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¿Qué está pasando afuera del Zócalo?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Deberían ver la estrategia que trae Costa Rica. Pero es un país “chico” y no le hacemos mucho caso.
En la psique promedio de un paisano chilango, el centro del mundo es México. Como que, en nuestra cabeza, somos la quinceañera en torno a la cual giran los chambelanes.
Son los gringos los que se aprovechan, los latinoamericanos que hablan raro, los lejanos y desconocidos asiáticos… nosotros somos normales, estamos bien. El laberinto de la soledad, lo llamó Octavio Paz.
Nuestros funcionarios, tan poco afectos a los viajes, asumen que las reglas del Zócalo —el ombligo del mundo— son las que aplican para el resto, incluso para Monterrey. A partir del viento que mueve la bandera en esa plancha, los demás acomodan su corriente.
Pero deberían conocer a Silvia, a Fernando o a Mario.
Hablé con ella ayer por primera vez, en su función de directora de la Oficina de Promoción Comercial (Procomer) de Costa Rica en México. Ella hace lo que le toca: avisar a gente como ustedes que, si quiere importar o exportar a China o a Europa pagando nada o pocos impuestos, puede poner una oficina o una fábrica en San José.
Vaya, incluso podría ampliar su negocio mexicano y vender servicios a toda Norteamérica desde allá, en línea, aprovechando que muchos ticos hablan inglés. Insisto: con pocos o nulos gravámenes.
Para eso está Procomer, representada aquí por Silvia Arguedas: para promover inversiones en ese país centroamericano.
Ya sé lo que van a decir: ¡es lo que hacía ProMéxico! Pues sí. Pero hay un detalle relevante: su financiamiento proviene principalmente de fuentes propias y no directamente del presupuesto general del gobierno, a diferencia de lo que sucedía con la desaparecida agencia de promoción nacional, en la que una primera inversión de sus funcionarios —acuérdense— consistía en algún trajecito de Zegna y una que otra corbata Hermès.
Vaya, sí nos hace falta una oficina así, pero con un poco menos de pompa y más acción.
Hace falta porque, a diferencia de lo que piensan ciertos políticos que nos han pintado de color costra las placas de los coches, hay más mundo que México.
Fernando Santa Cruz es cada lunes mi compañero de pódcast en Parteaguas Diario.
Es un mexicocanadiense que ha decidido promover empresas mexicanas con capital hecho en Toronto Stock Exchange.
Vaya, empresas con todo y emprendedores que no encuentren capital en México pueden acudir a su llamado y convertirse, de pronto, en una clave de pizarra de esa entidad, y recibir a cambio el equivalente, en dólares canadienses, a unos 50 millones de pesos.
Entiendo que sí puede sonar a mucho dinero, pero, para los estándares de nuestro raquítico mercado mexicano de valores, es una propina por la que el gremio del sistema financiero no está dispuesto a sacrificar horas de trabajo y muchos latte macchiato.
Por eso vemos más deslistes que enlistes. Allá la ponen fácil: abres una filial, como mexicano, y aplicas.
Regiones alejadas del Palacio de Bellas Artes y del Salón Corona, como Chihuahua, han visto por sí mismas esa mala costumbre de políticos capitalinos de olvidarse de los territorios grandes y desérticos.
Por mera subsistencia, en esas regiones voltean hacia el norte y su abundante actividad.
Por eso destacó, para sus habitantes, un reporte que me dejó pensando esta semana.
Se llama Innovators Business Environment Index 2026. Lo elaboró StartupBlink, plataforma global de investigación de ecosistemas de startups con datos de Crunchbase, Semrush y Statista.
Dice que este estado, en donde empresarios locales incluso pagan voluntariamente un autoimpuesto para mejoras locales, vio crecer su ecosistema de emprendimiento 58.5% en 2025.
Vaya, parece que en el norte va a llover, pero startups.
El gobierno ha centrado su agenda en el T-MEC y no desdeño su relevancia, pero ojalá llegue el día en que emprendedores y funcionarios de cualquier color monten a México en un caballo ganador, en una carrera mundial.
De otro modo, van a aprovechar nuestros talentos en más países que Canadá y Costa Rica.

