Lectura 6:00 min
Una llamada de atención de Japón para Estados Unidos
Los crecientes problemas de Japón en materia de divisas y mercados de bonos deberían servir de advertencia para otros países que parecen estar en sendas fiscales insostenibles, especialmente Estados Unidos, así como Francia, Italia y el Reino Unido. Al fin y al cabo, una crisis en un país suele atraer la atención de los inversores hacia otros que se enfrentan a problemas similares.

Project Syndicate
WASHINGTON, DC—Japón parece estar al borde de una grave crisis cambiaria y del mercado de bonos. Si bien las autoridades japonesas gastaron más de 70,000 millones de dólares en mayo para apuntalar al yen, la moneda se ha desplomado a su nivel más bajo en 40 años y se estima que está al menos un 15% infravalorada frente al dólar estadounidense. Mientras tanto, los rendimientos de los bonos japoneses a largo plazo se han disparado hasta máximos de varias décadas tras el fin de la política de control de la curva de rendimiento del Banco de Japón (BOJ). Y, al no haber indicios de que Japón vaya a abordar en breve las causas subyacentes de la espiral bajista de su moneda, hay motivos suficientes para temer que la crisis se agrave.
Los desafíos actuales de Japón deberían servir de advertencia para otros países que parecen estar encaminados hacia niveles insostenibles de deuda pública, especialmente Estados Unidos, así como Francia, Italia y el Reino Unido. Al fin y al cabo, una crisis económica y financiera en un país suele atraer la atención de los mercados hacia otros países que se enfrentan a problemas similares. Así ocurrió sin duda con la crisis monetaria asiática de 1997, cuando la devaluación de la moneda tailandesa desencadenó devaluaciones similares en Indonesia, Malasia, Filipinas y Corea del Sur. También ocurrió lo mismo con la crisis de la eurozona en 2010, cuando la crisis de la deuda soberana griega desencadenó crisis similares en Irlanda, Italia, Portugal y España.
Parece haber dos factores principales que explican los problemas de Japón con sus mercados de divisas y bonos: sus finanzas públicas insostenibles y sus tasas de interés relativamente bajas (en comparación con las de Estados Unidos). Con un 230%, Japón tiene, con diferencia, la mayor relación deuda pública-PIB entre los países del G7, y sigue registrando un déficit presupuestario primario, lo que agrava la deuda existente. A esto se suma la disminución y el envejecimiento de la población japonesa, así como un gobierno que ha pasado de aspirar a un superávit presupuestario primario anual a adoptar una política de estabilización de la deuda a medio plazo más ambigua. ¿Acaso sorprende que los mercados estén cada vez más preocupados por la trayectoria de la deuda pública del país?
No ayuda que Sanae Takaichi, la nueva primera ministra de Japón, parezca desinteresada en ubicar al país en una situación presupuestaria más sólida a corto plazo. Una de sus primeras medidas en materia de política económica fue aprobar un presupuesto suplementario que incrementó los subsidios energéticos en respuesta al impacto en los precios internacionales del petróleo tras el cierre del estrecho de Ormuz.
La elevada carga de deuda de Japón dificulta que el BOJ suba las tasas de interés, incluso en un momento en que la inflación parece estar acelerándose. Un endurecimiento de la política monetaria no haría más que agravar los problemas de las finanzas públicas del país al aumentar los pagos de intereses. Mientras que la tasa de interés a corto plazo de la Reserva Federal de Estados Unidos se sitúa en el 3.5%, la tasa de interés oficial del BOJ es de apenas el 1%.
Ese diferencial sigue incentivando a los inversores a endeudarse a bajo costo en yenes japoneses y a prestar en activos denominados en dólares que ofrecen mayor rentabilidad (la operación llamada carry trade). Esta situación se mantendrá mientras el yen siga depreciándose.
Pero vale la pena repetir el famoso aforismo de Herb Stein: “Si algo no puede durar para siempre, terminará”. En principio, Japón podría abandonar su sendero de deuda insostenible de forma ordenada si el gobierno diera un giro preventivo y oportuno de 180 grados en su política económica para evitar una crisis cambiaria y del mercado de bonos. O podría hacerlo de forma desordenada si una crisis monetaria y de bonos con todas las letras obligara al gobierno a actuar. Eso es lo que ocurrió en el Reino Unido en 2022 como respuesta a las medidas presupuestarias poco acertadas de la primera ministra Liz Truss. Desafortunadamente, todos los indicios a la vista sugieren que Japón se encamina en esta dirección.
El agravamiento de la crisis del mercado de bonos y de divisas de Japón sin duda atraerá la atención hacia otros países con finanzas públicas problemáticas, especialmente hacia Estados Unidos. En alrededor del 100%, la relación deuda-PIB de Estados Unidos es considerablemente inferior a la de Japón; sin embargo, el país va camino a mantener un déficit presupuestario superior al 6% del PIB durante un período prolongado. Eso significa que su ratio de deuda pronto alcanzará su nivel más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Peor aún, hay factores adicionales que hacen que Estados Unidos sea más vulnerable a una crisis del mercado de bonos. Consideremos, por ejemplo, que los extranjeros poseen alrededor de un tercio de todos los bonos del Tesoro en circulación, y que el gobierno depende cada vez más de los fondos de cobertura en lugar de tenedores de bonos más estables (como las compañías de seguros y los fondos de pensiones) para satisfacer sus necesidades de endeudamiento.
La conclusión es que países altamente endeudados como Estados Unidos, Francia, Italia y el Reino Unido tienen motivos de sobra para abordar la precariedad de sus finanzas públicas. La perspectiva de que se produzcan repercusiones derivadas de una crisis temprana en el mercado de dividas y bonos de Japón no ha hecho sino aumentar la urgencia de esta tarea.
El autor
Desmond Lachman, investigador principal del American Enterprise Institute, fue subdirector del Departamento de Desarrollo y Revisión de Políticas del Fondo Monetario Internacional y estratega económico jefe para mercados emergentes en Salomon Smith Bacrney.
Copyright: Project Syndicate, 1995 - 2026
www.project- syndicate.org