El año 2016 trajo muchas sorpresas en el escenario político mundial, pero sobre todo para los actores políticos profesionales. El voto a favor del Brexit o el rechazo popular al acuerdo con las FARC mostraron que la gente quiere un cambio sobre lo establecido y que no se siente representada. Para expertos consultados por El Economista, existe una oportunidad para que los Congresos retomen el papel para el que fueron creados.

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La coyuntura mundial evidencia una disociación entre la clase política y los ciudadanos. Ejemplos claros de esta separación fueron los referéndums sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea o sobre el acuerdo de paz con las FARC en Colombia; también lo fueron la elección de Donald Trump y el acelerado ascenso de figuras radicales como Marine Le Pen.

En México también hay crisis de confianza en las instituciones. Según la encuesta de Consulta Mitofsky llamada México: confianza en instituciones 2016 , la población tiene un nivel de confianza baja en las instituciones en nuestro país y la tendencia va en descenso. Los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) cuentan con los niveles más bajos. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (con 5.8 de calificación) supera al Senado (5.2), a la Presidencia (5.1), a la Policía (5.0) y los Diputados (5.0). En cualquier caso, todos los de la lista están en la zona de reprobados. Se puede caer más bajo: los Partidos Políticos tienen 4.8 de calificación.

Pero esto no es un concurso de popularidad. Cada sistema en el mundo tiene sus particularidades adecuadas a las costumbres, rasgos históricos, tradiciones y necesidades de cada país. Al final el principio democrático es el mismo.

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A escala mundial, la democracia y los sistemas políticos están en crisis y las élites gobernantes se enfrentan a la necesidad de cambio para reencontrarse con sus votantes, que se perciben a sí mismos como engañados y manipulados. Las clases políticas han mostrado poca idea de cómo responder a estas necesidades y un muy limitado rango de maniobra.

La confianza popular da como resultado una crisis de legitimidad para las élites políticas, que afecta a la percepción de la democracia en general. No se habla de una crisis en un solo poder; se habla de crisis de manera generalizada.

Pedro Kumamoto, primer diputado local del Congreso de Jalisco elegido por la vía independiente, cree que el modelo de democracia representativa actual ya no está vigente. En un sentido muy amplio, ni se logra el objetivo de representación ni se logra bajar los costos de participación. Ya sea por el lado de delegar la voluntad de un grupo, así como bajar los costos de participación, esos dos objetivos están por mucho superados por la situación actual. No sólo eso, ya que en aras de la respetar los principios de la democracia representativa se han permitido y solapado muchos vicios , dijo en entrevista. Entre esos vicios, señala a la partidocracia como la principal, por la captura que hace del sistema a través de una cúpula que toma decisiones sin consultarlas con militantes y simpatizantes.

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Esta crisis de representación que perciben los ciudadanos hace cuestionar la vigencia de nuestras instituciones. Para cambiar debemos complementar nuestro sistema con algo más y la opción se presenta en forma de democracia participativa, opinaron el académico Ignacio Marván Laborde y el sociólogo Andrés Lajous. Los tres entrevistados coincidieron en que, sea como fuere, el sistema necesita una actualización.

Reinicializar

Marván, investigador del Centro de Investigación y Desarrollo Económicos (CIDE), afirmó que aunque el modelo de democracia representativa está en crisis, no implica que ya no esté vigente. Lo que hay que entender de la democracia participativa es que no es el sustituto del sistema actual, sino que es una herramienta complementaria. Lo que sí es importante es acotar la democracia representativa y decidir en conjunto cuáles decisiones que se tomaran en el Congreso sí deben ser consultadas con la población. En lugar de un cheque en blanco, limitar esa capacidad de decisión .

El investigador recordó que se debe acotar la democracia participativa, debido a que los ciudadanos no necesariamente tienen que estar interesados en participar en las decisiones políticas, por algo elegimos representantes . Hay que revisar los niveles de participación poblacional en las consultas. La participación en este tipo de consultas no necesariamente es mayor a la que se registra cuando elegimos representantes , dijo.

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Este es un punto en el que coincide el sociólogo Andrés Lajous. La principal desventaja es que puede ser que los resultados y las consultas sean capturados por los grupos más organizados , dijo Lajous. Aquellos grupos que tienen más capacidad y recursos para movilizar a los ciudadanos para que voten u opinen sobre un tema en específico pueden ser los que se apropien de los resultados de las consultas y de ahí partir a resultados calculados que sirvan a sus intereses. Llevar todo a la democracia participativa estaría poniendo, quizá, las decisiones en una minoría mayor , advirtió Marván.

Kumamoto opinó que el límite de la democracia participativa debe terminar en donde empiezan los derechos de las personas. Los derechos de las personas no deben estar sometidos nunca a consulta. Una mayoría no tiene por qué decidir sobre el derecho de paso de las personas, por ejemplo , dijo el diputado en referencia a la consulta que se celebró el 9 de julio en Guadalajara, Jalisco, en la que se preguntó a la población sobre la construcción de una ciclovía.

El referéndum, primero en su tipo en la capital de Jalisco, contó con una participación superior a los 22,000 habitantes y un resultado determinante a favor de la ciclovía. El Sí fue votado por 17,274 personas y el No por 4,868. En la consulta no se necesitaba ser vecino de la ciclovía para participar.

El modelo de democracia participativa no puede suplantar al modelo actual. Al contrario, debe funcionar a la par con el modelo de democracia representativa que tenemos actualmente.

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Participativa y representativa

Para el catedrático del CIDE, Ignacio Marván, una de las funciones de la democracia participativa es la de limitar las funciones de la democracia representativa. Algo que limita la eficacia de este modelo es el tamaño de la población y el territorio en el que se van a votar las cuestiones políticas. Por ejemplo, no es lo mismo que se sometan a consulta cuestiones de índole federal a cuestiones de índole local. En el caso de Estados Unidos, cuando son elecciones, los ciudadanos votan por su representante del Poder Legislativo o del Ejecutivo, pero en la misma votación se les pregunta sobre cuestiones de su localidad, condado o delimitación territorial , dijo.

Para Andrés Lajous no hay forma de que la democracia participativa sustituya a la representativa. Yo creo que sigue muy vigente el modelo actual de democracia representativa. Tiene sentido que haya una combinación entre ambos modelos, creo que funcionan bien si tienes umbrales altos de participación para hacerlos vinculantes. Hay muchos países en donde funcionan los dos sin mayor problema. Además, los Congresos por ejemplo tampoco sustituyen los procesos de participación directa. (…) Debido a la gran cantidad de iniciativas que se votan en los Congresos, ni siquiera sería práctico que todos los cambios que se requieren en las leyes se voten en referéndums, por eso son necesarios los Congresos . Lajous cree que una de las consecuencias inmediatas de la democracia participativa es que los temas generan debate público y con ello se crea interés para participar.

Un papel esencial

Las democracias actuales no pueden sobrevivir sin sus Congresos. Para Ignacio Marván, los Congresos no están para gobernar, sino para decidir normas generales. En México, el problema es que nos mal enseñaron que el Congreso sólo está para legislar. Pero esa es una de sus funciones. En un sistema presidencial o estatal, el Congreso también debe fiscalizar al Ejecutivo y en México no se hace .

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Para Kumamoto, debemos postular nuevos controles al poder ejecutivo; el problema, advirtió, es que en México el Poder Ejecutivo se ha consolidado como uno muy poderoso y sin contrapesos. Llamó a diseñar nuevas herramientas de control para que la sociedad fiscalice a los gobernantes, ya sea a través de democracia directa, de revocación del mandato y de fiscalización .

ruy.rebolledo@eleconomista.mx