Aquella mañana tan temprano del 9 de diciembre de 2005 no todo el mundo en México se quedó satisfecho de lo que la televisión acababa de retransmitir en directo. Es de sobra conocido que en este país existe una desconfianza endémica hacia la versión oficial. Durante décadas, los mexicanos han observado cómo la clase dirigente -casi siempre la misma- pretendía hacerlos comulgar con ruedas de molino. Así que, aquella mañana de viernes, la periodista Yuli García se quedó con la mosca detrás de la oreja. La retransmisión había sido demasiado perfecta para ser verdad.

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