México registra un aumento en la producción y trasiego de metanfetaminas, revela el más reciente informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), órgano de las Naciones Unidas.

El informe del 2015 de esta oficina de las Naciones Unidas, encargada de supervisar la implementación de los acuerdos en lo referente a las drogas ilegales, recoge que las autoridades estadounidenses han declarado que la mayor parte de la metanfetamina que circula en Estados Unidos se fabrica en México.

Si bien mayoría de la metanfetamina que se introduce de contrabando en la Unión Americana se encuentra en forma de polvo o cristal; cada vez es más frecuente que la droga entre en el país clandestinamente en forma líquida, tras haber sido diluida en un disolvente para dificultar su detección.

En consonancia con esa tendencia, el volumen de metanfetamina incautada en México en el 2014 se situó en 19.7 toneladas, lo que representa un incremento de más de 34% con relación a la cifra del 2013.

El país también notificó un aumento en el número de laboratorios de metanfetamina desmantelados: en el 2014, se desbarataron 131 clandestinos, principalmente en los estados de Guerrero, Michoacán y Sinaloa.

Además, la JIFE observa que México es uno de los países de origen de la metanfetamina cristalina incautada en Asia oriental y sudoriental, en Oceanía. El texto indica asimismo que las incautaciones de metanfetamina en la frontera con EU se han incrementado por un factor de tres desde el año 2009 .

En respuesta a ello, los métodos de tráfico de los grupos criminales mexicanos se han vuelto cada vez más sofisticados, con el fin de evitar ser detectados. La metanfetamina está siendo diluida, lo que hace que la droga sea más difícil de detectar.

La JIFE observa a su vez que el narcotráfico se ha convertido en una amenaza mayor a la seguridad en el continente y contribuye a un mayor consumo de estupefacientes en los países que participan en la producción y tráfico.

ana.langner@eleconomista.mx