Tlahuelilpan, Hgo. Ha pasado un mes desde la tragedia. El aire que circula por la zona cero trae consigo aún la peste de gasolina, uno que se entremezcla en ocasiones con el aroma a yerba.

El suelo aún no se recupera del fuego, todavía está tiznado; en ciertas partes luce árido, una imagen que contrasta con los alrededores rebosantes en verde.

A lo largo de la zanja cercana al ducto de Pemex que explotó tras ser picado por huachicoleros hay cruces que recuerdan a casi puros hombres que arriesgaron la vida.

Tlahuelilpan, en su generalidad, luce así como el suelo de la zona cero: triste y partido.

Los familiares de las personas que fallecieron tras la explosión de la toma clandestina aún reclaman ser asociados con criminales y exponen que la tragedia en gran parte se causó por el desabasto de combustibles que se suscitó en vísperas de la explosión, tras la implementación de la estrategia antihuachicoleo del gobierno federal.

En contraparte, autoridades municipales y federales sostienen que no hay excusa para que los pobladores acudieran a la toma clandestina a llevarse algunos litros del refinado que brotaban del ducto.

El esposo de Julia fue uno de los hombres que fallecieron a causa de las graves quemaduras.

La mujer de unos 40 años, piel tostada y ojos oscuros, quien ha solicitado mantener en anonimato su verdadero nombre, le brota la tristeza de manera inmediata al recordar la tarde del 18 de enero, no sólo por la pérdida de su esposo, sino porque tras los hechos y al saberse que sería beneficiaria de un apoyo emergente para las víctimas de la explosión consistente en la entrega de 15,000 pesos en efectivo, fue asaltada en su domicilio por un hombre que buscaba hacerse de algo de su hogar.

Pasado el momento, Julia, quien acudió a entregar el acta de defunción de su esposo al centro del poblado, recupera el semblante y sostiene que su cónyuge no era un huachicolero, que su presencia en la zona cero en el kilómetro 226 de la carretera Tlahuelilpan a Teltipán, se debió más que a codicia, a la búsqueda de combustible para seguir ganándose la vida.

“No había gasolina aquí en la gasolinería, un día antes (de la explosión) tuvimos nosotros que ir hasta Progreso porque nosotros teníamos que ir a trabajar y decía él (su esposo) no hay gasolina y le dijimos a nuestros conocidos que si alguien conocía dónde había gasolina, que nos avisaran.

“Nosotros les decíamos a los vecinos que si alguien sabía dónde había gasolina pues que nos echaran un grito. Entonces él estaba friendo, porque nosotros nos dedicamos a vender papas y chicharrones, vamos al día, estábamos friendo y cuando veo, todos se alertaron y empiezo a ver el movimiento; entonces él me dijo (su esposo) me va a acompañar el niño, mi hijo de 14 años, sólo nada más (voy por combustible) para ir a trabajar, me dijo; él llevaba sólo un bote de 20 litros y unas botas de riego”, relata.

Su hijo resultó ileso debido a que su esposo tuvo la precaución de pedirle que se quedara en las cercanías de la zona de la fuga, recomendación que no acató él mismo.

Por su parte, el comandante Ángel Barañaro Guerrero, jefe de Protección Civil del municipio hidalguense y jefe de la Estación de Bomberos, es enfático al decir que no hay excusas para la presencia de los pobladores, ya que la mayoría de las personas que resultaron afectadas no tenían un automóvil.

No obstante, no todo es un reclamo a la población. El bombero, con una trayectoria de 20 años, recuerda el 18 de enero como un día en el que también la burocracia fue un impedimento para salvar algunas vidas.

El hombre robusto, que muestra en su rostro más de cuatro décadas de vida, indica que tras la explosión, pese a que la agrupación que dirige se encontraba lista para actuar, se le impidió tratar de apagar el fuego debido a que al ser un ducto de Pemex y al ser considerada zona federal, se le indicó por parte de los policías y militares que se encontraban en la zona cero que no podrían ingresar hasta que se encontrara personal de Pemex.

Pasadas dos horas, relata, el personal especializado de Pemex llegó, para entonces su gesticulación cambia a una de incredulidad al señalar que el personal de la petrolera arribó con dos camiones de bomberos similares al suyo, mismos que, afirma, nunca lograron servir por lo que después se le dio la autorización de actuar.

Las cifras duras le corresponden al gobierno federal. El delegado federal para Hidalgo de la Secretaría de Bienestar, Abraham Mendoza Zenteno, refiere que hay 149 familias que se han censado y que recibirán el apoyo de 15,000 pesos para gastos de emergencia que dispuso el gobierno para apoyar a las familias.

El delegado refiere, sin embargo, que todavía no hay cifras definitivas para el número de afectados ya que se sigue con el conteo y para el cual aún no hay fecha de conclusión.

Con los números a la mano en su oficina ubicada en la planta alta de la Casa de Cultura del municipio, coincide con quienes lo antecedieron en sus apreciaciones: la tragedia ha enlutado a Tlahuelilpan; hoy está triste.