México no está haciendo lo suficiente para cumplir con sus compromisos ante el Acuerdo de París, cuyo objetivo global es mantener el incremento de la temperatura de la tierra por debajo de los dos grados centígrados, respecto de los niveles preindustriales y buscar esfuerzos para limitar el aumento a 1.5 grados.

Si bien es uno de los países del G20 que en 2020 espera tener un mayor declive en la emisión de gases de efecto invernadero, con una disminución de hasta 12%, si se analizan las emisiones del país en los últimos años, se observa que éstas han mantenido una tendencia al alza, con un incremento de 63% entre 1990 y 2017, registrando en ese último año 742 millones de toneladas de dióxido de carbono-equivalente, lo que posiciona a México, lejos de la trayectoria de emisiones requeridas para alcanzar el escenario de 1.5% grados, señalado en el Acuerdo de París.

Mariana Gutiérrez, integrante de Iniciativa Climática de México (ICM), planteó que, incluso, cumpliendo con el nivel de ambición (metas) de los compromisos climáticos de México presentados en las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (CND) de 2016, las emisiones mexicanas aún se encontrarían lejos del rango requerido al 2030, ya que éstas deberían estar en alrededor de 340 millones de toneladas de dióxido de carbono-equivalente, lo que, en caso de no lograrlo, haría aún más difícil alcanzar el nivel de emisiones necesaria para 2050.

Eso coincide con otros análisis que indican que las metas de México, contenidas en las CND de 2016, no se encuentran en la trayectoria de 1.5 grados y también señalan que existe bastante espacio para aumentar la ambición y alinear las emisiones a un escenario de 1.5 grados centígrados.

Para ello, según la integrante ICM, que es una organización de la sociedad civil especializada en temas de mitigación de cambio climático, las emisiones de dióxido de carbono deberían de estar 45% debajo de los niveles de 2010 y alcanzar las emisiones netas cero al 2050.

La especialista indicó que, si hacemos un acercamiento a las emisiones de dióxido de carbono vinculadas a la energía, notamos que el declive de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que muestra México puede ser temporal, debido al apoyo sostenido que se les ha dado a los combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas.

En ese sentido, llamó la atención en que la distribución sectorial de las emisiones se ha mantenido constante durante la última década, aunque ha tenido una ligera disminución en las emisiones  en los últimos dos años.

De acuerdo con la experta, las principales emisiones de GEI son las de dióxido de carbono, que resultan de los procesos de combustión y, en el caso de México, el transporte y la generación de electricidad contribuyen con 35% y 27% de las emisiones, respectivamente.

Por eso considera que, en el caso del compromiso para el retiro del carbón de la matriz energética, como se ha planteado el G20, México camina en sentido opuesto.

Nuestro país es integrante desde 2017, de la Powering Past Coal Alliance (un grupo de 104 naciones, ciudades, regiones y organizaciones que tienen el objetivo de acelerar la eliminación gradual de los combustibles fósiles fuera de las centrales eléctricas a carbón), sin embargo, no ha diseñado un plan, ni para la salida, ni para la sustitución progresiva del carbón.

De hecho, en el país ya se anunció la compra de más carbón, así como la modernización de plantas. Incluso, recientemente se informó sobre la creación de una nueva generadora de electricidad que utilizará ese combustible y tendrá capacidad de 1,400 megawatts.

Si se analiza la matriz energética de México, se aprecia que actualmente las fuentes fósiles representan 89% de la oferta primaria de energía, siendo uno de los niveles más altos de las economías del G20, incluso, aún  con la penetración de energías renovables a partir de 2013, la matriz energética aún no refleja un cambio importante, principalmente por la penetración de gas natural que representa 37%  de la matriz  energética, frente al 6% de renovables e hidroeléctricas.

Acciones de reactivación económica posCovid en México apoyan las industrias contaminantes 

De acuerdo con el Reporte de Transparencia Climática 2020 y el diagnóstico sobre México, elaborado por Iniciativa Climática de México en coordinación con Climate Transparency, en el país, la participación de las energías renovables incluyendo las hidroeléctricas en la generación de la electricidad, se encuentra  entre los niveles más bajos del G20, con un incremento de 3% entre 2014 y 2019, mientras que en el G20 se incrementó 20 por ciento.

