María es una niña centroamericana de una familia compuesta por cuatro hermanos que fue víctima de migración forzada por causa de violencia. Su padre tenía un papel muy activo en su comunidad: se ofrecía a transportar personas al hospital en casos de emergencia, entre otros roles de ayuda a sus vecinos. Un día, él y otros líderes comunitarios se enteraron de que una pandilla se había instalado en su poblado y había establecido medidas de control territorial. Manifestaron su descontento y abiertamente se opusieron. Vinieron una serie de amenazas, las cuales escalaron hasta que lo asesinaron. El drama no terminó ahí, más bien comenzó. El hostigamiento a la familia continuó y finalmente todos sus integrantes tuvieron que salir huyendo.

El hecho ilustra un informe sobre desplazamiento forzado interno por violencia en el Salvador, Guatemala y Honduras realizado por el Sistema de Monitoreo de Desplazamiento Forzado en el Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA) que le pone cifras al fenómeno de la migración en esta parte del planeta.

También ilustra la crisis humanitaria de la emergencia migratoria en la región, que se traduce en más de 678,000 personas desplazadas, la mayoría buscando llegar a Estados Unidos y que ahora protagonizan una crisis humanitaria en la frontera sur de México, luego de que el gobierno federal decidió endurecer sus políticas hacia los migrantes en tránsito.

De acuerdo con cifras del gobierno de Estados Unidos, de octubre de 2017 a septiembre de 2018, fueron detenidos en su frontera sur 521,090 migrantes de diferentes regiones del mundo, pero en su mayoría de Centroamérica, con un promedio mensual de 43,424.

En tanto de enero a mayo de 2019 se registró un incremento importante en el flujo de personas migrantes hasta su frontera, pues en ese lapso fueron detenidos 492,307, con un promedio mensual de 98,461. Tan sólo en el mes de mayo la cifra alcanzó 144,278, lo que quiere decir que hay una inusual tendencia creciente del fenómeno.

Esa situación fue el argumento usado por el presidente Donald Trump para presionar a México y obligarlo a endurecer el control de migrantes en su frontera sur, con la amenaza de que, si no lo hacía, impondría impuestos especiales a sus exportaciones a ese país.

Pero ésta es sólo una parte del problema, la otra son los migrantes que se estrellan contra un muro material o virtual, como el que ha puesto México en su frontera y genera el otro fenómeno de la migración: el de los desplazados en retorno. Entre 2017 y 2018 al menos 164,00 migrantes retornaron a sus lugares de origen, a los mismos de los que se fueron porque no aguantaban más seguir viviendo ahí.

La migración desde Centroamérica crece a pasos agigantados

De acuerdo con el Atlas de las Migración en los países del norte de Centroamérica, elaborado por CEPAL y FAO, en esa región del mundo la migración actual es más compleja que la de antaño.

Sin embargo, ahora uno de los mayores problemas es que aumentó el número de migrantes en tránsito, retornados, menores no acompañados y solicitantes de refugio, así como la cantidad de familias completas y de caravanas con alta vulnerabilidad que transitan por México (por lo menos hasta el 7 de junio pasado cuando México endureció su política migratoria) y por los países del Norte de Centroamérica.

En abril pasado, el Sistema de Monitoreo del Desplazamiento fForzado en el Triángulo Norte de Centroamérica (NCA) elaboró un estudio sobre las caravanas hacia Estados Unidos que en los últimos meses han salido de Honduras con la intención de llegar a Estados Unidos, según el cual, 60.3% dice que migra por hechos de violencia, 39.1% por razones económicas y 0.6% por razones familiares.

En este ejercicio le preguntaron a los migrantes ¿quiénes provocan la migración? 62.2% respondió que pandillas en general y 13.1% a narcotraficantes y 4.1% a miembros de seguridad del Estado.

Por otra parte, 22.7% viajan solos, 19.3 con una persona más, 38.7 con entre dos y cinco personas más. 87% tiene como objetivo llegar a Estados Unidos y 8% establecerse en México.

Para la CEPAL y la FAO, existen varios factores que explican esta intensificación y mayor complejidad de la migración.

El principal es la pobreza en los países de origen, especialmente en el caso de Honduras y Guatemala, que presentan índices de pobreza del 74% y el 68% respectivamente. Los emigrantes del NCA provienen fundamentalmente de sectores rurales, sobre todo en Honduras y Guatemala, donde los índices de pobreza rural alcanzan el 82% y el 77% respectivamente.

La extrema vulnerabilidad —en especial en las zonas rurales— a fenómenos climáticos como huracanes, terremotos y sequías se combina con la pobreza para generar situaciones de virtual colapso de los medios de vida de millones de personas.

Otro factor es la reunificación familiar y las redes en los países de tránsito. 82% de los migrantes del NCA tiene familiares en Estados Unidos y las redes familiares son factores sostenedores de la migración

Y la violencia. La tasa de homicidio por cada 100,000 habitantes en Guatemala es de 26, en Honduras 43 y en El Salvador 60. Esos tres países registran las tasas de homicidio más altas de Centroamérica. En México en 2018 fue de 21.15.

Además, durante el tránsito los migrantes están expuestos a altos niveles de violencia. La CEPAL señala que es ocho veces superior la tasa de exposición al riesgo de secuestro de los centroamericanos en tránsito por México en relación con los mexicanos.

Además, tres de cada cuatro de los delitos sufridos por los migrantes en tránsito corresponden a robos.

Uno de cada cuatro migrantes hondureños ha sido víctima de algún abuso siendo el grupo más vulnerable durante el tránsito.