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Riesgos potenciales ante el mayor endeudamiento para financiar proyectos de IA

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OpiniónEl Economista

Una de las diferencias que suelen citarse entre el actual episodio de auge de la Inteligencia Artificial (IA) y el del internet a principios de siglo es el de la generación de relevantes utilidades de las empresas de tecnología en la época presente. Si bien este argumento está fundamentado (las utilidades de los llamados siete magníficos en el año fiscal 2025  ascendió a alrededor de 536 mil millones de dólares) hay un hecho que no puede dejarse de lado: las necesidades de capital requeridas para la construcción de la infraestructura física necesaria para desarrollar la IA, estimado en alrededor de 3.1 billones de dólares de acuerdo con Bloomberg, ha hecho que las utilidades de las empresas tecnológicas no sean suficientes y se haya recurrido a la emisión de deuda en los mercados globales para lograr el objetivo.

De hecho, tan solo durante 2025 la emisión de deuda por parte del sector tecnológico ascendió a alrededor de 240 miles de millones de dólares, un incremento de casi el doble respecto al año anterior y, de acuerdo con Morgan Stanley, se espera que para 2026 esta cifra pueda aumentar hasta los 300 mil millones, tan solo de las empresas de mayor capitalización del sector.

Esta dependencia de la deuda para el desarrollo de la IA genera un potencial incremento de las vulnerabilidades para algunos sectores del sistema financiero global y pone aún más relevancia sobre el cumplimiento de las expectativas, de por sí ya elevadas, de beneficios económicos de la IA.

Por un lado, es un tema recurrente la discusión sobre la existencia de una “burbuja” en los precios de las acciones de empresas tecnológicas, dado lo elevado de sus valuaciones y su estrecha relación con las expectativas sobre la IA en lo que respecta a los incrementos de la productividad.

Por otro lado, en los últimos meses la mayor cantidad de deuda en la estructura de capital de estas empresas para satisfacer sus gastos de capital -el Banco Internacional de Pagos (BIS) estima que la inversión de estas empresas representó poco más del 25% de sus ingresos en 2025- no ha hecho sino incrementar el escepticismo sobre la sostenibilidad de su desempeño accionario.

Más aún, salvo algunas excepciones, los spreads de la deuda relacionada con proyectos de IA es similar al de otras empresas, lo que sugiere que el mercado no está diferenciándolas en términos de riesgo, aun cuando por la naturaleza de los proyectos financiados (e.g. centros de datos), los flujos de efectivo se concretarán preponderantemente en el largo plazo.

Adicionalmente, el financiamiento para el desarrollo de la IA no se ha limitado al mercado de bonos, sino que ha sido particularmente relevante para el crédito privado. De acuerdo con el BIS, el financiamiento de fondos de crédito privado a proyectos de IA ya alcanza los 200 miles de millones de dólares y representa casi el 8% de su cartera, cifra que prácticamente se ha cuadruplicado con respecto a 2019.

De este modo, la viabilidad de la inversión para el desarrollo de la IA depende ahora de manera crucial de que se cumplan las expectativas que el mercado ha puesto en precio. En caso de que el escepticismo entre los participantes de los mercados crezca al punto de registrarse una caída en las inversiones acompañada de una corrección en los mercados accionarios, el efecto sobre la economía y algunos sectores del sistema financiero, como el mercado de crédito privado, podría ser incluso mayor que el registrado tras el rompimiento de la burbuja de las dot com. Sobre todo, dado el efecto amplificador que le provee el incremento en el endeudamiento.

*El autor es economista principal de BBVA México.

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