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Opinión

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Verde olivo, sombras e inteligencia

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Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Mariano Espinosa Rafful

El sabio es amigo de todos, pero necesita pocos. — Zenón de Citio

Las narrativas de los hechos consumados del pasado domingo no son extraordinarios, la mañanera del pueblo de la presidenta Sheinbaum ayer, fue una especie de catarsis, ahora vemos un México que construye unidad, con solidaridad y esfuerzo desde sus entrañas, las fuerzas armadas fieles a su tradición de honrar el uniforme y sus misiones.

Los caídos del lado del ejército mexicano no fueron pocos, los que han dejado las tareas alternativas del sexenio anterior, comprometidos con la paz social, donde la investigación policial y la inteligencia son parte del éxito, en el abatimiento de lo que mayor violencia provocaba en el país en los últimos diez años al menos.

Ahora la comunicación debe ser entre quienes detentan el poder político, y un gabinete legal y ampliado en torno a la probada honestidad, sin confrontaciones estériles, ni videos que pongan en duda las lealtades y sobre todo las tareas primordiales de desarrollar proyectos a corto plazo, en todos los ámbitos de la vida pública en sus áreas de oportunidad.

No queda tiempo para la queja estéril, menos aún para la entrevista a modo, y la consecuencia de las acciones en un pueblo mágico de Jalisco, desconocido para la mayoría de los mexicanos hasta ese día, hoy es el centro de la atención, de un violento criminal, el más buscado y que había escapado ya en al menos dos ocasiones, con la ayuda suponemos de los débiles y concesionarios de territorios ocupados para sus crímenes.

Un balance preliminar, porque algunos seudo periodistas, han realizado declaraciones en redes sociales, porque no llegan a ocupar ni estaciones de radio, no tienen cabida con sus elucubraciones y locuras, nos dejan un saldo desfavorable de elementos castrenses, que portan con honor y valentía el verde olivo en sus uniformes, salvando a la patria ante la adversidad y ahora sí sin abrazos.

Jamás nos quedará la duda de la orden superior para actuar, que siempre llega del alto mando, una presidenta comprometida con la paz, que trabaja todos los días sumando a favor de la educación, con estrategias claras, en coordinación con los sectores productivos, en la suma de alianzas para la inversión privada, en esa mezcla de recursos necesarias.

No todo es negatividad en un país dividido por el nativo de Macuspana, del que muchos se desmarcaron pronto a la llegada en 2018, porque el discurso fue un parteaguas, en una colectividad que le había dado su voto de confianza, que defraudó con “abrazos no balazos”, que tiene a miles de familias en duelo permanente y en las sombras, por el miedo a esa venganza.

La política debe ser congruente con la realidad que vivimos, los valores desde siempre deben ser basados en el respeto al prójimo, a los mayores en la sapiencia, sin la maldad que destruye hogares y familias, y aniquila el pensamiento de quienes, como millones de mexicanas y mexicanos, se levantan todos los días sin el pensamiento de dañara México, una frase que se nos quedó grabada para siempre.

Es más fácil destruir historias que construir confianza, pero es más fuerte la acción a la omisión, dejemos la colusión de los inconformes en las soledades, y tengamos presente que el gobernar en la complejidad del pluralismo implica una enorme responsabilidad que asume la presidenta de México hoy.

Entre líneas

No caigamos en las provocaciones del simplismo, ese que tiene como carta fuerte la simulación, un libro no hizo verano, ni una solicitud de licencia de un actor de tercera fila, son parte de la merienda diaria; ahora enfoquemos las energías para saltar esas planas.

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