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Ya no es el T-MEC lo más importante

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Que si le quedan horas, que si va para largo. Los tratados comerciales cambiaron a México y a Norteamérica por completo, pero se centraron en donde no debían. De lo contrario, nadie estaría preocupado por la competencia china.
El T-MEC es relevante, pero no veo a nadie en México ocupado en el Proyecto Génesis.
Estamos como los fabricantes de palas y carretas de hace más de 100 años, que ignoraban que venían los trascabos y los automóviles.
¿Cuánto habrían pagado sus bisabuelos por saber a tiempo que el negocio sería el de las llantas, los semáforos y los aceites para motor?
¿Cuánto pagarían por saber lo que va a salir de los 17 laboratorios más poderosos del gobierno estadounidense, al mando del Departamento de Energía y financiados por el Estado y las empresas del país vecino?
Ayer, en el interior de un frío salón del Centro de Convenciones de Washington, DC, le pregunté a Dave Levy —vicepresidente del brazo tecnológico de Amazon, AWS— cuál es su opinión en torno a la dimensión del proyecto desde el punto de vista de las empresas.
Me explicó que Génesis, nacido apenas en noviembre por mandato gubernamental, quiere convertir muchos esfuerzos científicos separados en una red más conectada y poderosa.
Si un laboratorio logra un avance, por ejemplo, en nuevos materiales, ese descubrimiento puede ayudar a mejorar procesos de manufactura o crear nuevas formas de producir.
Por eso el proyecto define el futuro de Estados Unidos: no solo puede acelerar descubrimientos científicos, también fortalecer industrias estratégicas y dar al país una ventaja tecnológica frente al resto del mundo.
Los vecinos no serán líderes globales produciendo frenos con balatas o partes de motor hechas de aluminio.
Seamos francos: eso aprendimos a hacer con el TLCAN y luego con el T-MEC.
Funcionó, pero esa era entró en una etapa de declive caracterizada por la reducción de costos y no por una nueva perspectiva de crecimiento, esa está en China, que ganó la carrera de los autos eléctricos, un argumento reconocido incluso por el director de Ford, Jim Farley.
¿Qué tipo de cosas hacen hoy esos 17 laboratorios? Ojo: estos no son el resultado, sino el medio para obtenerlo.
Uno. GridSearch es una herramienta pensada para resolver un problema: conectar más rápido nuevas fábricas y centros de datos a la red eléctrica.
Hoy esos procesos pueden tardar años por trámites, estudios técnicos y saturación de infraestructura. Con inteligencia artificial, el DOE quiere analizar en minutos lo que antes tomaba meses: dónde hay capacidad disponible, qué líneas deben reforzarse y cómo integrar nueva demanda a la red sin poner en riesgo el sistema.
Dos. Prometheus, enfocado en acelerar el desarrollo de energía nuclear con inteligencia artificial para probar escenarios antes de hacerlos realidad.
Cada reactor cuenta con una versión virtual capaz de anticipar fallas, mejorar procesos y facilitar decisiones.
Y tres: Foresight, una plataforma para vigilar cadenas de suministro de minerales críticos: litio, níquel, cobalto, tierras raras y otros materiales indispensables para baterías, chips, autos eléctricos, defensa y centros de datos.
Génesis puede fallar, como cualquier proyecto. La integración puede resultar más difícil que el anuncio. Unir datos federales, secretos nacionales, laboratorios con culturas distintas, empresas privadas, modelos propietarios, nube comercial y robótica científica es un parto.
Pero su meta es dominar la era de la inteligencia artificial y los productos que salgan de ella: drones, cohetes y armas. Una tecnología que ayer el jefe de la CIA, John Ratcliffe, comparó con el dominio de los armamentos nucleares, en el contexto del AWS Summit Washington, DC.
Fallar, para los estadounidenses, equivale a entrar en un mundo en el que serán ellos quienes tengan que ajustarse a las reglas de otro país, y no al revés.
Recuerden que, hasta hoy, el dólar es recibido en todo el mundo. Los estadounidenses buscan que esa situación permanezca y se quedaron sin opciones. Para ellos, Génesis debe funcionar.
Para ustedes, para México, traer las fábricas tradicionales o el nearshoring no será suficiente si la manufactura norteamericana entra en una etapa de innovación acelerada por IA.

