Las ganancias millonarias producto del mercado de las drogas en México hace que el sistema legal sea incapaz de reprimir o regular el comercio de estupefacientes y promueven que la estrategia mexicana sea mantener a raya, en la zona fronteriza, el clima de ilegalidad y violencia, expuso la agencia de inteligencia global Stratfor.

El director de esta consultoría, George Friedman, detalla a través del artículo La Estrategia de México que la cocaína, marihuana y otros narcóticos se envían de México a Estados Unidos a un costo bajo y luego el precio de los productos se eleva sustancialmente debido a la ilegalidad; ello genera un mercado muy atractivo para los narcotraficantes que se pelean el dominio de la frontera.

Este factor crea un flujo sustancial de riqueza en México y aunque el tamaño de entrada es difícil de calcular, se estima que al año se obtienen de este mercado unos 40,000 millones de dólares. La venta de los narcóticos representa 11.4% más que las exportaciones totales, si se toma en cuenta que el margen de utilidad de las drogas es de 80 contra 10% de ganancias de los productos industriales legales.

Estas ganancias crean un problema estratégico para el país, pues teniendo en cuenta el dinero que hay en juego y que el sistema legal es incapaz de reprimir o regular el comercio, la frontera ha vuelto a ser una región de la guerra en curso entre grupos rivales para controlar el movimiento de narcóticos en Estados Unidos. En gran medida, los mexicanos han perdido el control de esta zona fronteriza.

Desde el punto de vista mexicano esta situación es manejable, pues la frontera es distinta al resto del país y mientras la violencia no abrume al corazón de México, ello es tolerable.

Stratfor expone que el ingreso de dinero no ofende al gobierno, más aun tomando en cuenta que no tiene recursos suficientes para reprimir la trata de personas y garantizar seguridad a la población.

La estrategia de México, refiere la consultoría, es intentar bloquear la expansión de la ilegalidad hacia el centro del país, aceptando con ello que exista una zona sin control legal en donde históricamente no la ha habido.

ana.langner@eleconomista.mx