El desempeño de los mercados financieros se ha caracterizado por una elevada volatilidad desde que Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero. Este conflicto geopolítico se ha posicionado en el centro de la agenda con el mercado siguiendo segundo a segundo su evolución. Inmediatamente tras la materialización de las acciones bélicas rusas, el sentimiento de los inversionistas se deterioró, detonando un fuerte apetito por activos de refugio, aunque en las últimas sesiones la esperanza de un avance diplomático ha brindado un ligero respiro.

Los metales como el oro y el paladio registraron un rally hacia máximos históricos, mientras el dólar se fortaleció, repuntado a máximos de julio de 2020. En específico, el índice DXY —comúnmente utilizados para aproximar la divisa norteamericana— ha acumulado ganancias de 2.5% desde el inicio de la guerra. La operación de los Treasuries ha fluctuado entre presiones y respiros, mientras las bolsas mantienen un balance negativo. Por su parte, el rublo ruso se ha depreciado -30% incorporando las sanciones impuestas por países occidentales.

Vale la pena señalar que Rusia juega un papel relevante en la exportación de energéticos y metales, mientras que Ucrania es un importante proveedor de granos. Por ende, los temores de una profunda escasez en el corto plazo impulsaron a todo el espectro de commodities a máximos multianuales, agudizando la operación en backwardation de las curvas de futuros —precios spot mayores a futuros—. En este sentido, destacaron las restricciones a las importaciones de crudo y gas ruso en medio de balances ampliamente estrechos en el mercado energético.

Con ello, las principales referencias de crudo, el WTI en EU y el Brent en Europa, alcanzaron máximos desde 2008 de 130 y 139 dólares por barril, respectivamente, acumulando un rally de -30% desde el 24 de febrero y moderándose a +15% tras comentarios de Emiratos Árabes Unidos señalando la necesidad de incrementar la producción a un ritmo más acelerado. Esta situación incrementó los riesgos al alza para la inflación, lo cual ya era el eje central de las discusiones al interior de los bancos centrales. Bajo esta coyuntura, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, favoreció un escenario de alza de 25 puntos base para la reunión que sostendrán esta semana, en línea con las expectativas del mercado. También señaló que el inicio del ciclo restrictivo hará frente a las presiones inflacionarias considerando una economía fuerte en niveles de máximo empleo que podrá soportar el alza del crudo.

La ola de aversión al riesgo ha generado una venta masiva de bonos y acciones de economías emergentes, aunque sin superar el episodio de salidas durante la pandemia. Para México, en particular, los flujos negativos se han concentrado en los bonos. Con ello, las tasas nominales han ajustado +50 puntos base desde el 24 de febrero. En tanto, el peso mexicano ha sido de las divisas en LATAM más afectadas, alcanzando hasta 21.46, estabilizándose cerca de 21.00. Así, la moneda se ha depreciado 3.2% contrastado con la operación del peso colombiano y el peruano con ganancias de 1.8%, mientras el real brasileño solo marca una caída de 0.4 por ciento.

Por último, el desempeño del IPC se ha separado de las referencias internacionales, acumulando un rendimiento de 4.2% respaldado por una valuación atractiva y un balance de resultados favorable en el 4T21. Sin duda, la volatilidad continuará siendo una constante en los mercados financieros con cada noticia adicional sobre un avance o retroceso en los acuerdos diplomáticos como un catalizador en la dinámica de precios.

*La autora es subdirectora de Renta Fija, Tipo de Cambio y Commodities de Grupo Financiero Banorte.