Lo preocupante es que las medidas enfocadas a la recuperación económica tras la pandemia de la Covid-19 en México apoyan las industrias contaminantes o carecen de prevención del cambio climático.

El documento destaca que, desde 2019, México es el segundo país que más subsidios destina a los combustibles fósiles, después de China. Ha destinado 17 billones de dólares en subsidios a fósiles como petróleo y gas, principalmente vía Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Concretamente, se han destinado 12.5 billones de dólares a petróleo, 2.6 billones a gas natural y dos billones a electricidad generada con fuentes fósiles. 

Se prevé que habrá un incremento en la generación de energía eléctrica, a través de gas natural, ya que en el anexo 16 del Presupuesto de Egresos de la Federación establece 73% del presupuesto al transporte de gas natural, que son 40.8 millones de dólares de 55.6 millones de pesos destinados a la atención al cambio climático.

En ese sentido, Álvaro Umaña, socio fundador de Climate Transparency afirmó que la política energética de México es inconsistente con los acuerdos de París sobre el cambio climático y cuyo objetivo global es mantener el incremento de la temperatura de la tierra por debajo de los dos grados centígrados, respecto de los niveles preindustriales.

Dijo que debería de continuar con las subastas de energía renovable en lugar de recentralizar al sector energético alrededor de los combustibles fósiles.

“Fortalecer las subastas de energía renovable a nivel subregional fortalecería al sector y apoyaría al desarrollo limpio obviando las barreras regulatorias a nivel nacional”. 

Actualmente, México está en un proceso de revisión de sus compromisos nacionales y esperamos que pueda aumentar su nivel de ambición para poder cumplir con los objetivos de París, abundó.

Por su parte, Jorge Villarreal Padilla, especialista en gestión energética y medio ambiental de FLACSO, destacó que los países del G20 representan más de 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero y más de 86% de las emisiones totales en el mundo.

El especialista indicó que 2020 es un año de inflexión debido a que la pandemia de Covid-19 ocasionó una contracción de la actividad económica que se reflejó en la emisión de contaminantes.

En ese sentido, expuso que la recuperación después de la crisis actual será determinante para identificar cómo vamos avanzando en la descarbonización de los países y si van a cumplir o no con el acuerdo de París.

Este punto de inflexión tambien es una oportunidad, pues debido a la pandemia, las emisiones de gases de efecto invernadero de las economías del G20 disminuirán en un rango de 4 y 9% en este año  y en el sector de energía se espera que decrezcan 7.5%, indicó.

Pero no sólo decrecen por la pandemia, sino por las políticas que se han venido implementando previo a la Covid-19, gracias a una mayor penetración de energía renovable  y eficiencia energética en estas economías, las emisiones del G20 relacionadas con el sector energético disminuyeron por primera vez en 0.1% en 2019.

Esa situación coloca al planeta en una coyuntura importante, siempre y cuando se tomen las decisiones adecuadas, de lo contrario, volveremos a crecer en materia de emisión de contaminantes a las tasas con las que se ha estado creciendo en los últimos años, antes de 2020 y que ocasionen que la temperatura de la tierra se incremente.

Mariana Gutiérrez expuso que, para México es importante atender el cambio climático, porque sus efectos en el territorio están generando altísimos costos sociales  y económicos.

En el país, cada año se registran 126 fallecimientos a causa de los efectos asociados a este fenómeno y se pierden tres billones de dólares (es decir, unos 28,000 millones de pesos) por eventos meteorológicos.

Eso quiere decir que, cada año perdemos nueve de cada 10 pesos planeados para el gasto total del sector ambiental federal.

Además, si alcanzamos un escenario de aumento de tres grados centígrados implicaría que en México tendríamos 110 días al año con temperaturas superiores a los 35 grados centígrados afectando los sistemas productivos y agravando los sistemas de escasez hídrica que ya estamos viviendo.

Mientras tanto, si lográramos limitar el incremento de la temperatura a 1.5 grados  centígrados, podríamos evitar el 70% de los impactos en la agricultura, el agua o la salud.

diego.badillo@eleconomista.mx

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