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Trump lleva a EU hacia un estado canalla

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
La cabeza de Nicolás Maduro se ha convertido en el catalizador del presidente Donald Trump, y lo ha llevado a creerse el nuevo conquistador de América.
El presidente de Estados Unidos estaría tentado en negociar Ucrania por Groenlandia con tal de parar en seco las inquietudes de los europeos; un quid pro quo con el que Trump rompería lo que Francis Fukuyama consideraba el activo más importante del país norteamericano del siglo pasado, la confianza.
¿Qué incentivos tendría Trump en apoyar a Ucrania si rompiera con Europa? El chantaje: sin Groenlandia no habrá paz en Ucrania.
No existe algún poder metaconstitucional que contenga los deseos del presidente estadounidense. Tampoco existe un organismo multilateral que le amarre los pies. Lo suyo es ser tendencia en redes sociales, aunque lleve su relación con los aliados hacia el precipicio.
Trump paró el corazón de los multilateralistas el día que lanzó la idea de crear su propio Consejo de Seguridad de la ONU llamado Junta de la Paz. Mil millones de dólares la membresía.
Putin y Lukashenko como accionistas. El príncipe heredero saudí, emocionado y listo para unirse al club. Erdogan, lamiéndose los bigotes. Por fin un ente privado con el suficiente poder promoverá la pax trumpiana: aranceles y misiles.
Lo que une a Trump con Putin es su desprecio por Europa.
Los viejos académicos del soft power nos decían que aquel país que abriera un McDonal´s no podría entrar en conflicto bélico con Estados Unidos. Donald Trump está por disipar el sueño del soft power y su única condición para evitar la guerra con una nación sería que esta abriera uno de sus hoteles o levantara una Trump Tower.
El artículo 5 de la OTAN ya está sobre la mesa del Despacho Oval. Los miembros de la Alianza Atlántica se recuestan sobre el diván para encontrar una estrategia racional frente a una ocurrencia irracional: la conquista de Groenlandia. Una intervención terrestre se traduciría en un acto de guerra.
Son pocos, pero son. Los habitantes de Groenlandia podrían sentarse cómodamente en el estadio Azteca, y quedaría vacío el 30% de los asientos.
El conflicto sería político, no logístico. Trump acabaría con la OTAN y con la alianza europea.
Estados Unidos se convertirá en un país enemigo de la democracia y del derecho internacional; la Casa Blanca, en un cuartel militar; Trump, en un Gadafi o Bachar el Asad.
Lo ocurrido ayer deberá de ser traducido como un golpe a la confianza: revelar conversaciones privadas con el presidente de Francia y con el Secretario General de la OTAN resultó repugnante.
Esto es una combinación de Los Soprano y El Juego del Calamar dirigida por El Aprendiz (de autócrata).
Si Donald Trump llegara a cruzar la línea roja, Groenlandia, el mundo basado en reglas llegaría a su fin y Estados Unidos se convertiría en un estado canalla.

