Una de las características más notables de la campaña electoral 2017 del Estado de México es que tres mujeres buscan ser gobernadoras de la entidad. Es un hecho inusitado en sí mismo: tres féminas -la panista Josefina Vázquez Mota, la independiente María Teresa Castell y Delfina Gómez, de Morena - frente a tres hombres: el priista Alfredo del Mazo Maza, el perredista Juan Zepeda y el petista Óscar González. Por primera vez en una elección local nos encontramos con paridad de género en los candidatos a una gubernatura.

Hasta hoy, sólo tres mujeres habían sido candidatas a la gubernatura mexiquense. La primera, en 1981, María Trinidad Villegas, por el Partido Socialista de los Trabajadores; la segunda, en 1993, Natalia Barrera, por el PVEM; la tercera, la entonces perredista y hoy miembro de Morena, Yeidckol Polevnsky, en el 2005. En el 2011, ninguna mujer fue postulada.

Singular es también que sean tres las candidatas en el Estado de México, una de las entidades más tradicionalistas, donde 72% de los hogares cuenta con un jefe de familia varón, pero cuya población femenina rebasa por casi 500,000 personas a la masculina. Según el último conteo del Inegi del 2015, en el Estado de México viven 8 millones 353,540 mujeres, frente a 7 millones 834,068 varones, es decir 51.6% frente a 48.4% respectivamente

Una peculiaridad de las mexiquenses es que son más participativas a la hora de ejercer el voto. Los datos de las elecciones federales del 2009, 2012 y 2015 señalan que de los 11.2 millones de electores, el promedio de votación de las mujeres era de 60.5%, casi 11 puntos más que los hombres.

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Las mujeres se concentran en los municipios de Ecatepec, más de medio millón; Netzahualcóyotl, un poco más de 400,000, Naucalpan, 362,000, Toluca, 280,000, y Tlalnepantla, 261,000. Los índices de violencia contra las mujeres se concentran en esos cinco municipios, más Chalco, Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli, Ixtapaluca, Tultitlán y Valle de Chalco.

Como vemos, en las grandes concentraciones urbanas es donde hay más mujeres, pero también es donde más se les agrede: 43.2% de las mujeres ha sufrido algún tipo de intimidación, abuso sexual o agresiones físicas en el espacio público.

Feminicidios, el problema que no termina

El Observatorio Ciudadano en contra de la Violencia y Desaparición en el Estado de México refiere que hubo 410 feminicidios en la entidad en el 2015, 17% del total nacional, según notas periodísticas, aunque el gobierno estatal sólo reconoce 60 casos. En el 2016, según la misma organización, la cifra descendió a 263 feminicidios, la gran mayoría, ocurrida en Ecatepec.

Por lo que toca a violaciones, en el 2015 hubo 2,148 denuncias, según cifras del Secretariado Técnico de Seguridad Nacional. En enero y febrero de este año, se registraron 302 denuncias de violación y abuso sexual.

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La investigación de los crímenes contra mujeres no ha sido prioridad para el gobierno mexiquense, pues no hay una atención integral del fenómeno, aunque las cifras descienden gracias a la intervención federal.

No sólo son los feminicidios ni la inseguridad, las condiciones socioeconómicas de las mexiquenses son precarias y por ello resulta también interesante que sean tres las candidatas a gobernar una entidad que muestra el mayor índice de violencia contra las mujeres, de inequidad de género, y hasta de desigualdad salarial.

En materia de desempleo, el Estado de México ocupa el segundo lugar en mayor tasa de desocupación, que ronda 4.8 por ciento. Del total de desocupados, según el Inegi, tres cuartas partes son mujeres. Y por lo que hace a la desigualdad laboral, en promedio, las mujeres ganan 28.74 pesos, mientras que un hombre, 32.14 pesos. El ingreso promedio mensual de las mujeres en el Edomex está entre 4,000 y 4,500 pesos, mientras que el de los hombres es de 6,000 pesos, según datos de la Secretaría del Trabajo del Estado de México.

Quizá por saber que las mujeres son el principal mercado electoral, porque son más participativas, y ante la necesidad de asegurar un voto más, las promesas de campaña incluyen propuestas de género como mejores salarios, guarderías, préstamos y la erradicación de feminicidios.

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Más allá de los discursos, ¿qué tan comprometidas están las tres candidatas con las políticas de género? Por lo que toca a Delfina Gómez, la que hoy interesa, por lo menos su historia personal indica una lucha de género constante.

En realidad, con todo y el avance que significa que tres mujeres estén en las boletas electorales, ellas mismas serán víctimas de la cultura política.

Según sondeos, Delfina Gómez está muy cerca de Alfredo de Mazo en preferencias electorales, o lo rebasa, como lo revelaron los resultados presentados en abril por Consulta Mitofsky (24.4%), Reforma (29%) y SDP Noticias (31.2 %), siendo este último sesgado. Josefina Vázquez Mota generó expectativas en un principio, pero consistentemente las mediciones la ubican en un tercer lugar.

La prospectiva es que del Mazo gane la gubernatura, aunque sea por un pelo de rana. Pero dadas las circunstancias, Delfina Gómez tiene también posibilidades de ganar, no así Josefina Vázquez Mota ni María Teresa Castell. Es la primera vez que una candidata tiene posibilidades de ganar la gubernatura del Estado de México. Como sea, Delfina Gómez es un hito, gane o no la elección.

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Si atendemos al escenario tendencial: que gane Alfredo del Mazo, ¿qué podemos esperar de las políticas de género? La visión del priista es conservadora, ya lo dejó claro en la entrevista dada a Gabriela Warkentin, en donde afirmó que está en favor de la familia tradicional, y si bien esto puede ser del gusto de una parte de los mexiquenses, el desempeño del PRI en materia de seguridad social, pública y de cuidado de los más vulnerables de la sociedad -mujeres, niños, adolescentes y personas de la tercera edad– deja mucho qué desear.

Por lo que toca a los millennials -los electores de entre 18 y 36 años que representan 45% del padrón, algo así como 5 millones de personas-, en su tercera parte ya se decantaron en favor de Delfina Gómez. No sabemos qué tan diferente sería con Delfina Gómez como gobernadora, pero seguramente habría más interés en cuestiones de género.

A menos de un mes de la jornada electoral mexiquense, la disputa se halla entre el candidato del PRI y la candidata de Morena. Recuerda un poco el escenario de la elección en Francia; claro, con mucha menos estridencia.

En esta ocasión, los resultados impactarán, como sólo ocurrió en el 2011, en las elecciones presidenciales. Si gana el PRI la gubernatura, existiría una cierta esperanza de que no está todo perdido para el grupo Atlacomulco ni para el PRI y que al menos lograron conservar su bastión para negociar una salida digna y poder reconstruirse por polos regionales. Si gana Delfina, las alianzas entre el PRI (más sus corifeos), el PAN y el PRD, a la luz y en lo oscurito, van a estar a la orden del día, con tal de impedir el avance de AMLO, lo que, pese a todo, parecería inexorable. Todo puede pasar.

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