Uno de los escenarios teóricos más difíciles de encontrar es una alianza de la izquierda y la derecha con exclusión del centro. Menos en un sistema político donde hubo un partido hegemónico durante 70 años y después con una alternancia de partidos limitada. Pero todo se despeja si nos damos cuenta de que todos los partidos en México, exceptuando al PT, se han corrido al centro.

Ahora que se ha formalizado, después de varios tumbos, la alianza, PAN-PRD-MC, el Frente Ciudadano por México, el escenario de la elección presidencial del 2018 se antoja muy distinto a las elecciones del 2012 y el 2006.

Ricardo Anaya (PAN), Alejandra Barrales (PRD) y Dante Delgado (Movimiento Ciudadano) lograron la hazaña histórica de juntar el agua con el aceite. Esta “emulsión” (mi definición), según lo que explicaron, no es sólo una coalición electoral, sino una alianza que mediante acciones y estrategias programáticas “comunes” pretende trabajar temas específicos del país. Ojo, la idea es ganar y ejercer el poder de manera compartida, lo que indica un interés por cambiar el sistema político. No sabemos si eso puede darse o no, aunque me inclino a creer que el sistema político está mutando a la fuerza por rutas aún ignotas.

Los cambios estresan. Sobre todo si esos cambios resultan más efectivos de lo esperado. Andrés Manuel López Obrador, de gira en Europa, criticó la creación del Frente Ciudadano. Lo tildó de promiscuo, de ser una simulación, una relación política sin nada, pues según él, carece de ideales y principios, y su único propósito es mantener al régimen de corrupción. Gatopardismo le llamó, pues jura que es un cambio de apariencias para que nada cambie. Dice que como el PRI ya no sirve, la mafia en el poder inventó la alianza para seguir haciendo lo mismo, para no cambiar, para mantener el régimen de injusticia.

Tan vitriólica opinión fue emitida justo después de que diversas encuestas señalaran que la alianza PAN-PRD-MC, sin saber el nombre del candidato, es la puntera para la carrera presidencial. Las recientes encuestas de Parametría y Mitofsky así lo señalan.

A pesar de que López Obrador sigue siendo el puntero en todas las encuestas, no deja de pesarle la emergencia de un nuevo actor político, por el que nadie daba un peso 15 días atrás. Pues sí: el Frente Ciudadano por México es el actor que viene a modificar la escena política y parece que llegó para quedarse más allá del 2018.

Habiéndose registrado, ahora quedan varias incógnitas. La primera es quiénes serán los precandidatos presidenciales del Frente y la segunda quién será el candidato para contender por el gobierno de la Ciudad de México. Todo ello tiene que ver con cómo se repartirán el pastel y cuáles van a ser los mecanismos para elegir a los candidatos a cargos de elección popular. Y otra incógnita queda por despejar: qué tanto será un frente ciudadano y qué tanto será partidista. Sutil, pero importante distinción.

Por lo que toca a la Ciudad de México, parecía evidente que el FCM terminaría postulando a Ricardo Monreal a la jefatura de gobierno. Pero éste parece que está esperando a ver quiénes son los candidatos de Morena en las alcaldías de Cuauhtémoc e Iztapalapa. Si le son cercanos, puede que no rompa con López Obrador­, pero si no, la ruptura sería inevitable y frontal. Entre tanto, pierde tiempo para ser considerado candidato del FAC. Hasta ahora, Barrales ha negado que se tenga contemplado candidatear a Monreal como jefe de Gobierno, pero también hay que decir que ella misma pretende postularse para el cargo.

¿Y la candidatura presidencial?

Por lo que toca al candidato o candidata presidencial, aún no se sabe quién será de fijo, aunque hay múltiples opciones, ya sean panistas o perredistas e incluso no se puede descartar un candidato ciudadano. Pero hay un punto interesante en el que los diferentes liderazgos al interior del Frente coinciden: primero hay que generar una plataforma programática, es decir, construir una oferta política creíble, realizable y convincente para el electorado, y después elegir a las personas que contenderán por los cargos de elección popular. Visto así, justo están dando un giro de 180 grados a la forma de hacer política tradicional en este país, porque no se trata del clásico “primero el programa, después el hombre” del priismo, en donde el programa estaba predefinido por una ideología sui géneris y el hombre por la decisión cuasi unipersonal del presidente en turno.

La propuesta del FCM implica la detección de puntos en común dentro de las plataformas partidarias para generar una propuesta consecuente con el contexto, en una lógica pragmática electoral y de eventual gobierno. Y, dado el carácter pluripartidista, la elección del hombre o la mujer tendrá que ser una acción negociada y consensuada entre las tres partes que integran al Frente. Eso ya supone un avance en la operación política, hay que ver si logran efectivamente generar una propuesta atractiva, aunque ya de entrada, cuentan con un buen nivel de aprobación ciudadana, quizá porque se buscó limitar el carácter partidista de la alianza y privilegiar el aspecto ciudadano. Con todo, hay que reconocer que entraron a la escena política con el pie derecho.

Así las cosas, se avizora que, tendencialmente, la elección presidencial se va a ir a tercios, con tres coaliciones: Morena-PT, PRI-Panal-PES —aunque ésta puede ocurrir parcialmente— y el Frente Ciudadano por México. Aunque pensándolo bien, va a depender del candidato que se vayan a tercios. Sin poner nombres y apellidos, salvo por López Obrador, si el PRI elige un candidato que no sea funcional al partido, aunque sí al grupo Atlacomulco, la pelea va a ser sólo entre el Frente y AMLO. En los otros escenarios, la contienda se vislumbra a tercios.

Lo que analíticamente llama la atención son las opciones del Frente para la candidatura presidencial. La primera opción sería dar preeminencia al PAN correlativamente a su peso electoral. En ese caso hay tres “subopciones”: que Anaya sea el candidato, que lo sea cualquiera de los precandidatos o que sea un candidato externo, avalado principalmente por el PAN. La segunda opción es que los tres partidos del Frente elijan un candidato partidista de manera paritaria; la tercera es que los tres se decanten por un candidato ciudadano, es decir, que no pertenezca a ninguno de los tres partidos pero que sea apoyado por todos.

Si la primera opción prevalece, el candidato natural sería Ricardo Anaya. Sin embargo, tendría que remontar una carrera de obstáculos. Al menos ya salió relativamente airoso de la primera prueba, pues a las acusaciones (priistas) de enriquecimiento ilícito, respondió con el boicot efectivo al pase automático del “fiscal carnal”. Pero a ese ritmo de ataques, es poco probable que salga indemne. La segunda opción, a la postre, sería la sentencia de muerte del Frente. La tercera es la más sensata, desde el punto de vista de que no habría motivos internos de pleito. Pero, ¿de dónde van a sacar un candidato ciudadano que, por principio, reúna todas las características para ser consistente con una plataforma ideológica plural y que sea electoralmente atractivo frente a un candidato con 17 años en campaña?