Buenavista, Tomatlá.- Con música de banda, balazos al aire y llantos fue despedido este miércoles uno de los integrantes de las autodefensas que murió en una confrontación con militares mexicanos en la convulsa región de Michoacán.

El pueblo de Buenavista Tomatlán, uno de los primeros en formar su propio grupo de autodefensa, se volcó a la calle en una larga procesión acompañando hasta el cementerio al féretro, que fue trasladado en la caja de su camioneta de combate, en la que iban familiares y hombres armados.

Alberto Flores murió la madrugada del martes, el día que cumplía 37 años, en medio de un forcejeo entre elementos del Ejército que intentaban desarmar a los miembros de las autodefensas que resguardaban la cercana comunidad de Cuatro Caminos.

Después de que los enfrentamientos entre autodefensas y narcotraficantes convirtieron la región michoacana de Tierra Caliente en un campo de batalla, el gobierno reforzó el lunes su despliegue de seguridad y mandó al Ejército a arrebatar las armas no permitidas por ley que portaran los milicianos.

El intento de desarme en Cuatro Caminos derivó en una confrontación con pobladores que trataron de evitarlo, lo que llevó a un soldado a disparar contra civiles. El gobierno solo reconoce que al menos una persona murió y las autodefensas denuncian que cuatro, incluida Flores y una niña de 11 años.

"El gobierno, los soldados no sirven para nada. Y más bien quieren desarmar a los muchachos, por lo que ellos (los militares) no han hecho", reclamó María Ibarra Ramírez, integrante de las autodefensas, en declaraciones a la AFP.

"No los queremos ver en Buenavista ni en todo Michoacán", agregó la mujer, que llorando aseguró que seguirán en la lucha y que no darán "ni un paso atrás".

El gobierno ha pedido a las autodefensas que se retiren de la veintena de municipios en los que están presentes y se desarmen, para permitirles ocuparse del combate a los narcotraficantes, a lo cual los milicianos se resisten por temores a sufrir represalias del cártel.

La procesión recorrió la plaza principal con los tambores de la banda en un vehículo descubierto que seguía a la camioneta con el ataúd, acompañado de una manifestación multitudinaria.

En el panteón, las personas reunidas, muchas de ellas con la camiseta que los identifica como milicianos, gritaron vivas a la autodefensa, luego de que sus compañeros lanzaron repetidamente ráfagas de balas al aire con fusiles tipo AK-47 y M-4, en una estruendosa expresión de respeto.

"Por primera vez desde que empezó el movimiento hace casi un año se celebra así el entierro de un compañero caído", aseguraba Simón, un autodefensa de 62 años que se dedica al comercio.

"Esos balazos son del coraje que se trae adentro, es diferente si hubiera sido en combate con los Templarios, pero fue una cobardía del ejército", indicó Simón.

Al término del entierro decenas de personas siguieron al convoy de militares gritándoles "asesinos" y "fuera".

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