero. De hecho, ni siquiera la venta del paquete previsto para el primer trimestre es algo cerrado. El gobierno se lo comunicó a los inversionistas a finales del año pasado como proyecto, condicionado a la evolución en Bolsa de Bankia y a la recepción que tuviera el plan del banco.

Tampoco el Reino Unido tiene un plan cerrado para la venta de la totalidad de 73% que todavía le queda de Royal Bank of Scotland. Lo mismo le sucede a Irlanda con AIB Group, TSB o Bank of Ireland.

Esta situación se da a pesar de que no sólo Bankia tiene a la Comisión Europea vigilando su espalda para que la privatización se realice en un plazo determinado. Son varios los países a los que Bruselas ha impuesto un calendario concreto de salida entre las condiciones para aprobar los rescates estatales, aunque algunos han negociado ya aplazamientos sobre las fechas previstas, como haría España en caso de irse más allá del 2019.

Otras naciones apuran los plazos hasta el límite. Alemania está en ello. Tiene hasta el fin de febrero para vender 89% que posee desde el 2009 en HSH Nordbank. Eso sí, está muy cerca de ello. El banco mantiene negociaciones exclusivas con J. C. Flowers y Cerberus para que sean sus nuevos dueños.

“Estos retrasos reflejan las dificultades para rehabilitar verdaderamente los bancos, dado el grado de problemas en la calidad de los activos que muchos han afrontado, pero también el duro y cambiante entorno de ganancias (...) que ha llevado a modificaciones en los modelos de negocio”, resume Standard & Poor’s como explicación de las dilaciones en la venta de las participaciones estatales.

No es la única razón. Como el Ejecutivo puede hacer con Bankia, “muchas veces los gobiernos están simplemente esperando al mejor momento para recuperar el máximo de dinero de lo que invirtieron”, añade la agencia de rating, que recuerda que Suecia tardó 21 años en salir definitivamente del capital de Nordea.